
Cocina bohemia / Cómo ver la obra
Claves para acercarnos a uno de los óleos más destacados de un artista capaz de crear atmósferas de embriagadora intimidad
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Todavía hoy se considera la figura humana como la última prueba y el desafío de mayor exigencia de la capacidad de un pintor. Cocina bohemia es un cuadro en el que Victorica nos muestra su apego a la observación de los objetos familiares y su profunda necesidad de involucrarse intensamente con el sujeto.
En la pintura, la figura está ubicada en forma vertical. Dos líneas paralelas bien reconocibles dividen el cuadro y cortan esa verticalidad: una es la de la mesa; la otra aparece insinuada por la ventana y sigue hacia la izquierda pasando por el hombro del sujeto retratado.
La composición está planteada por el recorrido de direcciones, lo que le otorga una peculiar rítmica. Por ejemplo, la frutera apoyada en la ventana se dirige hacia la cabeza del hombre. Luego se prolonga hacia la izquierda y cae verticalmente sobre la mano derecha, que sostiene una cuchara de madera.
Este elemento nos indica la fuerte diagonal que se establece entre la mano izquierda y la aceitera. Asimismo, pueden establecerse dos verticales imaginarias que hacen eco con la figura.
La expresión del rostro está conseguida por la asimetría de la ubicación de los rasgos, la materia rugosa y expresiva que deja huellas de espatulazos y pinceladas: generosos empastes realizados con una paleta de sienas, ocres, tierras, napolitanos y naranjas diversos. El manejo de los recursos del color y de la materia pictórica hacen del protagonista un ser intenso.
La mano izquierda genera un pasaje tonal con la mesa de madera; la otra lo hace con el entorno. Si hay algo que hizo Victorica, fue pintar el aire. Con tonos superpuestos (veladuras) creó atmósferas envolventes.
El cuadro está pintado al óleo, con innumerables tonos y transparencias. Alterna momentos de pinceladas vigorosas con otros de extrema simplificación y sutileza. La distribución y el modo en que están pintados los objetos parecen atrapar un momento fugaz. La camisa es una sinfonía de grises; las pinceladas y los colores cumplen un rol protagónico.
Es maravilloso descubrir los verdosos en la manga derecha; los azules y violáceos en la otra; los sienas a la altura del abdomen, y las bellas señales en el cuello y el botón. Su inclinación a la observación de la luz se nota en toda la superficie. Halló soluciones cromáticas mediante variaciones tonales.
En esta obra encuentro ese conflicto existencial que es la representación simbólica del compromiso artístico, la osadía y una percepción al margen de las modas. En fin, el poder de la pintura es lo que está presente.
Todos los martes, cuando voy a dar clases a la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, visito a mi amigo, el gran maestro Miguel Carlos Victorica. Esa visita, indefectiblemente, me genera una arrebatadora melancolía.
El autor es pintor y profesor. Expuso en nuestro país y en el extranjero. Se perfeccionó en la Universidad de Arte de Cracovia, Polonia. En 1995 obtuvo el Premio Internacional de la Crítica, Valparaíso, Chile.
Miguel Carlos Victorica
(1884-1955) Alumno de Ernesto de la Cárcova y Eduardo Sívori, ocupó un lugar destacado entre los pintores modernos argentinos. Por la obra aquí comentada recibió el Gran Premio de Honor del Salón Nacional en 1941.
Datos útiles
- Año: 1941
- Técnica: óleo sobre tela
- Medidas: 151 cm x 118,7 cm
- Dónde encontrarlo: Museo Nacionalde Bellas Artes (MNBA), Avda. del Libertador 1473; 4803-8814






