Cómo se construye un jihadista: la psicóloga argentina que busca entender la mente de los jóvenes terroristas en París

Débora Fajnwaks
Débora Fajnwaks Crédito: Gentileza
Daniela Chueke Perles
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5 de abril de 2019  • 11:53

Cuando hace veinticinco años Débora Fajnwaks llegó a París, supo que esa ciudad sería su lugar en el mundo. Enseguida tuvo esa sensación, como la de cualquier porteño que llega a la ciudad Luz, de sentirse a gusto.

Claro que entonces el mundo era otro. Sin internet ni Whatsapp, mucho menos Telegraph. No era la París de los atentados del Charlie Hebdo, la del terror en el Bataclan. Belleville era un lugar pacífico, pintoresco en el que hasta se sentía un poco en casa, porque a veces escuchaba a los comerciantes hablar en árabe, la lengua de sus abuelos paternos.

No imaginó entonces que un día llegaría a conocer otro lado de ese ambiente exótico, intercultural, cosmopolita que la había fascinado. Era impensable imaginar que un día, sufriría en carne propia el terror de un atentado terrorista , a tan solo cinco cuadras de su casa, que se convertiría en una cronista improvisada para transmitir los hechos a algún periodista amigo que la llamara desde Argentina, y mucho menos iba a imaginar que su profesión la pondría en el lugar de vincularse en forma muy íntima con los perpetradores de algunos de esos atentados. Iba a reunirse con cada uno de ellos en un cuarto, a solas, varias veces.

Cuando su familia y amigos en Buenos Aires, a partir del 2015, empezaron a preguntarle por Facebook si estaba bien y ella respondía que sí, que los sucesos habían ocurrido cerca de su casa o de su consultorio, todavía no sabía que en muy poco tiempo le iba a tocar un inmenso desafío: asumir la responsabilidad de comprender las mentes de esos jóvenes que habían sido capaces de matar gente inocente en nombre de un término cada vez más escuchado en Europa y en el mundo, el jihad, una especie de obligación religiosa del fundamentalismo islámico que lleva a sus adeptos a sacrificar sus vidas o la de aquellos supuestos enemigos del Islam.

Por casi tres años tuvo que mantener un riguroso y hermético secreto profesional acerca de su participación desde 2016 en un proyecto gubernamental de seguimiento de niños en prisión por hechos de terrorismo. El 15 de marzo los resultados de este proyecto se dieron a conocer durante la Journée de l'Enfant organizada por el Institut de l'Enfant, bajo el hilo conductor de "Infancias violentas".

Tal vez sea momento de mencionar que Débora Fajnwaks, psicóloga clínica, fue a París a doctorarse en Ciencias de la Educación y en Sociología. Llegó persiguiendo una vocación: comprender a las personas, las sociedades y, de acuerdo a la disciplina en la que se había estado formando, el Análisis Institucional, buscaba poner en marcha la implicación en el análisis. Algo que en criollo, podríamos llamar "ponerle el cuerpo" a la escucha. Salir de las paredes del consultorio para entender a las personas en su sufrimiento, en sus deseos. Tal vez por eso no sea extraño que llegado cierto momento de una vasta trayectoria profesional y académica el gobierno francés la haya convocado para, junto a un grupo de colegas y una institución educativa, desarrollar un dispositivo institucional para jóvenes en situación de "association de malfaiteurs", asociación de malhechores, ligados a crímenes jihadistas.

Un desafío ambicioso, sin dudas. ¿Es que acaso se puede realmente comprender cómo piensa alguien que llega a cometer un crimen? ¿Hay esperanzas de resocializar a chicos que cometieron asesinatos? ¿Será posible prevenir que el terrorismo se siga expandiendo en el mundo? ¿Y la cultura? ¿Se puede entender el fanatismo que despierta en mentes jóvenes un supuesto mentor que los utilizará como "carne de cañón"? Mucho se habla en estos casos de la necesidad de "desradicalizar" a estos jóvenes, pero ¿cómo? ¿Alguien en algún lugar del mundo lo consiguió alguna vez? La experiencia de esta psicóloga argentina y también francesa en París, es no solo perturbadora sino también inédita. Su objetivo no es desradicalizar ni evitar que estos chicos vayan a prisión, tal vez no aporte más que un grano de arena para el entendimiento de la compleja problemática que representa el terrorismo en el mundo. Pero , visto con optimismo, ahora hay 4 chicos que lograron ser escuchados, sus historias de vida son mejor comprendidas, quizá hayan conseguido incluso dimensionar sus actos.

¿Se puede ser optimistas? Veremos, quizá. Después de conocer algo más de esta experiencia.

¿En qué consiste el proyecto de atención a niños y jóvenes jihadistas? ¿Cómo te vinculaste con este tema?

Hay una ley en Francia por la que el Estado toma a cargo a los niños hasta los 18 años. Entonces muchas familias de países pobres mandan a sus hijos, a veces solos, a Francia que está obligada a darles acogida. Y así se reciben menores que quedan hasta los 18 años bajo la tutela del Estado francés, hasta que a los 18 tienen que arreglárselas solos. Pero dado lo difícil de la situación para los jóvenes existe un programa gubernamental, llamado "contrat jeune majeur" que se extiende hasta los 21 años, por el que ellos pueden pedir una subvención estatal para aprender una carrera o un oficio. En ese programa, desde hace 16 años yo trabajo en la atención de algunos de los beneficiarios. Hago esta tarea como parte de una asociación de 70 psicólogos que reciben a estos chicos en sus consultorios, trabajando para acompañarlos a lograr una cierta autonomía.

¿Concretamente, en qué momento empezaste a atender a chicos y jóvenes que perpetraron atentados jihadistas?

