
Silvina Bidabehere, colaboradora de Living, cuenta de qué manera selecciona las casas para ser fotografiadas
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"Dios está en los detalles"
Ludwig Mies Van der Rohe
Cuando estudiaba comunicación social tenía un profesor que insistía que aquello que diferencia a un buen periodista de otro era, entre otras cosas, su capacidad de contar buenas historias.
Al mismo tiempo que yo pasaba largas noches de estudio, en otra parte de la ciudad, se estaba gestando una nueva revista de decoración, Living, que más allá de mostrar espacios increíbles y fotos impactantes de interiorismo y diseño, buscaba transmitir a sus lectores ideas con sentido y contenido que traspasaran las meras barreras estéticas.
Hoy, desde mi lugar de productora, cada vez que recorro una casa para fotografiar me encuentro con el mismo desafío: llegar a todo aquello que no se ve, que pasa inadvertido y que se convierte en una suma de mínimos detalles. Allí, donde todo cobra sentido final, se encuentra el alma de ese espacio y de quienes lo habitan.
Todas las casas que merecen ser fotografiadas, más allá de estar mágicamente decoradas, poseen algo intangible que las diferencia de otras, que las aparta del resto. Son, en definitiva, casas vivas, con alma. Y encontrarlas no es fácil. La ciudad está plagada de viviendas sin significado, donde sus dueños no se atreven a agregar nada sin opinión de alguien calificado; donde los muebles son aquellos que dicta la última moda, donde las bibliotecas no tienen libros, donde no hay nada que represente a quienes allí viven, duermen y sueñan.
Como productora, vivo en una eterna búsqueda de las otras casas, las que tienen una historia para contar y lo hacen a través de sus colores, de los objetos que las adornan, de los recuerdos. Sus dueños con pequeños toques, algunos pensados, otros espontáneos, algunos de valor, otros de puro sentimiento, las convierten en casas únicas con un espíritu especial que merece ser retratado y eternizado en el papel de una publicación.






