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28 de noviembre de 2018  • 00:00

Lejos, muy lejos quedó ya la costumbre de relegar los espumantes al momento del brindis. Basta recorrer los mejores bares y restaurantes de la Argentina y del mundo para descubrir que las burbujas hoy acompañan desde un brunch o el momento del aperitivo, hasta una comida de pasos, en donde los espumantes ofrecen aromas, sabores y texturas que potencian los platos. De hecho, la desestacionalización del consumo de espumantes, que ahora se disfrutan todo el año y no solo en las fiestas, es una de las claves detrás el explosivo auge de los espumantes, fenómeno en el que el Prosecco italiano es el protagonista central.

El auge del Prosecco es imparable, y buena parte de su avance se explica porque el espumante italiano encarna la tendencia millenial de preferir bebidas ligeras, fáciles de beber y de baja graduación alcohólica. Es, además, extremadamente versátil al momento del maridaje, gracias a su frescura, su buena acidez y a que no es invasivo en aromas y sabores.

Martini Prosecco es uno de los nombres emblemáticos del spumanti nacido en Italia. Un menú ideal podría comenzar incluso antes de sentarse a la mesa, bebiendo una copa de este Prosecco con hielo y un pequeño aperitivo que abra el apetito: un prosciutto di Parma, unas olivas negras o unos deliciosos quesos servidos con pan fresco. Pero la versatilidad del Martini Prosecco va más allá del momento del aperitivo. Por su frescura y ligereza es capaz de combinar con los platos más variados. Se lleva muy bien con todo aquello que viene del mar porque sus burbujas sumadas a un perfil seco limpian el paladar, dejándolo listo para el siguiente bocado. Con sushi, niguiris y sashimis es el compañero perfecto: lejos de invadir, el Prosecco pemitirá sentir la sutileza de cada pescado. Es también ideal junto a pastas recién elaboradas y saldrá airoso del siempre difícil maridaje con ensaladas al llevarse de maravillas con vegetales horneados, salteados al wok y toda la intensa cocina oriental.

Al terminar la comida, el Prosecco cumple una doble función: por un lado, aligerar la parte golosa de los postres frutales (así como acompañar los sabores más intensos de los frutos secos); por el otro, ser la bebida elegida para el brindis que da pie a una larga sobremesa. Una sobremesa que, sin dudas, pedirá más copas de Martini Prosecco listas para ser disfrutadas.

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