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Clásico de verano: ya florecieron los palos borrachos

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14 de enero de 2019  • 22:00

Un híbrido interespecífico con flores blanquecinas (color de pétalos heredado de Ceiba insignis) y corona de estaminodios rojos en la base, como la Ceiba speciosa.
Un híbrido interespecífico con flores blanquecinas (color de pétalos heredado de Ceiba insignis) y corona de estaminodios rojos en la base, como la Ceiba speciosa. Fuente: Jardín - Crédito: Florencia Cesio

Cuando despunta el verano, florecen en lo alto los palos borrachos. Estos árboles nativos e inusuales son motivo de leyendas, y no solo deslumbran por sus floraciones sino también por sus múltiples aplicaciones etnobotánicas y por sus fibras, con potencialidad como materiales ecológicos. Son además bastante longevos, rústicos en lugares sin heladas y su afán de supervivencia es tal que hasta se pueden trasplantar siendo ya adultos.

El nombre común proviene del abultamiento del tronco, que le da aspecto de botellón, debido a que en la madera acumula agua para tiempo de escasez.

Hay dos especies. Una de flores predominantemente rosas, que se conoce como palo borracho rosado (o con el melodioso apodo de samohú) y cuyo nombre científico es Ceiba speciosa. Es un árbol que puede alcanzar un tamaño importante, de 15 a 20 metros en origen, con una copa de globosa a algo aparasolada, y un diámetro igual o mayor que su altura. Sus espectaculares flores, que aparecen desde el verano hasta el otoño, tienen colores que van del rosa intenso casi fucsia al rosa pálido, muchas veces con la base de los pétalos amarilla. Es originario de Misiones, Corrientes, Formosa, Chaco y Santa Fe, además de Brasil y Paraguay.

Un palo borracho en el que conviven las brotaciones y los frutos todavía sin abrir.
Un palo borracho en el que conviven las brotaciones y los frutos todavía sin abrir. Fuente: Jardín - Crédito: Florencia Cesio

La otra especie es el palo borracho de flores blancas o amarillas, también conocido como yuchán: la Ceiba chodatii. Se caracteriza por ser más bajo y por el notable abultamiento de su tronco; hay registros de ejemplares con un par de metros de diámetro en el mayor grosor del fuste. Además, tiene una mayor cantidad de aguijones en su época juvenil y sus flores son un poco más chicas, de color amarillo a blanco, a veces con estrías rosadas. Florece también de verano a otoño, aunque la floración puede extenderse hasta principios del invierno en algunos casos excepcionales. Es habitante natural de Chaco, Formosa, La Rioja, Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Tucumán y Catamarca, también del Perú, Bolivia y Paraguay, y tiene capacidad para habitar zonas más secas.

Se propagan fácilmente por semillas, a las que conviene remojar por un día antes de la siembra. Ambos pueden hibridarse entre sí, dando ejemplares con características intermedias. Los polinizan pequeños pájaros (como colibríes) e insectos; los abejorros tienen predilección por ellos. Crecen rápido, más aceleradamente al principio.

Izquierda: Ceiba insignis o yuchán con su característica silueta. Derecha: Una flor de yuchán que muestra los característicos estambres soldados que forman un tubo.
Izquierda: Ceiba insignis o yuchán con su característica silueta. Derecha: Una flor de yuchán que muestra los característicos estambres soldados que forman un tubo. Fuente: Jardín - Crédito: Florencia Cesio

Características generales

  • El tronco de los palos borrachos es verde durante bastantes años, con aguijones cónicos que disuaden a los animales herbívoros de atacarlos, pero fáciles de arrancar porque son formaciones epidérmicas.
  • Luego de muchos años, la corteza pierde los aguijones, toma un color grisáceo y, como es una cisterna que acumula agua, toma forma de botellón. En el palo borracho de flores rosadas no siempre se forma: cuando crecen en selvas o sitios de clima húmedo los troncos suelen ser más rectos. Los de flores amarillas casi siempre tienen esa figura abombada.
  • Las hojas son compuestas, con 5 a 7 folíolos que se distribuyen desde un punto central, lo que le da el aspecto de una mano (los botánicos llaman a este tipo de hojas palmaticompuestas).
  • Son árboles tardíamente caducifolios; sus hojas suelen desaparecer entrado el invierno y brotan de nuevo en primavera, leves, bellísimas, con tintes bronceados. Esa fase se superpone con los frutos ya casi maduros, lo que configura un momento muy especial.
  • Las flores tienen los largos estambres soldados de manera que forman una especie de tubo sobresaliente; llegado el momento, de su interior emergen el estilo y el estigma, las "antenas" que capturan el polen y permiten que llegue al ovario. En la base de esta columna que forman los estambres verdaderos hay una corona de estaminodios, que son estambres estériles cuya función es la atracción de polinizadores. En el palo borracho rosado son oscuros y en el amarillo, blanquecinos. Los pétalos generalmente son ondulados; en el samohú, tienen de 7 a 9 cm de largo y, en el yuchán, de 5 a 6 cm.
  • A medida que van floreciendo llegan los frutos: cápsulas alargadas de unos 15 o 20 cm de longitud, que hacia la madurez se abren en cinco partes y sueltan la parte interna del fruto, un conjunto de fibras que envuelven a las semillas casi esféricas y oscuras, y las ayudan a dispersarse cuando hay viento, ya que flotan en el aire como copos. Algo especialmente notable durante el invierno y hasta la primavera. Las fibras del palo borracho tienen distinto origen que las del algodón ( Gossypium hirsutum) que provienen de las semillas. Cuando el árbol está sin follaje o despunta el sutil follaje de primavera, los frutos cerrados o abiertos le dan una fisonomía poco común, de árbol de cuento.

Ceiba speciosa (izq.) en pleno verano y palo borracho rosado entre fines de invierno y principios de primavera (der.).
Ceiba speciosa (izq.) en pleno verano y palo borracho rosado entre fines de invierno y principios de primavera (der.). Fuente: Jardín - Crédito: Florencia Cesio

Leyendas y usos

Son parientes próximos de los míticos baobabs africanos (Adansonia digitata) y de Ochroma pyramidale, el árbol de las selvas tropicales sudamericanas que produce la liviana madera balsa usada en maquetería, y del parecido Ceiba pentandra, árbol mítico originario de las selvas tropicales de Centroamérica, que produce la fibra kapok.

Muchas leyendas hablan del palo borracho, lo que es una medida del interés que ha despertado en los pueblos originarios. En algunas se lo identifica con una mujer embarazada, con una gran panza. Y hay una encantadora que cuenta que el río Pilcomayo tuvo su origen en un yuchán; muy simplificada, la historia es así: en el centro del mundo había un palo borracho que contenía todas las aguas y todos los peces y, por un descuido de su guardián, un día el contenido se vertió sobre la tierra y originó el río.

Los palos borrachos proveyeron a los habitantes ancestrales de numerosos materiales para la vida cotidiana. Su madera livianísima (con una densidad ligeramente superior a la de la madera balsa) sirvió para hacer canoas de una sola pieza (por su flotabilidad y docilidad para trabajarla), además de variados enseres domésticos, como toneles. Con las fibras obtenidas de su corteza se fabricaban sogas y con las painas (fibras) de sus frutos, rellenos de colchones y almohadones. Esas fibras (que son cortas para hilar, pero muy sedosas) pueden mezclarse con algodón para hacer tejidos. Tienen también propiedades como aislantes térmicos y acústicos. Son útiles como relleno de salvavidas.

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