
De la cárcel rusa a la alfombra roja: la doble vida de las Pussy Riot
Tras haber estado presas por protestar contra Putin, las activistas reaparecen como los nuevos íconos pop de la escena norteamericana
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NUEVA YORK (The New York Times).- "¿Dónde está Nadya?" Un lluvioso día en Manhattan, un grupo de publicistas de arte está parado frente al auditorio de la feria de arte Frieze, tratando de escoltar hasta un automóvil a dos de las fundadoras del famoso grupo de protesta Pussy Riot.
María Alejina está presente, con anteojos de marco ancho, rulos rubios e ingobernables y una cartera sobre bajo el brazo, regalo de un fan. El marido de Nadya Tolokonnikova está charlando con un reportero sobre la posibilidad de tomar clases de surf durante su viaje a Los Ángeles. También está presente el intérprete del grupo.
Pero Nadya, también conocida como Nadezhda, se aparta del grupo, tal vez para echarles un ojo a las obras exhibidas, que forman parte de la muestra de arte en la que ella y Alekhina, conocida como Masha, acaban de dar una charla.
Nadya reaparece un momento después con una sonrisa pícara y un guardia de seguridad que la escolta. Su remera lleva en el pecho la imagen enmascarada del subcomandante Marcos, el combatiente guerrillero mexicano.
"Te lo juro -dice con una carcajada Inge Colsen, la publicista del grupo - es como arrear revolucionarios."
Para Nadya, de 24 años, y María, de 25 -las dos caras más reconocibles del colectivo de arte feminista Pussy Riot- ser arreadas, o incluso mostradas, se ha vuelto algo esperable. Las dos están en la calle desde las 6 de la mañana, entre la isla de la prisión de Rikers -apenas visible cruzando el agua- hasta los aficionados del arte de aquí, en Randalls Island, donde fueron entrevistadas sobre el escenario por David Remnick, editor de The New Yorker.
Apenas cinco meses han pasado tras su liberación de una prisión rusa, donde cumplieron una condena por "vandalismo" por haber realizado una protesta contra Putin en el interior de una iglesia ortodoxa rusa. Junto con otra integrante del colectivo artístico que fue liberada antes, estuvieron 16 meses en la cárcel por esta acción, después de un juicio que algunos describieron como una farsa. Mientras estaba presa, Nadya estuvo desaparecida algunas semanas (más tarde fue ubicada en un hospital de Siberia) y María dijo que fue sometida a exámenes ginecológicos forzados.
Desde entonces, han formado la agrupación sin fines de lucro Zona Prava, que significa algo así como "zona de derechos", para alertar sobre las condiciones penitenciarias y abogar por los derechos de los presos de todo el mundo.
Hasta ahora, han viajado a Singapur, Dublín, París, Ámsterdam y Noruega, y han hablado ante legisladores del Parlamento Europeo y de los Estados Unidos. También se han convertido en figuras casi omnipresentes de la escena norteamericana, disconformes alternativas convertidas en íconos pop, con club de fans y todo.
En abril, sin ir más lejos, formaron parte de un panel en la cumbre Mujeres en el Mundo, realizada por Tina Brown en el Lincoln Center, y de una conversación con Charlie Rose sobre la reforma del sistema penitenciario ruso. También asistieron a la gala de etiqueta para recaudar fondos para la organización literaria de derechos humanos Premios PEN, bajo una gigante ballena azul del Museo Norteamericano de Historia Natural (donde subieron al escenario después de Toni Morrison y Salman Rushdie). Por otra parte, se presentaron sobre el escenario junto a Madonna y más recientemente se reunieron con el elenco de House of Cards.
Durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, a principios de este mes, posaron para fotos de la revista Vanity Fair, lo que suscitó que un periodista radicado en Ucrania bromeara en Twitter: "Alfombrando de rojo el derrocamiento de Putin".
¿Quién quiere descansar?
Cualquiera pensaría que estas mujeres necesitan un descanso. Pero hoy no les toca. Los organizadores de la feria Frieze tuvieron que golpear a muchas puertas para lograr invitarlas. Christy Lange, cocuradora de la feria y residente en Berlín, primero se contactó con un amigo artista de Londres, quien había estado recientemente en Moscú, donde había conocido a alguien que a su vez conocía al marido de una de las chicas, quien la puso en contacto con un periodista, que le dio una dirección de mail que finalmente resultó ser de Pyotr Verzilov, esposo de Nadya y a veces su intérprete...Tras un largo intercambio de correos, Verzilov al fin contestó: "Estamos pensando en confirmarlo". Lange no tuvo más remedio que esperar que eso fuera realmente una confirmación.
La esperanza se cumplió y las mujeres llegaron... pero un poco tarde. Venían directo de la isla de Rikers, donde habían pasado el día con Cecily McMillan, la activista de 25 años sentenciada a 90 días de cárcel y 5 años de libertad bajo palabra tras haber sido encontrada culpable de atacar a un policía durante las marchas de protesta del movimiento Occupy Wall Street. Sólo habían dormido tres horas, pero McMillan "nos dio un sacudón de energía", dijo Nadya en una entrevista tras la presentación.
Sobre el escenario junto a Remnick, la charla de las jóvenes cubrió temas como el conceptualismo ruso, el activismo como arte, la censura política y las condiciones carcelarias, entre otras cosas.
Llenas de contrastes
El contraste de esas dos visitas se ha vuelto característico en su vida cotidiana, debido a su flamante celebridad. En Rusia, ambas mujeres, que tienen hijos chicos, deben trasladarse con guardaespaldas. Dicen que sus teléfonos están pinchados. Han sido agredidas mientras comían en lugares públicos. Y aunque Nadya y María sostienen que cualquiera puede ser parte del colectivo que ellas integran, otros miembros proclaman que ellas ya no integran el grupo.
Pero acá, mientras tanto, son la cara inconfundible de la por así llamarla "marca" Pussy Riot. Como ejemplo: sus emblemáticos pasamontañas de neón aparecieron en la película Spring Breakers: viviendo al límite, y su logo ha llegado a las remeras, que actualmente se venden en Amazon.
Si quisieran, ellas podrían hacerse ricas dando charlas y haciendo giras, considerando que cuentan con una nutrida base de fanáticos. Pero su objetivo no es ése. "Lo que hacemos es arte político", asegura María.
Hasta se muestran reacias a prestarse a hacer crítica cultural. En Los Ángeles, cuando TMZ las persiguió para que dieran su opinión sobre una potencial presidencia de Hillary Rodham Clinton, la respuesta fue tan breve como seca: "No somos quiénes para responder una pregunta como ésa".
Lo mismo le contestaron a The Wall Street Journal cuando les preguntaron si aprobaban a Miley Cyrus, y a Remnick, cuando les preguntó su opinión sobre la política de los Estados Unidos hacia Rusia.
"A nosotras las cuestiones de estatus no nos brindan el más mínimo placer", dice Nadya tras la charla en Frieze. Después se rió y miró a María, que le sacaba el hollejo a una naranja. "Es como un desorden mental que tenemos", aseguran ambas. María levanta la vista. "Para ser completamente sincera, la prisión de Rikers nos resultó mucho más inspiradora", remata.






