Criar lejos de todos: cómo viven los argentinos que tienen hijos en el exterior

Mostrarles al mundo y darles estabilidad son dos factores que se repiten, pero hay otros menos felices que también comparten
Mostrarles al mundo y darles estabilidad son dos factores que se repiten, pero hay otros menos felices que también comparten Crédito: Shutterstock
Cecilia Acuña
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3 de junio de 2019  • 15:30

Amor, trabajo, aventura, seguridad económica: las razones que llevan a los argentinos a vivir en otras latitudes son variadas. Pero entre los que viven lejos con sus hijos hay varios denominadores en común. Aunque la tecnología haya logrado acortar las distancias, ellas y ellos no dejan de mencionar la soledad que sienten al tener que atravesar la paternidad lejos de sus familias y de sus amigos de siempre. " Ser madre lejos de tu país implica no tener una red de contención. Si de por sí la maternidad es una experiencia bastante fuerte, sin nada de familia se vuelve más compleja", asegura Julieta (41), mamá de tres hijos, expatriada entre México y Miami.

El problema de los husos horarios

Ángeles (39) es una argentina que vive hoy en Dublín con su marido italiano y sus dos hijas pequeñas. Antes de instalarse en Irlanda, la familia vivió unos años en Italia y otros en Malta. "Ser madre lejos de Argentina es todo un desafío, es aprender a ensayo y error porque si bien una puede hablar por teléfono con su mamá o con sus amigas madres, al final, hay una diferencia horaria que ya marca realidades diferentes. Si una de mis hijas se despierta con fiebre a las dos de la mañana, estamos solos. Y ahí te das cuenta de lo tanto que necesitás a una abuela o a una tía porque aunque tengas amigas en el país donde vivís no es lo mismo", cuenta.

Al cuidado de extraños

Coinciden en que no es lo mismo contratar a una niñera que dejarle los chicos a un familiar
Coinciden en que no es lo mismo contratar a una niñera que dejarle los chicos a un familiar Crédito: Shutterstock

Los hombres siguen siendo, en general, los que salen a trabajar mientras que las mujeres suelen quedarse en la casa cuidando de los niños. Martín (30), que vive con su esposa viven y su hijo de casi un año en Estados Unidos, cuenta que para que su mujer pueda salir al médico o a hacer un trámite, siempre tiene que estar él porque no existe la posibilidad de que un tío o un abuelo cuiden a su hijo: "En esos casos, habría que recurrir a niñeras que acá no son baratas, pero, por sobre todo, no se trata de un asunto económico sino de confianza. No nos da tranquilidad dejar a nuestro hijo con alguien que no conocemos demasiado. Lo que hacemos es incluir al bebé en todos nuestros planes porque no tenemos alternativa", cuenta.

La falta de referencias

La necesidad de contar con las personas de confianza de siempre no se limita al cuidado y a la contención emocional, sino también a otros aspectos prácticos de la maternidad. Rocío (32) y su marido viven en Barcelona con su hija de dos años. Para ella lo más difícil de recién estar conociendo gente nueva es el tener que resolver problemas sin la información básica que una da por descontada cuando reside en el lugar donde nació. "Cada duda, cada pregunta, desde dar con un buen pediatra hasta la elección de la escuela, implica una larga investigación más que nada porque si no tenés amigos que están en tu misma situación no te enterás ni tampoco podés pedir consejo a desconocidos", asegura. A un océano de distancia, Cecilia (36) desde Lima, Perú, con un hijo pequeño y otro en camino, cuenta la misma experiencia: "Para mí fue muy difícil encontrar un buen pediatra. Recorrí más de diez consultorios hasta cruzarme con uno que me convenciera porque acá no tengo a nadie que me recomiende".

Algunos incorporan a los chicos a todos los planes porque prefieren eso a dejarlos con alguien
Algunos incorporan a los chicos a todos los planes porque prefieren eso a dejarlos con alguien Crédito: Shutterstock

Las nuevas redes

Pero construir una red de contención tampoco es una tarea imposible. Las expatriadas con años de experiencia son un buen ejemplo para tomar. Ileana (42) vive en Washington DC con sus dos hijos y su marido norteamericano y ha logrado hacerse de un grupo de buenos amigos y socios que se dan soporte mutuamente. "Donde vivo la gente se muda muchísimo, todos venimos de otro lado y tenemos familia lejos. Entonces hay conciencia de que la red de contención se arma con amigos, vecinos, colegas, padres de los compañeros de los hijos. Acá todos somos el contacto de emergencia de la escuela de los chicos."

