
Coleccionar o acumular: ¿dónde está el límite?
Todos tenemos tesoros privados, pero mientras unos los exhiben con orgullo, otros se avergüenzan de ellos
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Hace un año, Cristian Sema vivía en un monoambiente con su mujer y cuatro mil videocasetes, una colección de primeras ediciones argentinas de los 80 y 90 que viene armando desde 2009. Aunque ahora se mudaron a un departamento de tres ambientes, el espacio amenaza con volver a quedarles chico en cualquier momento ante la llegada de su primer hijo. Ni siquiera él está seguro de la medida exacta de su pasión: las tiene ordenadas alfabéticamente y por género, pero todavía no encontró el tiempo para catalogarlas. Están distribuidas en cinco bibliotecas que abarcan desde el piso hasta el techo. "Por suerte, mi mujer me apoya y me deja ocupar gran parte de la casa", dice Sema, que actualiza su fanatismo en su sitio rarovhs.com.ar. ¿Qué lleva a una persona a dedicar tanto tiempo y, sobre todo, espacio a un hobby? En su caso, mantener vivo uno de los pasatiempos más importantes de las décadas pasadas y ocupar un rol que, según él, ningún organismo oficial considera relevante.
"Tengo esperanzas de que en algún momento se les dé más valor a estos objetos como parte de nuestra cultura", se ilusiona. La reparación histórica es la razón de este videomaníaco para coleccionar, pero no todos tenemos las mismas motivaciones: hay tantas como personas coleccionando.
A diferencia de sus orígenes como forma de ostentación de los poderosos, hoy el coleccionismo es algo que unifica y es común a todos. Nuestros gustos dicen algo sobre nosotros, nos definen, y cualquiera puede tener su propio museo de posesiones. Como Celeste Acosta, directora de cuentas de una agencia de publicidad, que ya se obsesionó con los libros, los cepillos de dientes y ahora está dedicada a atesorar cámaras vintage. No es tarea fácil, advierte: hay modelos que no se consiguen, los posibles vendedores no suelen ser permeables a la persuasión y, encima, los requisitos autoimpuestos para la misión son estrictos: "Si es digital, no entra, porque no sigue el patrón de las otras cámaras. Si es muy nueva, tampoco. Cada objeto debe pasar por una checklist antes de entrar a la colección. Si no, pierde la magia". El componente nostálgico es fuerte en el coleccionista y muchas veces es lo que guía la selección.
Una revancha con el pasado
En el caso de Von Doe, que prefiere ser mencionado por su nickname, se trata de una "revancha con el pasado", ya que se enfoca en todo lo que le gustaba de chico, las cosas que tuvo y, sobre todo, las que no pudo tener.
Además de manejar un sitio online de venta de coleccionables, cuenta con su museo personal dedicado a Star Wars: una habitación ambientada como la recámara del Emperador Palpatine alberga sus cientos de figuras de acción, afiches en todos los idiomas, trajes, revistas, figuritas y todo lo relativo a la creación de George Lucas, de 1978 a 1986. "Como un viaje en el tiempo a la época, ya que la mayoría de mis juguetes están en sus cajas o empaques originales, como salieron de la fábrica el primer día." ¿Puede alguien que cuenta con semejantes reliquias y consagra su vida a su preservación eventualmente jubilarse de su rol de protector? Von Doe cree que ese momento va a llegar, pero no será algo repentino, sino estudiado: cuando sus posesiones ya no lo hagan sentir un niño cuando las admire, asegura, será el momento de ceder la antorcha.
Y así como para algunos la colección es un legado, otros la viven de manera más casual. El periodista y conductor de radio Nicolás Artusi, incluso, reniega de la etiqueta de "coleccionista", pese a que cuenta con 29 cafeteras. "Diría que yo soy un mero acumulador, por ahora saludable en términos de higiene y espacio. El coleccionista se define por lo que le falta, no por lo que tiene: es capaz de cruzarse el mundo o empeñar una fortuna en conseguir el objeto del que carece. No es mi caso: apenas fui juntando cafeteras por mi afición al café, pero no hay ninguna que no tenga y desee hasta el desvelo."
En esta carencia, dice el psicólogo Gustavo Casals, puede llegar a encontrarse el eje de la búsqueda de satisfacción que caracteriza al completista. "Según los lacanianos, todos convivimos con la falta, y cómo manejamos ese detalle es lo que marca los rumbos psíquicos del sujeto -sostiene-. Esto puede ser una posible respuesta al tema de qué lleva al completismo: querer suplir o, al menos, compensar la falta. Si tengo todo, estoy completo, o menos incompleto. Y no me refiero a una colección", diagnostica Casals.
Aunque Artusi no quiera asumirse como coleccionista, tampoco es, como dice, un acumulador: de la delgada línea que los divide, él se encuentra del lado de los que le aportan al rejunte cierto orden y vocación enciclopédica. "El coleccionista, si bien completista, tiene una capacidad de discriminación. El acumulador junta, tiene una incapacidad de discriminar. Y en eso se ubica mucho más cerca de la patología", explica Casals.
Una delgada línea
Coleccionar y acumular pueden parecer actividades similares, pero hay características que las distinguen: mientras que los coleccionistas sienten orgullo por sus pertenencias, las mantienen organizadas y protegidas y les encanta exhibirlas, los acumuladores se avergüenzan de sus cosas, las tienen desordenadas y sin ningún tipo de organización.
"La colección unifica y la acumulación es disruptiva", dice Paula Salischiker, fotógrafa y creadora de la serie The Art of Keeping, en la que retrató seis casas de acumuladores en Londres y Essex, tras conocerlos en un grupo de autoayuda. "En vez de tener 15.000 discos ordenados de la A a la Z, un acumulador los tendría tirados, mezclados con cosas que no tienen sentido -explica-. El coleccionista no tiene cualquier CD, sólo el que le interesa: es un curador de su propia acumulación".
Andy Warhol era un hoarder: su casa en el Upper East Side estaba tan plagada de cosas que los únicos cuartos con caminos entre ellos eran la cocina y el dormitorio. Cuando murió, dejó más de 600 cajas de cartón, a las que definió como "cápsulas del tiempo", un desorden que se convirtió en colección póstuma. La acumulación carece de glamour, pero tiene una rareza que atrae y la convierte en objeto de sitcoms, dramas y realities. El canal TLC produjo la serie Hoarding: Buried Alive (emitida por Discovery Home & Health con el nombre de Acumuladores) para mostrar que es un fenómeno más común de lo que imaginamos.
Así como todos podemos ser coleccionistas, también podemos ser un poco acumuladores. Es cuestión de ver, como dice Casals, en qué punto del espectro estamos. Es cierto que nuestras cosas son privadas y la elección de qué mantener y qué desechar es personal, pero no hay que desestimar la mirada de los otros: puede ser esencial para imprimirles a las cosas que no queremos soltar el valor que necesitan para convertirse en tesoros.





