
Cómo escribir más rápido: el teclado de la productividad
Su nombre es TipType, tiene cuatro letras en cada una de sus teclas y permite ahorrar casi un tercio del tiempo de tipeo
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"Con la democracia se come, se educa y se bajan aplicaciones para escribir más rápido en el celular, ahora disponibles Google Play y App Store", podría arengar a sus correligionarios el economista Lucas Llach en su próximo discurso en un comité radical. El candidato a vicepresidente en la fórmula de Ernesto Sanz viene promoviendo desde hace meses un teclado alternativo, el TipType, que, asegura, "en un cálculo conservador permite ahorrar un tercio del tiempo en escritura; si consideramos que estamos media hora por día escribiendo mails, mensajes de WhatsApp, Twitter, etcétera, eso significa que ganamos tres días por año".
La historia del TipType, que hoy congrega fanáticos que se enteraron de la propuesta principalmente a través de Twitter, tiene ingredientes de las sagas de innovación, economía y nuevos mantras del emprendedorismo como el "desaprendizaje" de hábitos que tenemos muy instalados en nuestra rutina.
Cuando se pasó de la BlackBerry a un teléfono con pantalla táctil, a Llach le resultaba incómodo escribir. "Me parecía ineficiente que las teclas fueran tan pequeñas, sobre todo si uno no las percibía al tacto, y que se desaprovechara el deslizamiento como manera de elegir un caracter, en teclas más grandes", explica.
En el TipType hay teclas grandes y cada una contiene cuatro letras. La letra que se marca depende de la dirección en la que se deslice el dedo. Si se toca en seco, además, cada tecla funciona como barra espaciadora. Una vez que se aprobó la versión beta, el desarrollo para Android corrió por cuenta de Daniel Goldberg, y luego contrataron a la empresa Wolox para hacerlo en el iPhone.
Pero antes atravesaron un proceso de prueba y error con amigos. "Yo fui conejilla de indias", cuenta Karina Galperín, que da clases en la Universidad Di Tella. "Desde que lo cargué por primera vez quedó como default y no vuelvo al de antes ni loca. Facilita mucho el proceso de escritura. Y, además, esa especie de solfeo que hacen los dedos mientras tipean en TipType le agregan al acto mecánico de escribir sobre teclado una cierta -quizás ilusoria- cuota de elegancia", dice Kalperín.
La historia del teclado tradicional (QWERTY, en alusión a las primeras seis letras que aparecen en la fila de arriba) es paradigmática del fenómeno que los economistas especializados en innovación y agenda tecnológica llaman "dependencia del sendero": una idea inicial, con ineficiencias, se expande tanto que luego, por problemas de coordinación, se hace imposible volver atrás.
Una versión indica que el inventor de la máquina de escribir, en 1860, quería que los vendedores puerta a puerta pudieran escribir lo más rápido posible "typewriter" (máquina de escribir), y que esa es la explicación del QWERTY. Otra versión, más creíble, apunta a que los primeros modelos se trababan cuando se escribía muy rápido, y que entonces la lógica fue colocar las teclas más utilizadas en los extremos del teclado. Lo cierto es que la patente del QWERTY fue registrada por Christopher Sholes en 1868, y luego vendida a Remington en 1873.
En las décadas siguientes hubo varios intentos por reemplazarlo, con algunos casos famosos como el del teclado de August Dvorak de 1936, pero el standard fijado por la opción QWERTY estaba tan extendido que ningún fabricante quería dar el primer paso en una modificación. La historia es tan icónica que en la academia se habla de dependencia del sendero como "QWERTYnomics", aunque hay otros ejemplos igualmente poderosos de apego a un standard deficiente (uno de los más famosos es el del sistema Windows, de Microsoft).
"Seamos sinceros: los teléfonos tamaño standard, de pantalla modesta y teclado táctil, son un problema para los dedos adultos", sigue Galperín. Y agrega: "Imposible tipear una palabra entera sin que, en alguna de las letras, el dedo presione sin querer la tecla de al lado y tengas que ir atrás, borrar, volver a empezar. Un engorro que va en contra del bien más preciado en ese medio: la velocidad".
Guillermo Cassano es ingeniero químico, tiene 47 años, tres hijos y trabaja en una planta petroquímica en Mendoza. "Cuando el teclado salió en el Google Play, debo haber sido de los primeros en bajarlo. Se lo mostré a mi hijo (17 años en ese momento) y lo adoptamos de inmediato. A los pocos días, él ya era un maestro, tanto que grabamos un video en YouTube que lo atestigua", cuenta Cassano.
"A mí me tomó más de un mes lograr fluidez y escribir sin pensar. Ahora me resulta tan cómodo que no lo cambio por ningún otro teclado. Intenté alguna vez pasar a la versión paga de mi Android Swype, pero no hay vuelta atrás, sobre todo por la incomodidad que produce el autocorrector. En un sentido más amplio, no deja de sorprenderme una innovación en un campo donde parecería estar ?todo inventado'. Cuanto más chica la pantalla, mejor funciona este modo de escribir; cuanto más presbicia, menos dependencia de los lentes", dice el ingeniero químico.
Recorrer el camino de "desaprender" un hábito tan instalado en nuestro cerebro y en nuestra vida diaria tiene todos los obstáculos que señala Josh Kaufman en su best seller Las primeras 20 horas, que fue comentado en esta sección. Kaufman asegura que pasados los 30 años perdemos la costumbre de aprender cosas nuevas (idiomas, deportes, a tocar un instrumento) por falta de tiempo o de motivación. Y que se requieren solamente 20 horas bien planificadas para empezar a "disfrutar" de una nueva actividad.
Para facilitar el aprendizaje, Llach argumenta que el teclado TipType representa un "cambio gradual" desde el tradicional, porque los grupos de cuatro letras respetan la ubicación del QWERTY. "Proponer un teclado radicalmente distinto implica un salto demasiado grande", razona. Como buen economista, él va directo a los números: "Un usuario experto en TipType puede escribir 50 palabras por minuto (mi récord sin ningún error es de 62). Un usuario normal de QWERTY escribe unas 15 o 20, uno experto bastante más", estima el profesor de la Di Tella, en diálogo vía celular con LA NACION, escrito en ambas puntas con TipType.
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