Días después de los episodios de Charlie Hebdo y Bataclan, hubo un episodio en el que dos menores acuchillaron a un cura en julio del 2016 en Saint Etienne de Rouvray. A partir de ahí la sociedad francesa empezó a cambiar el eje de su preocupación. De cómo el estado protege a los jóvenes a cómo el estado la protege de sus jóvenes. Empezó un cuestionamiento muy fuerte al rol del estado.

¿Cómo llegaron a tu consultorio?

En un momento el Ministerio del Interior hace un llamado a esta asociación que trabaja con jóvenes con perfiles sociales difíciles. Varios de esos chicos son vigilados por sus vinculaciones con asociaciones salafistas. Yo los recibo en mi consultorio hace dieciséis años y yo no conozco esa información. El servicio de inteligencia francés, lo sabía y nos lo informa. No son terroristas, son "potenciales",que frecuentan mezquitas o tienen amigos que planifican atentados, algo que por la ley francesa ya es un crimen en sí mismo, aun antes de que se llegue a cometer.

Como en las películas...

Sí, en cierto modo... La cuestión es que después, desde el Ministerio de Justicia, nos llaman a 4 psicólogos y a una asociación muy prestigiosa en Francia de educadores y nos piden que nos asociemos y presentemos un proyecto conjunto. Eso hicimos. Este proyecto existe desde 2017 y hasta ahora permaneció absolutamente secreto.

¿Y cómo funcionó el proyecto, como trabajaron?

El dispositivo de atención consistió en recibir a chicos entre 13 y 18 años, que no estuviesen juzgados con sentencia frme sino que su expediente esté en instrucción, en cárcel preventiva. Propusimos al Ministerio de Interior y al de Justicia hacer una observación clinica para tratar de responder a la pregunta: ¿Qué hacen estos chicos para llegar a esa situación? Historia por historia...

Contame algo más de la situación general de estos chicos yihadistas

Desde el 2015 con los atentados en Francia se puso en marcha un mecanismo de reclutamiento en Siria, Pakistán y zonas de combate por el que algunos líderes de Daesh se ocupaban de convencer a jóvenes europeos de venir a Occidente a hacer el jihad. El más conocido Rashid Kassim, llegó a captar más de mil chicos en Francia por Facebook y después en conversaciones privadas a través de Telegraph. Los captaban al verlos interesados en el tema religioso y entraban en comunicación con ellos. Cabe entender que, por la cuestión socio geográfica y política de Francia, había un contexto que creó un campo propicio para esto. Chicos que interesados por la religión de sus ancestros, terminaron ligándose con líderes terroristas, cometiendo actos violentos.

¿Y esos chicos fueron capturados y encerrados por el Estado francés?

No, los chicos encarcelados no pasaron por la tutela francesa. Vivían con sus familias de clase media.

¿Lograste saber qué hay en la mente de estos jóvenes que los lleva al punto de cometer actos terroristas?

El primer denominador común de los 4 chicos que yo vi - sin hacer de esto una particularidad, sino una casuística - es la existencia de un secreto familiar poderosamente guardado. Del cual los chicos dicen no saber nada. El secreto siempre es en relación con lo que empujó a los padres a exiliarse

El chico de 13 años que acuchilló después de secuestrarlo a un hombre homosexual no sabía que su propio padre lo era y que por ese motivo se había exiliado en Francia y vivía atormentado porque no comprendía las infidelidades de su madre.

El otro se enteró en detención del activismo kurdo de su familia PKK, el asesinato del abuelo paterno en Turquía y la detención del tío paterno en las cárceles del enemigo turco aunque nunca tuvo en claro las razones por las que el padre pudo exiliarse luego de 6 meses de detención en las prisiones turcas. Sin embargo, fue en Turquía donde el joven filmo el simulacro de decapitación de su hermano menor en el mejor estilo Daesh, que luego publicaría en las redes sociales.

El tercero, que estaba organizando matrimonios entre combatientes de ISIS en Siria y niñas francesas, decía no saber por qué el padre huyó a su Egipto natal después de separarse de su primera esposa y su hijo, renunciando así a cualquier acercamiento con el vasto grupo de origen del pueblo.

Y el cuarto había apuñalado a un transeúnte pensando que así podría unirse a su hermana mayor que murió a la edad de 10 años en circunstancias de gran oscuridad.

¡Que historias y qué difícil sistematizar todos estos hallazgos psicológicos para una política preventiva a nivel gubernamental o social!

Sí, por eso nosotros lo que hicimos fue salirnos de la idea de prevención. Lo único que pudimos recomendar y, eso lo escucharon y lo pusieron en práctica desde el Ministerio de Justicia, fue que dejen de nombrarlos a los chicos. Que no les den un nombre porque ellos buscan eso, se googlean quieren saber qué dicen de ellos la prensa. Otra cosa que les dijimos fue que dejen de pensar en la idea de desradicalización porque no va a funcionar.

Violencias sacrificiales, sujetos sacrificados

Crédito: Gentileza

Por Débora Fajnwaks (extracto de la presentación Violences sacrificielles / sujets sacrifiés)

"Por otro lado, no podemos pensar que en cada acto de rebeldía/revolución el adolescentes se proponga el final del estado que la provoca. Se trata de un final que idealmente requiere de otros finales: el fin de la injusticia, el fin de la opresión, a veces incluso el sacrificio. El acto de sacrificio, tal como aparece sin un horizonte de la acción que llevan a cabo, es un discurso escatológico para encontrarse con un Dios que escapa a la intención y que compensa la promesa de un paraíso. Sin embargo, aquí, el acto de sacrificio no especula sobre el futuro, sino la posibilidad de alcanzar al otro, otro por su propio sacrificio. No sería para ellos no matar al otro el opresor, sino reprimir, con su sacrificio, la opresión de la que sienten el objeto."

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