Cómo tomar vino tinto en verano sin sufrir el calor

Los meses cálidos no tienen que ser terreno exclusivo para los blancos
Los meses cálidos no tienen que ser terreno exclusivo para los blancos Crédito: Shutterstock
Joaquín Hidalgo
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3 de enero de 2019  • 17:43

El verano es una época difícil para los amantes de los vinos tintos. Con la térmica derritiendo las ideas y el asfalto irradiando como un espejo de sol, es difícil tentarse a beber una copa de Malbec con cuerpo y abundante madera. Para la sed, la boca pide otros vinos.

¿Pero qué pasa si el estilo es justamente otro?

Afortunadamente para los bebedores, el mercado local ofrece hoy buenas opciones para hacerse una copa de tinto sin necesidad de transpirar de más. Son vinos elaborados en otro rango estilístico, con otras variedades y pensados sobre todo para pasar un rato por la frapera o la heladera antes de llegar a la copa para refrescar el paladar.

¿Es que no puede una copa de tinto corriente refrescarnos? Puede, claro, pero la mayoría se siente áspero al paladar o sin aromas a menos de diez grados. Sin embargo, aquellos vinos que carecen de taninos y que están armados con estructura más ligera, funcionan mejor aún cuando fríos. Ahí es donde entran las otras variedades o las técnicas de elaboración más novedosas de las que vengo hablando.

Los tintos de verano son ideales para la comida liviana
Los tintos de verano son ideales para la comida liviana Crédito: Shutterstock

Mientras que un Cabernet Sauvignon tiene taninos y estructura firmes, una Garnacha, Criolla o Pinot Noir no. O bien, si se elabora casi cualquier variedad siguiendo otras técnicas, como una maceración corta en frío o una maceración carbónica –que no extraen taninos– se puede obtener un vino con sabor y color de tinto pero con textura de blanco.

Justo un estilo que va en connivencia con la actual movida mundial hacia vinos de sed y no de potencia. Algo de lo que la Argentina, claro, no está ajena, y cuya góndola refleja cada vez más.

Para picar

La enorme ventaja de estos tintos de verano –que no hay que confundir con la versión española que se llama igual pero sirven con hielo y gaseosa– es que son perfectos para comer. Desde una picada a un tapeo de quesos, desde una ensalada sencilla a una fritura liviana, van diez puntos. Eso, sin entrar en el plan perfecto: una pizza margherita o una mozzarella de piso crocante.

El único asunto peliagudo con esta categoría es que, por escasos, algunos ejemplares son más bien caros. Tanto, como para alejarlos un poco de la cotidianidad y ponerlos más del lado de una opción de lujo o tentación para especialistas y entendidos. Sin embargo, hay algunos buenos ejemplares a precio lógico para sacarse la sed.

Entre los primeros, casos serios con brillo sofisticado, conviene apuntarse con DV Clarete (2015, $620); las criollas El Esteco Old Vines (2018, $777), Vallisto Extremo (2018, $375) y Proyecto Las Compuertas Parral (2018, $300); Estancia Los Cardones Garnacha (2017, $559), Colonia Las Liebres Bonarda (2017, $366) o el tinto de maceración carbónica Marcelo Pelleriti Siganture Red Blend (2017, $500), como para despuntar el vicio del vino y del lujo.

Entre los más amigables, Saurus Pinot Noir (2017, $215), el nuevo Osado Blend de Tintas (2018, $210) y los Malbec Doña Silvina Fresh (2018, $170) y Kadabra (2016, $120). Eso, sin mencionar Santa Julia Tintillo Malbec-Bonarda (2018, $260), uno de los tintos que inspiró la movida.

En todo caso, justo ahora que los meteorólogos auguran un verano bochornoso, saber que hay tintos de verano es un buen dato. Nada más resta tenerlos en la heladera de casa para cuando pinte el antojo.

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