Deber

Implica un debate moral, pero sentido, a conciencia plena
Eduardo Chaktoura
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29 de junio de 2014  

Lo que se debe. Lo que se espera. Lo que corresponde. Desde donde lo pensemos, el deber implica un debate moral, pero sentido, a conciencia plena. No sólo en relación a lo que se espera, lo que correspondería, lo que debería ser.

Lo que se juega de fondo, en definitiva, es nuestra existencia, nuestro proyecto existencial (el verdadero deber ser).

Tal vez nos ayude organizar (encolumnar en el papel) todos nuestros debería en torno a los siguientes ejes: objetivos, responsabilidades y placeres. Tal vez cueste en algunos casos entender las diferencias, o necesitemos sumar otra variable a nuestra planificación vital. Adelante. Ese es el plan. Discernir. Elegir. Hacernos cargo de nuestro bienestar, de nuestra satisfacción/insatisfacción.

¿Cuánto hacemos por deseo? ¿Cuánto por compromiso, por mandato, por temor o por culpa? Tomarnos un tiempo para preguntarnos y respondernos sobre asuntos cruciales como éste es lo que el alma o nuestra inteligencia espiritual entiende como el más auténtico deber.

Tal como sugería Kant, la gran crisis existencial ocurre cuando "el deber ser está vacío de contenido, lo que es menos entendible que la conducta concreta que lleva a su realización".

Así como revisar nuestras ideas, creencias y emociones, repensar el sentido y la intención, así como la energía y el resultado de nuestros actos puede darnos cuenta respecto de los motivos de nuestra insatisfacción (y satisfacción) de fondo.

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