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El café con leche es una de las combinaciones más consumidas en el mundo. Expertos coinciden en que esta forma de disfrutarlo, con moderación y en el contexto de una dieta equilibrada, puede aportar beneficios. Sin embargo, hay recomendaciones para evitar molestias gástricas y optimizar su valor nutricional.
El café con leche se consume en distintos países bajo diferentes nombres y proporciones. En América Latina, el café filtrado suele mezclarse con leche caliente, mientras que en Europa predominan las versiones con expresso y leche vaporizada. Las cafeterías modernas han incorporado espuma, jarabes y opciones personalizadas.
La nutricionista Michelle Ferreira, del Instituto Nutrindo Ideais, explica que el café con leche puede ser beneficioso para quienes no presentan intolerancias:
“La leche no es automáticamente inflamatoria”, aclara Ferreira. Solo puede causar problemas en casos específicos:
Una ventaja de esta mezcla es que la leche reduce la acidez percibida del café, haciéndolo más suave al paladar y menos agresivo para el estómago. Esto favorece a quienes sufren de reflujo o molestias gástricas con el café negro.
Ferreira recomienda leche A2, que contiene solo la proteína beta-caseína A2, más fácil de digerir que la A1 presente en la mayoría de leches comerciales. “No es deslactosada y las personas con intolerancia deben buscar opciones sin lactosa”, aclara.
Sí, desde los cinco años, en cantidades pequeñas y diluidas. Sin embargo, el exceso de cafeína afecta el sueño, el apetito y la absorción de calcio, por lo que se recomienda una taza pequeña al día como máximo.
La proporción sugerida por los especialistas es 2 partes de leche por 1 de café (150 ml de leche + 75 ml de café). En adultos sanos, se recomiendan 2 a 3 tazas de 200 ml al día, manteniendo la ingesta total de cafeína dentro de los 300 mg diarios.
En embarazadas y mujeres lactantes, el consumo debe reducirse o eliminarse según indicación médica.
La nutricionista Daniela Zuin aconseja:
Por Camila Paola Sánchez Fajardo




