En un mercado dominado por el malbec y el cabernet, cada vez son más las bodegas que apuestan a cepas poco conocidas.
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Ser original. Marcar la cancha. Aprovechar un espacio vacío. Respetar una tradición familiar. Las causas son muchas, y todas confluyen en un mismo resultado: que cada día más bodegas presenten vinos elaborados sobre la base de cepas no tradicionales, apostando a un nicho pequeño pero seductor.
Demos un vistazo al mercado. De un lado está la gran Liga de la Justicia de los vinos argentinos: el malbec, el cabernet sauvignon, la bonarda y la syrah. Juntas manejan el 60% de la industria vitivinícola nacional. Del otro, surge un pequeño grupo de cepas, con nombres como corvina, carménère, riesling, albariño, touriga nacional. Entre todas, no llegan siquiera al 5% de la producción, pero logran prestigio, generan curiosidad y complejizan el parque varietal local. "Nuestro albariño tuvo una aceptación muy grande, fue todo un éxito. Es el único en la Argentina y ese diferencial ayuda no solo a esta etiqueta sino a toda la marca en general", explica Juan Carlos Muñoz, presidente y winemaker de Viña Las Perdices.En sus palabras está la clave de esta búsqueda: diferenciarse. Hoy, todas las bodegas argentinas (y se calcula que son más de mil) elaboran al menos un vino malbec. Entre tantas opciones, es muy difícil lograr posicionar el malbec propio sobre los malbec ajenos. Por esto, las variedades no tradicionales funcionan como un cartel de luz de neón, mezcla de una estrategia de marketing con una apuesta enológica.Un caso emblemático es el de Viniterra, una bodega que desarrolló viñedos de carménère, cepa emblemática de Chile. "Este vino nació en parte de una decisión comercial, pero que está atada a un trabajo de investigación de varias cosechas sobre este varietal. Nuestro carménère ha dado grandes resultados para la bodega, posicionándola como una de las pocas en todo el país que elabora estos varietales, con gran calidad", afirma su enólogo, Miguel Ángel Navarro. Es decir, no alcanza con elaborar una variedad no tradicional: también es necesario elaborarla bien.
La bodega que supo hacer de la investigación una norma es Santa Julia, que con sus líneas Innovación y Textual elaboró ediciones limitadas de caladoc, ancelotta, arinarnoa, corvina y otras cepas. También el Instituto Nacional de Vitivinicultura lanzó un proyecto de investigación sobre variedades de España, Italia, Francia y Portugal. Los ejemplos abundan. Durigutti presentó un moscatel premium, Luigi Bosca tiene un delicioso riesling, Masi dio a conocer su passo doble (blend de malbec y corvina) y las mendocinas Fabre Montmayou y Alta Vista pusieron algunas fichas a la touriga nacional. Todas estas etiquetas no solo logran satisfacer la curiosidad de los nerds de los vinos, sino que, además, en muchos casos, son realmente grandes vinos que se convierten en la insignia de las bodegas que los elaboran. En la actualidad, decir albariño en la Argentina es sinónimo de Las Perdices; decir carménère lo es de Viniterra. Y lograr esto es el sueño de todo bodeguero.
Etiquetas para conocer

<b>Durigutti Clásico Moscatel 2013 </b>
Uva muy usada en la historia del país, la moscatel supo dar hectolitros de vinos blancos y baratos, envasados en damajuana y sin distinción varietal. Pero esto está cambiando, y por una causa: en los Estados Unidos (principal destino exportador de vinos de la Argentina), el moscatel vive un pequeño auge. Así, muchas bodegas locales comenzaron a mirarlo con otros ojos. Entre ellas, los hermanos Durigutti, que lanzaron esta etiqueta aromática, ligera y muy bebible. Una alternativa al torrontés de cada día.
<b>Viniterra Select Malbec Carménère</b>
Tan bien le fue a Viniterra con su varietal carménère que hace unos meses decidió duplicar la apuesta, lanzando ahora un blend que une la cepa emblemática de Chile con el malbec, ícono de la Argentina. El corte funciona a la perfección. El malbec da lo mejor de sí (cierto dulzor goloso y su facilidad de boca) mientras que el carménère suma acidez y tonos herbales. Mucho se habla de la competencia entre Chile y la Argentina: este vino sería, entonces, una apuesta por la convivencia.
<b>Alta Vista Malbec Touriga Nacional </b>
Elaborar blends con base de malbec es una de las grandes tendencias del vino nacional. Por un lado, sirve como excusa para la exportación; por el otro, su presencia en cualquier corte ayuda a lograr vinos dóciles y bebibles. Esto sucede en este corte de Alta Vista. Un vino con mucha fruta golosa a lo malbec y frescura, estructura y complejidad sumadas por la touriga nacional, una cepa muy reconocida en Portugal, en especial como parte de los oportos.
<b>Luigi Bosca Riesling 2013 </b>
La cepa riesling empieza a estar de moda en la Argentina. Esta cepa es muy consumida en el mundo, y las bodegas están respondiendo a esta demanda con muy buenos vinos. Desde el Old Vineyard de Humberto Canale hasta el Estate de Doña Paula, pasando por el blend de riesling y gewürztraminer de Familia Estrada Wines. Elegimos el de Luigi Bosca porque esta bodega mendocina tiene una gran historia con esta cepa, y porque acaba de renovar su varietal riesling en una versión joven, sutil y elegante, de finca Las Compuertas. Gran vino blanco de una gran bodega.
<b>Viña Las Perdices Albariño 2012 </b>
Aprovechando el enorme prestigio que tienen los albariños de las Rias Baixas gallegas, Viña Las Perdices presentó su propia versión en una apuesta que fue un éxito inmediato. Un vino que deambula con mucha soltura ente lo cítrico y la fruta blanca, de buen cuerpo, y todo esto lo hace muy versátil. No empalaga como algunos chardonnay, no cansa como algunos sauvignon blanc. Y viene en una de las botellas de vino más lindas de las que se venden en el país.










