
Cuatro voluntades y un destino
Con "El número imperfecto" aún fresco, Catupecu Machu inicia su gira de verano. El flamante festival Gesell Rock será su primera parada y hasta allí irá el cuarteto de los inquietos y desconcertantes hermanos Ruiz Diaz, Herrlein y Macabre
1 minuto de lectura'
Nada es lo que parece en Catupecu Machu. Ahora mismo Fernando Ruiz Díaz está hablando, gesticulando y moviendo los brazos, como quien necesita completar su idea con ademanes y aún así es el mismo que a los 8 años tocaba la guitarra criolla. Su hermano Gabriel lo sigue con atención y más allá del rol de productor artístico que hoy ostenta, carga con un pasado de violero. Muy de cerca están Herrlein, batero con todas las de la ley... desde que dejó su primer amor, el acordeón, y Macabre, un señor bajista que cambió las cuerdas por las teclas. Así es. Bienvenidos entonces a la dimensión Catupecu, donde los discos tomarán la forma que sus músicos quizá nunca planearon; sus shows resultarán un inquieto balance entre horas de ensayo e imprevistos y sus giras, interminables, depositarán a sus integrantes en lugares que nunca soñaron que pisarían. Eso sí, hay una certeza y es que sus miembros se seguirán vistiendo de negro.
Pilar de la nueva generación de festivales, la banda que se formó en Villa Luro no faltó a casi ninguno y fue una de las que más provecho le sacó a eso de tocar para audiencias multitudinarias. Ahora, con el flamante Gesell Rock a la vuelta de la esquina, el cuarteto se afila los colmillos y deja que la adrenalina fluya. "Yo me acuerdo del primer Cosquín Rock -arremete Fernando-. En esa época todo estaba muy verde, no había auspiciantes y se trataba de una apuesta a futuro. Ahora tenés el de Buenos Aires, los de Córdoba, este nuevo de Gesell y muchos más. Nosotros lo vemos como una situación ideal para compartir, porque disfrutamos mucho de los ensayos, de la creación de los temas, pero en el momento en que hacés un show es para brindarle algo a la gente y está bueno que se creen espacios como el de los de los festivales."
Que Catupecu volvió a rockear, que volvió a incluir el bajo en sus canciones, que dejó la experimentación... muchas cosas se dijeron de "El número imperfecto", el quinto disco del grupo, que ahora les da a los músicos la distancia suficiente para hablar de él. "Cuando grabamos ?Cuadros dentro de cuadros´ -comenta Gabriel-, teníamos un plan, buscar algo desde cero, desde la nada y éste llegó después de dos años de tocar con Javier (Herrlein) y tres con Macabre. Cuando empezamos a hacer estas canciones y a tocarlas, ya teníamos cierta sensación de banda que se había creado en las giras."
Fernando: -Más allá de lo que uno quiera reflejar en un disco, todo tiene que ver con el estado de ánimo. Cuando grabamos el disco anterior estábamos experimentando la nueva reencarnación de Catupecu: el reingreso de Herrlein y el primer disco en el que grababa Macabre. Hay grupos que pierden a un integrante y tardan cinco años en reacomodarse. Nosotros podemos estar cayéndonos y, al mismo tiempo, escribiendo la letra de una canción.
Tras "Dale" (1997) y "A morir" (1998), en 2000 llegó "Cuentos decapitados", donde "la canción según Catupecu" terminó de moldearse. Luego patearían el tablero con "Cuadros..." ("fue como llegar con una topadora y tirar todo abajo... por qué había que grabar las canciones siempre de la misma manera") y, quizá, su más reciente criatura marque una síntesis. "Yo siento que «El número...» tiene elementos de los tres discos anteriores y cosas nuevas -agrega Gabriel-. Pero es la sensación que tengo ahora, después de haber escuchado varias veces el disco, porque no lo buscamos. Es más, hay cosas que quizá las hablamos antes, en la sala, pero durante el proceso de grabación no volvieron a aparecer y, sin embargo, se volcaron en el disco y eso es porque el álbum tomó el curso que quiso."
