
Cuando la imagen es noticia
Con motivo del 138° aniversario de La Nacion, el 4 de enero estará en la calle una edición especial con 140 páginas dedicadas al fotoperiodismo. Allí se recorre la historia del diario con retratos inolvidables y se muestra la evolución de la fotografía como pieza clave de la información
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En el principio fue el texto. Cuando LA NACION llegó a los lectores el 4 de enero de 1870, en su formato de 77 centímetros de alto por 53 de ancho, sus 8 columnas de 6 centímetros cada una y sus solitarias cuatro páginas, la palabra escrita reinaba allí sin discusión.
Las brillantes plumas de José Martí (corresponsal en Estados Unidos) o de Rubén Darío lograban que el lector se transportara en su imaginación al lugar y al momento del hecho. Tal era la sugestión y la potencia de la palabra escrita.
Pero el diario fue creciendo en páginas y dimensión a medida que se fueron ampliando los intereses y los gustos de sus lectores; la tecnología también se fue diversificando, y la presencia de la ilustración se hizo imprescindible.
En el periodismo internacional, las pesadas cámaras fotográficas se habían convertido en auxiliares indispensables de la tarea cotidiana. Así, Roger Fenton, fotógrafo británico en plena era victoriana, se había convertido en el primero en cubrir una guerra (el sangriento conflicto de Crimea, de 1854 a 1856). La Guerra de Secesión (1861-1865), en los EE.UU., dio campo libre para los espléndidos trabajos de Mathew Brady y Timothy O’Sullivan, con su galería de fotografías de solitarios cadáveres de combatientes de ambos bandos.
En los últimos años del siglo XIX, si bien la fotografía ya se había impuesto, como un arte tanto como un simple registro de la realidad, los diarios argentinos no la habían incorporado aún. El 15 de febrero de 1898, al ser hundido el acorazado norteamericano Maine en aguas cubanas (un hecho que terminaría provocando la guerra hispano-norteamericana), LA NACION recurrió a un dibujo de pluma de la nave para ilustrar el suceso.
Los primeros retratos fotográficos presentados por LA NACION fueron el del presidente brasileño Manuel Ferraz de Campos Salles, publicado el 24 de octubre de 1900, y el del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mariano Antonio Espinosa, en la edición del 18 de noviembre de ese mismo año.
El 4 de septiembre de 1902, LA NACION publicaba su primer Suplemento Ilustrado, que salía los jueves, con ocho páginas y menor tamaño que el diario, llamado a contener una rica galería fotográfica de las figuras y los acontecimientos del país y del mundo.
En enero de 1904, LA NACION anunciaba a sus lectores que las ilustraciones fotográficas empezarían a menudear en la edición cotidiana del diario y que sus lectores no deberían entonces esperar a la edición del Suplemento Ilustrado de los jueves para tener una versión gráfica de los sucesos de actualidad. Afirmaba entonces el diario, explicando el cambio: “Hoy en día, la impresión de fotograbado con máquina rotativa, que hace algo más de dos años era un problema muy difícil, es un punto resuelto”.
La incorporación del color en las ediciones de LA NACION, otra innovación gráfica que con los años se combinaría con los avances tecnológicos de la fotografía, se ensayó el 1° de enero de 1902, con la aparición del primer número extraordinario en color, y el 25 de mayo de ese mismo año, con un número especial lujosamente ilustrado en su tapa con un dibujo en color de José María Cao.
Con la edición especial para el Centenario, publicada el 25 de mayo de 1910 –700 páginas profusamente ilustradas–, la fotografía había llegado a su era adulta en el diario. Curiosamente, sólo en 1920 el Archivo de Redacción empieza a registrar en sus sobres y cajas material fotográfico propio, excepción hecha de algunas imágenes aisladas, algunos espléndidos trabajos conservados en vidrio, de la actividad política de Bartolomé Mitre, Julio A. Roca y otros personajes notables de comienzos del siglo XX.
Durante los años de la ágil y renovadora dirección de Jorge A. Mitre (entre 1912 y 1932), los avances tecnológicos del diario fueron vertiginosos, y la fotografía no fue una excepción. El 28 de junio de 1919, día de la firma del Tratado de Versalles, el corresponsal de LA NACION en Europa, Fernando Ortiz Echagüe, hizo que se tomaran las fotos del evento. Con las placas aún sin revelar, viajó a París en automóvil. En la capital francesa, las imágenes fueron finalmente reveladas y se sacaron las copias correspondientes. El material fue enviado desde allí por tren a Madrid. Desde esta ciudad, en motocicleta se lo llevó hasta el puerto de Cádiz, donde fue embarcado en el transatlántico Reina Victoria Eugenia. Este, por su gran calado, no podía entrar al puerto de Buenos Aires, y tuvo que atracar en Montevideo. En esta última ciudad, el material gráfico era esperado con gran ansiedad por el famoso pionero de la aviación Antonio Locatelli, que voló y pudo finalmente entregarlo en la sede de LA NACION, en la calle San Martín al 300.
