
De amor y de sombra
Los romances de dos singulares mujeres de la familia Guerrero son el eje de una visita guiada que comienza en el barrio de Monserrat y termina en un castillo de 1894, a 168 kilómetros de Buenos Aires
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Corría el siglo XIX cuando el sur de la ciudad se distinguía como zona de residencia de la aristocracia porteña. Más allá de la avenida Patricios, surgía Barracas, una postal de quintas distinguidas. Allí residían Martín de Alzaga -nieto y heredero de la fortuna de aquel Martín de Alzaga de la Conspiración de 1812- y los Guerrero, otro apellido de la elite.
A ese primer destino temporal viaja una nueva visita guiada organizada por el grupo de historiadores Eternautas; un tour en combi que hace foco en los romances de dos mujeres significativas. El circuito que transita historias de amor y de sombra comienza en la plaza San Martín y hace escala frente a la sede de la SADE, México 524, en Monserrat. Porque en una de las habitaciones de la casa José Hernández nació quien será protagonista de la primera mitad de la salida: Felicitas Guerrero. Pero es cuando el bus se aleja de esa construcción de estilo academicista italiano cuando el guía comienza a narrar el capítulo I de lo que será un día de novela.
"A los 18 años, Felicitas se casa con Martín de Alzaga -relata Federico Scigliano-; según los rumores de la época, para quedarse con la fortuna del cincuentón." Sin embargo, el arreglo no era de extrañar: era costumbre de esta clase organizar matrimonios entre sus miembros para conservar la riqueza.
La tragedia no tardó en llegar a la pareja: sus dos hijos murieron; el segundo, Félix, en 1969, víctima de la epidemia de fiebre amarilla. "Y, un año más tarde, con el fallecimiento de Alzaga, Felicitas queda sola, rica y estanciera".
A los 26 años, esta mujer -dicen que muy bella- volvió a brillar en las fiestas de la alta sociedad y a romper los corazones de varios de sus pretendientes con el anuncio público de su compromiso con Anselmo Sáenz Valiente. Hasta que el 29 de enero de 1872, uno de los más fervientes admiradores de la joven, Enrique Ocampo, irrumpió despechado en la quinta familiar para hablar a solas con su enamorada. De lo que sucedió después sólo llegaron hasta hoy una fuerte discusión y dos disparos: uno hirió de muerte a Felicitas; el otro terminó con Ocampo.
Los pasajeros del tour no se pierden detalle. Están quietos, en el escenario de los hechos. Las ventanillas del vehículo -estacionado en Pinzón al 1480- enmarcan, a la derecha, la plaza Colombia (donde se levantaba la residencia de los Guerrero); a la izquierda, la iglesia que los padres de la joven levantaron en su honor en el solar de la antigua propiedad, siete años después de la fatalidad. "Santa Felicitas es la primera construcción monumental erigida antes de la federalización de Buenos Aires y el único templo de estilo gótico alemán existente fuera de Alemania", apunta Scigliano.
Mientras los participantes de la visita debaten acerca de la resolución del caso policial, Barracas va quedando atrás y se abre un paréntesis en la temática del paseo para hablar del Puente Transbordador, de los actuales proyectos gubernamentales para unir La Boca con Puerto Madero, de los barrios fabriles. Todo esto, hasta que la combi se encamina por la ruta 2, en dirección a Castelli. Los 168 kilómetros se enriquecen con charlas histórico-culturales, preámbulos del segundo capítulo de la novela.
Rumbo al castillo
¿Quién no reparó, alguna vez, en el castillo centenario que -en dirección a Mar del Plata- aparece a la vera del camino? Ese palacio que se esconde entre magníficas arboledas, vecino al río Salado, es el casco de la estancia Villa Raquel, escenario elegido para pasar el resto del día.
Después de dar una paseo a pie por el parque -ver recuadro- y degustar un exquisito almuerzo (sirven empanadas, asado completo y flan casero), Daniel Gómez se presenta al grupo como anfitrión del día al aire libre. Un hombre que si sabe tanto de la historia del lugar es porque reside allí desde hace 20 años y, sobre todo, porque acompañó a Valeria Guerrero -sobrina nieta de Felicitas, heredera de las últimas hectáreas de campo- hasta su muerte.
Según revela en su libro Surge Pinamar, fue ella quien convenció a Bunge para construir un balneario exclusivo en sus tierras. Al parecer, el afamado arquitecto quería hacerlo a su modo.
"¿Qué dicen de esto las malas lenguas? -pregunta el Eternauta-. Que entre Valeria y Bunge había una historia de amor; y que una vez que él consiguió los terrenos y el dinero para levantar su ciudad, huyó", responde. Cuentan, además, que por despecho, Valeria resolvió fundar su propio lugar cerquita de Pinamar: Valeria del Mar.
El té de las cinco se sirve puntual, después de visitar el interior del castillo y dar una caminata por los enigmáticos senderos del parque.
El atardecer cambia el paisaje y señala la hora del regreso.
Eternautas. Para mañana, los guías preparan la visita de jornada completa Los Guerrero . Es necesario inscribirse por el 4781-8868 o 15-4173-1078. Por persona, el viaje cuesta $ 65 (incluye traslados, guías, almuerzo y merienda en la estancia).
Para planificar una escapada a la estancia por cuenta propia es necesario reservar por el 4735-4864 o (02242) 432602. Pasar el día cuesta $ 70 (con comidas, un paseo guiado por el lugar, cabalgatas). Alojamiento por el fin de semana, con pensión completa y actividades ($ 150, por persona, en base doble).
Un parque con acento danés
A pedido de Valeria -fallecida en 1992-, el castillo y el parque de la estancia se conservan en su estado original. Parte de los méritos se los lleva el coordinador de la Fundación Guerrero, Daniel Gómez, anfitrión de los visitantes. El parque que rodea la edificación merece especial atención, tanto por su diseño como por las leyendas que guarda entre sus variadas especies. El recorrido por esta joya paisajística -ideada en 1895 por un sabio de apellido Forker- depara una sorpresa a cada paso, historias inesperadas que cobran vida en los relatos de Daniel. Así, el recorrido por los pasillos que delinean árboles y arbustos resulta un paraíso para el olfato.
Aquí nada es caprichoso. Cada sendero forma una diagonal, enfocada hacia un viento frecuente de la zona y, también, hacia el amanecer y el atardecer: los días 21, con los cambios de estación, el sol sale por una calle y se oculta por su continuación. "Cuando el danés se fue dejó algunas recomendaciones. Por ejemplo, señaló dónde debía construirse la piscina", cuenta Gómez. Así lo hicieron, sin saber bien por qué. Suponían que se trataba de un efecto visual: desde la cúpula del castillo el agua de la pileta se ve como una continuación del lindante río Salado. Con el tiempo descubrieron que, en realidad, el espejo de agua refleja el castillo completo. Una maravilla.