Herrlein: -Las canciones nos mandaron a nosotros a hacer las cosas de una manera determinada. Un tema pedía algo y había que dárselo. A Fernando las canciones ya le salían redondas desde el comienzo.
Fernando: -Eso es cierto, pero después, cuando nos juntamos, empezaron a aparecer las deformidades, como "Oxido en el aire". Armamos la estructura y cuando aparecí con la letra, la melodía iba por otro lado y costaba escuchar el tema. Lo mismo pasó con "Muéstrame los dientes".
Herrlein: -La canción había salido en la sala y yo me imaginaba la línea melódica de la voz de Fernando de una manera. La imaginé tantas veces así que cuando cayó Fernando no entendía nada. El tiró todo a la m... ¡Uh! (Herrlein tiró la Coca con su brazo izquierdo y empapó al silencioso Macabre).
-En el disco anterior se incorporó Herrlein y en este Macabre pasó de invitado a miembro estable. ¿Hubo un replanteo interno?
Fernando: -Somos gente inquieta y poco conformista. Con el tiempo aprendimos a disfrutar de los momentos porque pasan rápido, pero el nuestro no es un camino hacia el éxito. El replanteo surge de decir qué es lo que queremos hacer y no de elaborar una estrategia para que las cosas resulten de determinada manera. Fijate que todos los que están en Catupecu tocaban otros instrumentos y terminaron acomodándose a lo que la banda pedía. De esto me estoy dando cuenta ahora. Yo empecé a tocar la guitarra eléctrica con el grupo, porque antes tocaba la criolla de una manera muy instintiva. Empecé a los 8 años, hasta que agarré la eléctrica de Gaby. Herrlein, originalmente, era acordeonista; Macabre, bajista, y Gabriel, antes de ser productor y bajista, era guitarrista.
-Volviendo al disco, en algunas letras se notan las experiencias acumuladas en la noche.
Fernando: -Soy una persona a la que le gusta salir, pero no hago un culto. Me pasó con algunas notas que nos referimos a eso y se tomó como que en este disco hablamos del reviente. Disfrutamos de la noche como también disfrutamos de la mañana, lo que pasa es que un músico es como un amplificador, hace algo y todos se enteran. Quizás este disco tenga algunas cosas tormentosas, porque en el transcurso de la grabación me separé de mi novia, y Gabriel y Macabre también. El disco atraviesa distintos estados, pero las letras surgen inconscientemente. Cuando escribo estoy en un estado de trance en el que sólo veo la mano y la lapicera, y a veces ni siquiera las veo.
Cromañón y la cultura del aguante
- Está claro que la tragedia de Cromañón es un tema de conversación y debate ineludible y los Catupecu tienen su visión sobre lo sucedido. "Quiero ser muy cuidadoso porque hay una cosa fundamental que es el dolor por las 190 personas que murieron -comenta Fernando Ruiz Díaz-. Pienso que no es culpa de todos y yo no me siento responsable por lo que pasó en Cromañón. Me acuerdo que hace 7, 8 años, en un show nuestro, un pibe prendió una bengala y le rozó el brazo a una chica. Yo paré el show y le dije de todo. Es algo que te puede pasar, pero hay que detenerlo a tiempo. ¿Te acordás del pibe que mató a dos chicas mientras corría una picada? No era la primera vez que lo hacía, llevaba años picando a más de 120 kilómetros por hora y cuando tentás tantas veces al diablo puede pasar lo peor. Nosotros nunca adherimos a la cultura del aguante, siempre planteamos un espectáculo desde arriba del escenario como lo hacen Spinetta, Cabezones, Divididos, Las Pelotas, Massacre y muchísimos artistas más. Espero que esta cultura haya llegado a su fin, y que haya un antes y un después de la tragedia."






