srcset

Grandes Esperanzas

Desafío doble. Tiene parálisis cerebral y corrió 42k con su amigo

Jimena Barrionuevo
(0)
3 de mayo de 2019  • 00:26

Casi como una ironía: cuando Eduardo Mulet (28) dejó de correr, apareció la posibilidad única de ayudar a otro, precisamente, a través del running. Había alcanzado un buen nivel dentro del atletismo mendocino. Con participación activa en diferentes carreras de calle, en dos oportunidades completó el Maratón Extreme Cruce de los Andes sobre 4300 mts de altura y un equipo francés lo había convocado para formar parte de la élite local que tiene en esa provincia. Sin embargo, la actividad le demandaba a Eduardo demasiado tiempo para el entrenamiento. Además, la falta de apoyo hacía todo aún más difícil, de modo que decidió dejar de correr competitivamente y reservarse ese "vicio" para la recreación personal.

"Uno nunca sale de la adrenalina y la sensación de alegría que genera estar en una largada rodeado de gente y con un mismo objetivo: llegar a la meta. Y ahí fue cuando me pregunté ¿por qué no darle la posibilidad a una persona que no puede hacerlo? Entonces planifiqué correr un maratón empujando una silla de ruedas. Entre pensarlo y lograr este desafío había una distancia muy grande. Primero tenía que acondicionar una silla, lograr un muy buen entrenamiento -ya que no solo llevás tu cuerpo, sino a otra persona con sus necesidades- y, después, recorrer toda la distancia y terminar".

Crédito: Fotorun

Eduardo no perdió tiempo. Concertó una cita con Mario Gutiérrez, un atleta discapacitado, récord Guiness en 24 horas en pista de atletismo. ¿Quién mejor que él para comenzar a incursionar en el tema? Y allí se dio el enlace. Fue entonces que Eduardo conoció a Jesús Picón, de 35 años, que padece parálisis cerebral y que mas allá de sus dificultades, siempre se mostró como una persona muy carismática y llena de luz. Y se propusieron correr la Maratón Internacional de Mendoza. "Jesús vive con su hermana y su mamá y necesita hacer algunas refacciones en su vivienda pero también mejorar su calidad de vida. ¿Cómo? A través de diferentes terapias y tratamientos médicos que actualmente no puede costear. Lo que ahora necesita es la asistenecia de un odontólogo y un kinesiólogo para resolver temas puntuales de su salud".

Un motor con nombre y apellido

Correr 42 kilómetros demanda una buena preparación y más si, quien corre, debe empujar una silla. Los expertos entienden que, para un amateur, esa preparación lleva unos cuatro años. Eduardo conoce de qué se trata: entrena entre cuatro y cinco veces por semana y cubre un promedio de 80k en siete días. Además, hace una actividad específica con la silla cargada con discos de gimnasio, simulando el peso de Jesús que alcanza los 75 kg.

"La postura que tomo mientras corro empujando la silla es muy distinta a una correcta técnica de carrera. Brazos inmóviles, variación en la inclinación del cuerpo, longitud de zancada. Todo es diferente. Por eso necesito estar bien entrenado. Es una prueba que tiene una carga emocional muy grande que sobrepasa el desgaste físico. Estoy convencido de lo que quiero hacer y para quién lo hago. Yo pongo a disposición mi preparación, mi cabeza y mi fisico... Jesus es el motor", explica.

El año pasado la dupla ya había corrido la misma distancia. Y en esta oportunidad de propusieron bajar la meta. Muchos fueron los que se sumaron para ayudar y acondicionar la silla que Jesús necesita para poder desplazarse por la variedad de terrenos que recorren los 42k de la maratón de Mendoza: Cacheuta, los viñedos de Godoy Cruz y Luján de Cuyo, hasta terminar en el Parque San Martín. La silla, facilitidada por Juan Carlos Bustos, es especial. Tiene un apoyapiés, una aplique de empuje y una butaca donde va sentado Jesús con todos sus pies abrojados. La travesía demanda un gran esfuerzo. "La verdad fue duro, tanto por la subida como por la bajada. En las subidas hay que pechar la silla, que pesa unos 75 kilos y en la bajada hay que frenarla Eso genera mucha carga muscular en la espalda y las piernas".

El apoyo de los espectadores fue lo más emocionante. Muchos se movilizaron y colaboraron con donaciones. Incluso algunos se arrimaron durante la carrera para alcanzarle a Jesús un sobre con dinero. También recibieron donaciones de materiales para su casa. Es para mejorar las condiciones, él necesita barandas para poder moverse y mejorar el techo. En una llegada muy emotiva, los amigos cruzaron el arco en 3 horas y 23 minutos.

"Queremos participar el año que viene en la Maratón de Buenos Aires pero con un objetivo deportivo de mejorar el tiempo. Jesús es fanático de River y pasar por la cancha de su club sería un sueño cumplido para él. Además, queremos promover el mensaje de ayudar al otro, de dejar la parte competitiva y ponerse en la piel de gente que no lo puede hacer", reflexiona Eduardo. Y agrega: "La sensación que llevo al día de hoy es inexplicable, saber que logré un amigo que jamás se va a borrar de su cabeza tal experiencia. Hace poco me preguntaron ¿quién le cumplió el sueño a quién? Sin lugar a dudas Jesús me lo cumplió a mí"

Si tenés una historia propia, de un familiar o conocido que quieras compartir, escribinos a GrandesEsperanzas@lanacion.com.ar

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.