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Casas de campo

Córdoba. Una posta del tiempo de los jesuitas que renació como casa de familia

Silvina Bidabehere
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12 de abril de 2019  

En estos días cercanos a Semana Santa, recordamos nuestra visita a la entrañable Estancia Characato. Un verdadero oasis al que llegamos después de una hora de camino de tierra desde La Falda que nos sumergió, de a poco, en el silencio y en el misterio del desierto.

En sus orígenes, las tierras de Characato pertenecieron a la Estancia Jesuítica La Candelaria, y cuenta la historia que este rancho fue construido en el siglo XVIII como posta de trabajadores y viajeros. Sus muros de adobe resistieron el paso del tiempo, pero en los años 50, cuando la estancia fue comprada para explotar canteras, la casa pasó a ser utilizada para guardar herramientas y cobijar animales. Ahí comenzó, inevitablemente, su deterioro.

La casa fue reconstruida con respetando su arquitectura original.
La casa fue reconstruida con respetando su arquitectura original. Crédito: Santiago Ciuffo

Cuando los nuevos dueños llegaron, en el interior de la casa había animales curioseando entre muebles olvidados, como este banco colonial que hoy se luce en una de las frescas galerías a las que dan todas las habitaciones.

La alfombra de lana es de La Genuina. La chimenea, realizada durante una reforma, sostiene una colección de cubiertos de plata.
La alfombra de lana es de La Genuina. La chimenea, realizada durante una reforma, sostiene una colección de cubiertos de plata. Crédito: Santiago Ciuffo

Para devolverle el espíritu original a la casa, muchos muebles, como el juego de comedor y los aparadores, se compraron a las antiguas dueñas, que vivían en La Falda.

"A pesar de los años de maltrato, la casa resistió estoicamente, y pudimos hacerla renacer. De los antiguos moradores, sólo vivían dos hermanas, muy ancianas, que nos ayudaron a reconstruir la historia de Characato".

Con la esquila de las ovejas de la estancia, las mujeres de esta familia realizan mantas y tejidos que luego venden en La Cumbre.
Con la esquila de las ovejas de la estancia, las mujeres de esta familia realizan mantas y tejidos que luego venden en La Cumbre. Crédito: Santiago Ciuffo

Ámbito de actividad autosuficiente e industriosa, en Characato el fruto de la huerta se transforma cada día en alimento reconfortante y la lana se trabaja con esmero para crear encantadores tejidos.

La gran mesa de amasado de la cocina fue encontrada en un galpón y acondicionada para volver a inspirar platos absolutamente deliciosos.
La gran mesa de amasado de la cocina fue encontrada en un galpón y acondicionada para volver a inspirar platos absolutamente deliciosos. Crédito: Santiago Ciuffo

"Tierras de Agua": este nombre es la traducción de la voz comechingón Characato, con la que se bautizó la Estancia, y que es también el nombre del cerro que domina la zona y desde donde surge la vertiente de agua mineral que abraza la casa.

A la cama de hierro "Alas de Mariposa" la encontraron tirada en un galpón, rodeada de gallinas. "Un día vino una de las mujeres que había crecido acá y me dijo que esa cama había pertenecido a su abuela"
A la cama de hierro "Alas de Mariposa" la encontraron tirada en un galpón, rodeada de gallinas. "Un día vino una de las mujeres que había crecido acá y me dijo que esa cama había pertenecido a su abuela" Crédito: Santiago Ciuffo

Detalles encantadores en medio de la arquitectura austera.
Detalles encantadores en medio de la arquitectura austera. Crédito: Santiago Ciuffo

Para resguardar una de las galerías del fuerte sol de la tarde, se construyó una media sombra con pequeñas cañas entrelazadas. El último sol de la tarde indica que es hora de preparar las lámparas a querosene y las velas, que se prenderán cuando se apague el motor.
Para resguardar una de las galerías del fuerte sol de la tarde, se construyó una media sombra con pequeñas cañas entrelazadas. El último sol de la tarde indica que es hora de preparar las lámparas a querosene y las velas, que se prenderán cuando se apague el motor. Crédito: Santiago Ciuffo

En sus orígenes, las tierras de Characato, cercanas a La Falda, pertenecieron a la Estancia Jesuitica La Candelaria.
En sus orígenes, las tierras de Characato, cercanas a La Falda, pertenecieron a la Estancia Jesuitica La Candelaria. Crédito: Santiago Ciuffo

Nuestra Señora del Rosario del Milagro de Characato, a unos metros de la tranquera, fue construida en 1895 por la familia Peralta Guzmán, propietaria de la estancia en esa época, para que sus habitantes pudieran asistir a misa cuando venía a celebrarla un sacerdote itinerante.

Solitaria, en medio de un silencio que sólo interrumpe el viento, la capilla se alza junto al campo santo. Sus instalaciones fueron concebidas a lo grande, con coro, confesionario y sacristía para recibir al cura que venía periódicamente a celebrar misa.
Solitaria, en medio de un silencio que sólo interrumpe el viento, la capilla se alza junto al campo santo. Sus instalaciones fueron concebidas a lo grande, con coro, confesionario y sacristía para recibir al cura que venía periódicamente a celebrar misa. Crédito: Santiago Ciuffo

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