
Comedias románticas y melodramas: porqué no me gustan las películas de amor
Mi género preferido en el cine es la comedia romántica. Algunos les dicen "películas de amor" así como a los westerns los llaman "películas de cowboys", a las de acción "películas de tiros" o a los dramas "películas de llorar", pero yo prefiero ser precisa y corregirlos enseguida porque cuando les dicen "película de amor", sin querer engloban dos géneros que entienden como parecidos pero que para mí son completamente opuestos: la comedia romántica y el melodrama.
En la comedia romántica los protagonistas son el uno para el otro y todos lo saben menos ellos dos. Apenas se conocen, se odian, se ignoran o se empeñan en ser amigos aunque su entorno piense que deberían estar juntos. Tratan de separarse y es el destino el que se empeña en cruzarlos con sus mágicas coincidencias: ella justo es la dueña del negocio que está frente al suyo (Tienes un e-mail), coinciden en un programa de radio a la medianoche (Sleepless in Seattle), tienen que hacer un viaje de horas juntos encerrados en un auto (Cuando Harry conoció a Sally), ella es la amante de su jefe y el debe entretenerla (El apartamento), los nombran padrino y madrina de un niño huérfano (Life as we know it) o lo que el guionista de turno se imagine para obligarlos a pasar tiempo al lado del otro.
En el melodrama la estructura es al revés. Apenas se ven, los protagonistas quedan flechados y sienten que deben estar juntos y es el mundo con su hostilidad y sus dificultades el que se empeña en separarlos. Una guerra. Intereses económicos. Un accidente. Una sociedad conservadora. Trenes que no llegan. Lo que al guionista se le ocurra para separar ese amor. Él es un alma libre y ella un ama de casa casada que no puede abandonar a su marido y estigmatizar socialmente a sus hijos (Los puentes de Madison County), ella tiene una enfermedad incurable (Love story), son de diferentes clases sociales (Orgullo y prejuicio), sus familias se odian (Romeo y Julieta), ella tiene un accidente justo cuando va a encontrarse con él y él piensa que ella nunca fue a verlo (Algo para recordar), se aman pero ella debe acompañar al líder de la Resistencia (Casablanca), ella es la esposa de su jefe en el ejército (De aquí a la eternidad).
Si bien ambos géneros trabajan su mística alrededor del destino, de la idea de que hay una persona perfecta para cada uno, la comedia romántica es el amor visto a través de un ojo optimista, positivo, que tiene fe en la humanidad. El melodrama, en cambio, propone un mundo cruel que quizá logre separarlos aun cuando nacieron para estar juntos. Es un mundo sin justicia. Sin coincidencias mágicas, lleno de desencuentros. Mientras que en la comedia romántica justo les tocan asientos contiguos en un vuelo de veinte horas, en el melodrama el protagonista llega cinco minutos tarde al aeropuerto y pierde el avión.
Cuando Harry conoció a Sally trata sobre una chica y un chico que viajan juntos hasta Nueva York para compartir gastos. Él es cínico, atorrante e infiel y encima está de novio con una amiga de ella. Sally es obsesiva, perfecta, prolijita, una romántica incurable que jamás tendría algo con el novio de su amiga. Aunque el espectador siente que deberían estar juntos, ellos se detestan y con alivio siguen cada uno por su camino. Con los años, el azar los cruza varias veces en Nueva York. En un aeropuerto él se ríe de que ella por fin encontró a su novio perfecto. En una librería ella se entera de que es él quien se enamoró y va a casarse antes que ella. Un día, ya separados de sus respectivas parejas, solísimos en esa ciudad enorme, se vuelven a encontrar y deciden ser amigos. Y esa amistad empieza a ser el centro de sus vidas. Van al museo juntos. Salen a comer y a caminar. Se cuentan sus penas amorosas. Miran melodramas en la tele mientras hablan por teléfono. Compran regalos a medias para casamientos. Festejan año nuevo juntos. Hasta intentan presentarle su mejor amigo al otro pero sus amigos se enamoran entre ellos y Harry y Sally siguen igual de solteros. Es una noche, casi por error, cuando ella está vulnerable, que tienen un desliz y duermen juntos. Mientras que Sally se ilusiona con ese encuentro, él se asusta y quiere volver a ser su amigo. Herida por el rechazo, ella se enoja. No puede perdonarlo ni volver atrás. Él insiste pero ella es inflexible. Un fin de año, él la recuerda y se da cuenta de que no puede vivir sin ella. Hace mucho que están enamorados. Ella tenía razón. Corre a buscarla, le da un discurso romántico que ya no es cínico, ni atorrante, ni desprolijo porque ella y el amor lo han cambiado. Se besan y terminan juntos.
Si Cuando Harry conoció a Sally fuese un melodrama hubiera sido así: Harry y Sally se ven obligados a compartir un viaje a Nueva York para ahorrar gastos. Inmediatamente se enamoran, pero él está de novio con su amiga y ella es demasiado prolija y leal para romper con ese vínculo, y con dolor y resignación deben seguir cada uno su camino. Unos años más tarde la vida los vuelve a cruzar. No se han olvidado. Ahora él está soltero, pero ella está de novia con un colega que la ama y que no puede dejar. Le sigue gustando Harry, pero está comprometida. A él lo hiere verla con ese novio perfecto. Unos años después, se cruzan en una librería. Ella ahora está soltera y se ilusiona, pero él se ha casado y su amor es imposible de nuevo. Cuando vuelven a reunirse unos años más tarde, golpeados por la vida, asustados por los fracasos amorosos, se presentan a sus mejores amigos y comienzan una relación con ambos. Ella con el amigo de él, él con la amiga de ella. Saben que se aman, pero son incapaces de romperle el corazón a sus parejas y callan en silencio. Sufren. Todos creen que deberían estar juntos, pero ellos se niegan esa posibilidad para no hacer daño. Es una noche, casi por error, cuando ella está vulnerable que duermen juntos. Mientras que Sally se ilusiona con ese encuentro, él se asusta, siente remordimiento y culpa por la amiga de Sally y quiere volver a ser su amigo. Esa asimetría los separa y ella se enoja. Ella no puede perdonarlo ni volver atrás. Un fin de año él la recuerda y se da cuenta de que no puede vivir sin ella. Hace mucho que están enamorados. Corre a buscarla, le da un discurso romántico que ya no es cínico, ni atorrante ni desprolijo porque ella y el amor lo han cambiado, pero es demasiado tarde. Ella ya está con otro y no terminan juntos.
Las dos son películas de amor, los personajes son los mismos, la historia es parecida, incluso hay escenas que funcionarían en ambos esquemas. El final es distinto, sí, pero es lo de menos. Lo que separa a las dos versiones no es que Sally y Harry terminen juntos, sino que la comedia romántica entiende el amor como aquello que viene a sanar o a reparar el mundo, mientras que en el melodrama ese amor sólo viene a traer confusión y sufrimiento. Por eso me gustan las comedias. No por el amor. El amor es lo de menos. Lo que me gusta, lo que me conmueve, es la idea protectora de que el mundo es un lugar justo. Un mundo que nos mira equivocarnos y tener miedo, tomar malas decisiones, irnos en el tren equivocado o casarnos con el hombre incorrecto porque sabe que al final siempre hay un destino mejor.