Como resultado de este complicado operativo, las fotos de la firma del Tratado de Versalles, que se habían tomado el 20 de junio de 1919, fueron publicadas como primicia por LA NACION 21 días más tarde, todo un récord para su tiempo.
El 12 de noviembre de 1920, el diario titulaba: “El aeroplano en los servicios periodísticos”, la hazaña del aviador Wilmott, que con un avión Scout, tras un accidentado vuelo, había traído hasta el campo militar de El Palomar los informes periodísticos y el material gráfico correspondiente al homenaje a Justo José de Urquiza realizado el día anterior en Paraná, Entre Ríos. Era la primera vez que esta hazaña, la recepción rápida de noticias y fotografías mediante la utilización de un aeroplano desde un punto distante de donde se editaba el diario, se cumplía en América del Sur.
En otro hito histórico, el 10 de enero de 1929, LA NACION utilizó un avión Curtiss, que llevaba escrito en sus alas el nombre del diario y era piloteado por Guillermo Hillcoat: partió de San Fernando y voló sobre localidades bonaerenses transportando ejemplares del diario con gran anticipación. Pero junto a Hillcoat, además, viajaba Enrique Broszeit, que debía obtener fotografías aéreas de localidades como Guaminí, Bahía Blanca, Tres Arroyos, Necochea, Mar del Plata, en un verdadero primer raid aéreo dispuesto con fines fotográficos.
La era del huecograbado
Un gran avance en la mejora del material fotográfico tuvo lugar el 14 de junio de 1925. Ese día, el suplemento dominical del diario se realizó en rotogravure, o huecograbado, impreso en la Compañía General de Fósforos. y el 22 de marzo de 1931, el diario inauguró sus talleres propios para esa especialidad. Las ediciones en huecograbado se identificaron plenamente con el suplemento dominical del diario hasta 1969, año de la aparición de la Revista LA NACION.
Desde mediados de los años 30, otro tipo de material fotográfico de gran interés para nuestros lectores ganó las páginas de la edición dominical del diario. En plena época de oro de Hollywood, el diario contaba con un experto cinematográfico y verdadero embajador ante la colonia artística de la meca del cine norteamericano. Se trataba del periodista Manuel Peña Rodríguez (1906-1970), que entre 1925 y 1942 se dedicó a realizar extensas y minuciosas notas de cine, entrevistando a estrellas y cineastas en su mejor momento (de Marlene Dietrich a Bette Davis, de Boris Karlov a Errol Flynn). Cada una de esas notas, solía llegar acompañada con fotografías firmadas por los astros y dedicadas a los lectores. En la edición del 29 de diciembre de 1935, Cary Cooper hacía un cálido saludo de “feliz año” posando como hombre-sándwich con la propaganda del diario en su cartel.
Dijo de don Juan Di Sandro uno de sus compañeros de tareas: “Nació fotógrafo”. Fue un extraordinario reportero gráfico y, como tal, un eficaz testigo de los hechos. Maestro de fotografía sin habérselo propuesto, trabajó más de 60 años en LA NACION. Cuando cumplió medio siglo de labor dijo, al agradecer el homenaje de sus pares: “Vine humildemente como el personaje del libro Corazón, de los Apeninos a los Andes. Yo, de los Apeninos a LA NACION”.
Ingresó en el diario a los 16 años como ayudante del jefe de Fotografía, don Nazareno Palestrini, y su primera nota, seis meses después, fue la inauguración del puente Almirante Brown en La Boca, acto presidido por el entonces vicepresidente de la República, Victorino de la Plaza.
Algunas de sus fotos son muy famosas, como el Graf Zeppelin inmóvil sobre Buenos Aires, la visita del príncipe Humberto de Saboya y la de Eduardo de Windsor, o la comentada imagen de Hipólito Yrigoyen “en camiseta” –que no es tal, sino simplemente una camisa sin el cuello postizo habitual– observando junto al infaltable Elpidio González un incendio en la Aduana.
Recorrió durante los años 30 y 40 la mayor parte del país, grabando inolvidables aspectos de sus bellezas naturales, de las actividades sociales, deportivas o policiales, así como captando enfoques magníficos de nuestras ciudades, tomados desde tierra y desde el aire.