Cambios laborales

Otro de los temas que deben enfrentar los padres expatriados es la organización del trabajo y el cuidado de los niños. Viviendo afuera, al margen de las amistades que se puedan construir, no hay ninguna clase de soporte familiar posible por lo que trabajar implica sí o sí tener una persona de confianza, pagar una guardería o contar sólo con las horas de escuela de los más pequeños. "En mi caso, mi marido trabaja a tiempo completo y yo decidí reinventarme para poder estar en casa con mis dos hijos: creé una consultora que se llama Mamás por el mundo para acompañar a mujeres madres expatriadas", explica Érica (48) que vivió doce años en Francia, dos en Canadá y lleva ocho viviendo en Nueva York. Julieta desde Miami relata que ella siempre trabajó full time con una persona paga que le cuidaba a los hijos pero reconoce que le fue difícil hacerlo porque "dejarlos con un familiar te da una tranquilidad muy diferente".

Desde Dublín, Ángeles cuenta que Irlanda tiene uno de los sistemas de child care más caros de Europa y que por eso hoy no le resulta favorable en lo económico salir a trabajar todo el día y pagar una guardería. "El trabajo de mi marido es el que paga las cuentas así que la que se queda en casa con las chicas soy yo. Soy freelance, hago trabajos remotos, flexibles y part time."

Jardines y guarderías

"Siendo madre es todo sola, la ayuda siempre es paga incluso aunque tengas amigos. Ahora es diferente porque mis gemelas tienen trece años y mi hijo varón nueve, pero tanto mi marido como yo trabajamos siempre y mucho. Cuando los chicos eran pequeños teníamos a una persona con cama para que nos ayude porque de otra manera se nos hacía imposible con los horarios", es el caso de Ileana (47), que reside en México desde 2002.

La otra opción en el caso de que los dos trabajen es elegir un jardín maternal a tiempo completo y contar con personas de confianza que puedan dar una mano cuando la pareja necesite sus tiempos de soledad. "Al no tener las familias cerca, decidimos mandar a nuestra hija a un jardín que comienza a las nueva de la mañana y termina a las cinco de la tarde. A su vez, tenemos una red de tres niñeras que nos ayudan a tener nuestros espacios como pareja, por ejemplo, los lunes a la noche salimos los dos solos", cuenta Diego, un argentino casado con una madrileña, que reside en Barcelona con su hija de dos años.

Lo que más les preocupa es que no desarrollen vínculo con los familiares argentinos
Lo que más les preocupa es que no desarrollen vínculo con los familiares argentinos Crédito: Shutterstock

La identidad

El amor por lo argentino no parece ser un tema prioritario entre los expatriados. "Después de catorce años de vivir afuera no me preocupa que mis hijos no tengan vínculo con la cultura argentina. Antes me dolía pero ahora ya no. Hay un momento en el que te entregás a que las cosas son diferentes a como fueron en tu vida, ellos tienen un mundo de opciones que yo no tenía", explica Julieta.

De la misma manera se siente Fabrizio, de 38 años que vive con su mujer también argentina y su hija pequeña en Barcelona: "No nos preocupa el tema de la cultura argentina porque nosotros le enseñamos lo que somos como nuestras comidas, costumbres, música, etc. Sí nos inquieta que ella pueda quedar excluida en algún momento por ser hija de extranjeros".

Los vínculos con la familia

Ahora bien, lo que sí es importante para ellas y ellos es el apego de sus hijos con la familia extendida en abuelos, tíos y primos que no termina de salvarse a pesar de la comunicación virtual diaria que hoy es posible mantener. "Para mí lo más difícil de ser madre en otro país es que mi hija crezca sin estar en contacto permanente con mis padres y mis hermanos", confiesa Rocío desde Barcelona.

Elizabeth (41) es madre de dos hijos y vive en Toronto, Canadá. "Si bien la cuestión cultural no me preocupa tanto, en casa hablamos castellano y los chicos tienen maestra de español. Lo que sí me inquieta y me da tristeza es el tema de que ellos no tengan forjado el concepto de familia ampliada con el que crecimos nosotros", cuenta.

La posibilidad de criar ciudadanos con las puertas abiertas al mundo es una idea que las motiva. Desde México, Ileana, por ejemplo, asegura que le encanta que sus hijos sean multiculturales. Unos kilómetros más al sur, Cecilia, con residencia permanente en Lima, dice que no le preocupa el desarraigo que puedan atravesar sus hijos debido a posibles futuras mudanzas: "Ellos van a pertenecer a una familia en la que sus padres han tenido distintas experiencias cosmopolitas y yo pienso criarlos para que sean personas que puedan vivir en cualquier lugar del mundo".

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