Cuán cierto es que el pronóstico del tiempo es más atinado en otras latitudes
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El martes de esta semana, Victoria Raskin, una economista argentina que vive en Manhattan, tenía que entregar un informe en la universidad donde realiza su doctorado hace un par de años. Una vez entregado, estaba la posibilidad de quedarse leyendo en la biblioteca o volver a su casa. Chequeó en su celular la aplicación de pronóstico meteorológico y vio que en menos de una hora se venía una tormenta, el símbolo de la nube con el rayo la convenció para volver a casa. Su cálculo mental indicaba que durante los 30 minutos que separan su casa de la universidad estaría a salvo, por lo que decidió caminar. Cuando llegó a su departamento, cerró la puerta y el viento ya empezaba a soplar fuerte. La lluvia no tardó y el emoji de la nube con rayos se hizo realidad.
"El pronóstico que veo en la app es certero, dos días antes de ese martes decía que harían 30 grados y avisaba una alta probabilidad de tormenta. Y fue así, un calor sofocante y después lluvia, viento, caos. Con el correr del día fue especificando el horario. En general, el pronóstico es efectivo", dice Victoria que muchas veces chequea el clima porque Nueva York no es muy previsible.
¿El pasto del vecino es siempre más verde o realmente el pronóstico es más certero en otras ciudades? Según el observador meteorológico y columnista de LA NACION Diego Angeli (en twitter @JopoAngeli), es sin dudas más verde "la cultura meteorológica que puede tener una ciudad como Nueva York es muy distinta a Buenos Aires. Son sistemas con muchísimo más presupuesto porque es una necesidad económica, por ejemplo, cerrar un aeropuerto en una ciudad así puede tener un costo altísimo" y explica que como cualquier industria, más presupuesto, más tecnología dan por resultado más eficiencia. En el caso de Victoria, ese seguimiento hora por hora y la circunscripción a una región específica es mérito de los sensores y satélites.
Pero esto no vale para todas las ciudades
Rodrigo Goyena es de Río de Janeiro pero vive en San Pablo. Se casa en dos días en un salón que está sobre la playa y todo indicaría que va a llover "pero estoy seguro de que no será así. No le pegan mucho con los pronósticos", dice Rodrigo y cuenta que en Brasil nadie confía mucho en las predicciones meteorológicas aunque tampoco es un tema cotidiano como en los ascensores de Buenos Aires.
Es que Buenos Aires estamos algo despistados: venimos del mes de abril más cálido en 60 años, llegó el invierno de golpe, las lluvias prolongadas que nos dejaron con olor a humedad y ahora el frío con sol nos reconforta. Pero no es tanto el cambio climático lo que fastidia a los porteños, sino que el Servicio Meteorológico no le pegue. Las razones técnicas existen y se pueden leer en esta nota pero según Diego Angeli, el bufón meteorológico, como elige definirse, hay algo que cambia el humor de los porteños "si nosotros anunciamos en la tele que se viene una tormenta y no llega al centro de Buenos Aires pero arrasó en Chascomús parece no tener importancia. Si no pasa en Capital, no pasa en ningún lado y la culpa es del Servicio Meteorológico Nacional por no acertar" y destaca que Buenos Aires es el tercer casco más grande del mundo después del DF y San Pablo, esa extensión da un margen de error más elevado.
"En todas las estaciones del año, Londres está nublado. Es terrible pero por suerte existe Accuweather. Recuerdo que el verano pasado, pronosticaron sol de jueves a domingo. Yo me pedí esos días en el trabajo para poder ir al Hyde Park a tomar sol, llevé bronceador y me instalé los cuatros días", dice Benjamin Woodward que casi todas las noches, al sintonizar el noticiero presta atención al presentador del clima.

Aunque cada uno tiene sus apps preferidas, no hay unas más confiables que otras, como explicaba Angeli, tener más recursos (estaciones, muestreos, sensores) es lo que da una mejor información y en menos tiempo, eso se replica en las diferentes plataformas. Y los presentadores del tiempo en medios de comunicación también trabajan con los datos que llegan del Servicio Meteorológico Nacional, que en comparación a otros países "tiene todas las de perder por el bajo presupuesto. La gente le exige mucho y por empezar, somos un país que no está radarizado", dice Angeli que sabe que su profesión es como la de un árbitro, que muchas veces lo deben insultar. "Yo entiendo que para el laburante, lavar el auto y que te llueva a las dos horas es un garrón pero el SMN es un Organismo de Defensa, ataca la tormenta, no el chiquitaje".
El límite es la naturaleza y eso es difícil de tolerar, que el viento pueda cambiar o una tormenta puede desactivarse. Melbourne es una ciudad donde pueden acontecer las cuatro estaciones en un día. Teresa Goldberg vive en Melbourne y no se amarga frente a una lluvia repentina "El pronóstico es certero pero los que vivimos en Melbourne sabemos de la imprevisibilidad, no se trata de confiar o no en lo que dicen en la tele, es abrazar la naturaleza, es la que decide", dice Teresa.
Quienes están más pendientes del clima para planificar sus días, sufren un poco con lo imprevisible. Lucile Hochart vive en París y chequea a diario su app del clima, "es habitual que cuando las previsiones anuncian sol, con mis amigos empecemos a organizar un pic nic o algo al aire libre" y confiesa que ya conoce las terrazas y los horarios de la ciudad donde da el sol. Lucile confía en el pronóstico del día mismo pero no cree en las previsiones más extendidas.
Chequear el clima es una costumbre diaria. La contratapa de los diarios quedó vieja, las aplicaciones informan hora a hora y hasta mandan alertas si una tormenta se está acercando, los meteorólogos tienen sus propios programas en la tele, es el tema de charla con los encargados de edificio y la manera de romper los silencios incómodos. En Buenos Aires, a todo esto hay que sumarle la queja de que "no le pegan nunca", que al parecer, compartimos con otras ciudades.
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