Counter-Strike: un fenómeno que se multiplica en las pantallas

El juego cuenta con legiones de fanáticos en todo el país
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8 de junio de 2001  

Un joven entra en el local repleto de computadoras, ocupa la máquina que tiene asignada y, al igual que sus compañeros de equipo, saca un teclado de su mochila y lo conecta a la PC, en reemplazo del original. Luego ejecuta el juego, que puede verse también en las pantallas que lo rodean. Se trata del Counter-Strike, un programa atestado de disparos que está causando un furor inaudito entre los amantes del género.

Así como un jugador profesional de pool siempre lleva su taco, el muchacho de unos 17 años prefiere utilizar sus propios elementos -que incluyen también mouse y auriculares- para evitar contratiempos; el torneo está por comenzar y el nivel es demasiado bueno como para dar ventajas. El encuentro, en este caso, es en un local de Corrientes y Junín, pero se repite todos los fines de semana en algún lugar de la ciudad.

La participación en el juego es por equipos y a través de una Red, que puede ser interna, como se usa en los torneos, o en Internet. Los que ingresan en forma individual se suman a uno de los bandos, pero la mayoría de los asiduos jugadores forma parte de un grupo permanente, que en la jerga se denomina clan.

"Uno de los mayores atractivos es la posibilidad de jugar en conjunto y armar estrategias", explica Alejandro Pérez, miembro del clan X-Treme, que se reúne diariamente en un cibercafé de Rivadavia al 2100. Su apodo es Caperucita, tiene 27 años y es el capitán del equipo en cada una de las competencias. "No es que yo juegue mejor que el resto, aunque sí soy el mayor. Pero la razón principal no es la edad sino el tamaño, ya que a veces las discusiones se ponen bastante densas", agrega Pérez, que mide 1,94 y pesa 120 kilos. Según comenta, "todos los capitanes suelen ser inmensos".

Al ingresar al juego, el usuario debe elegir entre ser terrorista o antiterrorista ("counter"). Luego de comprar armamento y optar por un mapa, comienza a caminar por una escena tridimensional, que se muestra en pantalla desde los ojos del personaje, como si se tratara de una cámara subjetiva. A este tipo de programas se los denomina juegos en primera persona (o FPS, por First Person Shooter).

A fines de marzo, Kimochi (Maipú 484) fue la sede del torneo más importante disputado hasta ahora en el país. En él participaron 32 equipos de 6 jugadores. La próxima edición -será la tercera- está prevista para agosto, y las expectativas de participación son todavía mayores. Como la mayoría de los locales de su tipo, Kimochi permanece abierto las 24 horas. El lugar cuenta con 61 computadoras, que todos los días y en cualquier horario se encuentran mayormente ocupadas. "Durante la semana, el momento que más gente juega es al mediodía. Muchos aprovechan el horario de almuerzo para dedicarle, al menos, media hora a cualquiera de los juegos instalados", dice Santiago Huang, encargado del local. "Si bien hay clásicos como el Quake y Diablo II -agrega-, el 70 por ciento viene a jugar al Counter. Hay gente que se queda durante 8 o 10 horas."

El reglamento de una competencia varía según el lugar donde se realice. La cantidad de participantes por clan suele ser 4 o 6 personas, y el precio de inscripción oscila entre los 30 y los 100 pesos por equipo. En la Argentina, los premios son básicamente componentes de hardware, software, horas libres para conectarse a la Red o suscripciones a revistas especializadas. El juego todavía no se ha profesionalizado, algo que sí ocurre a nivel internacional. Basta ingresar en www.counter-strike.net para ver la información de un campeonato que se realizará en Dallas a fin de año. La inscripción comenzó esta semana y el premio al equipo ganador será de 50.000 dólares.

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