Otros nombres del blanco y negro
En períodos posteriores se destacan las espléndidas imágenes de Adolfo Romero (“Romerito”), que había entrado en el diario en 1920, o la del montevideano Oscar Bibiano, que con su figura pequeña y su infaltable cigarrillo, que parecía colgarle de la boca, se había hecho conspicuo en los hipódromos de ambos lados del Río de la Plata. ¿La especialidad de Bibiano? Los instantes más emocionantes de cada carrera, la arremetida final del potrillo ganador.
A ellos se sumaba la dinastía de los Bugge. Miguel, que trabajó como estupendo reportero gráfico desde 1965 hasta 1986, o Víctor E. Bugge, su hijo, que tras iniciarse en el diario se convertiría en fotógrafo de la Presidencia de la Nación.
El menudito e hispánico Alfredo Fraga (naturalizado argentino) ganó en 1964 el premio Círculo de la Prensa-Siam Di Tella a la mejor fotografía periodística por la cobertura del terremoto que sacudió a Chile en marzo de ese año. Antonio Montano, que llegaría a la jefatura de la Sección Fotografía, acumuló premios y experiencias en su haber, y son especialmente recordadas las imágenes que obtuvo durante un viaje al convulsionado continente africano en la década del 70.
A todo ello se suman los estupendos retratos en claroscuro, verdadera especialidad de Antonio José Deluccio, que desde 1960 trabajó en la sección Fotografía, y a partir de 1969 obtuvo alguna de las imágenes más impactantes de la flamante revista del diario. En épocas más recientes, recordamos la audacia del entrañable Oscar Piñeiro, que debió cubrir en octubre de 1983, cuando el regreso a la democracia, los dos grandes actos masivos protagonizados en la avenida 9 de Julio por el radicalismo y el peronismo. Para poder hacerlo y registrar en imágenes la dimensión de los dos actos, y poder comparar el número de sus asistentes, Piñeiro debió escalar el Obelisco. Lo hizo por la escalera marinera de su interior, sin descansos ni pasamanos, a oscuras, con mucho hollín y lidiando con el peso de los equipos fotográficos. Para el primer acto, el de Raúl Alfonsín, la trepada le tomó 15 minutos; para el segundo, el de Luder, Herminio y el “cajón”, apenas diez.
Gajes del oficio
A veces, el riesgo que corrían los fotógrafos rozaba lo insólito. El 26 de diciembre de 1959, mientras se disputaba el partido de pato entre los equipos de Las Heras y El Cencerro, Alfredo Fraga se acercó con su cámara para obtener una buena toma de uno de los jugadores, que se dirigía en su dirección. El jinete quiso frenar el caballo, pero desestribó y Fraga terminó golpeado por el animal. Mirto J. De Mori, su colega del diario, obtuvo una impactante imagen del compañero caído.
Otro insólito ataque tuvo lugar el 7 de enero de 1985, cuando Alejandro Ochoa fue violentamente golpeado con un salvavidas en la playa Popular de Mar del Plata por haber querido registrar el operativo de rescate de una joven en peligro.
El 13 de marzo de 1986, cuando el fotógrafo Adolfo Passalacqua cubría un paro y movilización de los empleados judiciales dentro del Palacio de Justicia, fue detenido por personal de la comisaría del Palacio, la que le exigió que entregara el rollo fotográfico. Tras prolongada discusión, y ante la negativa del fotógrafo, las autoridades policiales consultaron con la Superintendencia de la Corte Suprema y se ordenó dejarlo en libertad sin quitarle el material fotográfico.
Un hito clave en el desarrollo de la fotografía en el diario tuvo lugar el 6 de julio de 1969, cuando apareció el primer número de la Revista LA NACION. En su tapa resplandecía la fotografía en color de la actriz italiana Claudia Cardinale, que había concedido una entrevista exclusiva al diario. Así, la fotografía tomaba otra dimensión, y por años los estupendos trabajos en color se sucedieron en los números de la Revista, que en los primeros tiempos contó con el trabajo de los fotógrafos Antonio J. Deluccio y Norberto Mosteirín.
Cuando, el 14 de agosto de 1994, el color hace su aparición en la primera plana del diario, la era de la modernidad alcanzaba plenamente a la fotografía, que se hizo digital y les dijo adiós a los negativos y las viejas máquinas. Una historia de evolución constante, de adaptación a los nuevos tiempos y de una sólida alianza entre la palabra escrita y la imagen que en la nueva centuria LA NACION encara como siempre, con toda audacia, como un nuevo desafío.
Para saber más: www.lanacion.com.ar






