
Desde el jardín
El verano es sinónimo de aire libre, de entretenimiento, de reuniones familiares o largas veladas a la luz de la luna. ¿Dónde? En el jardín. Aquí una guía de recomendaciones para hacer de este espacio un lugar especial
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Pocos espacios de una casa son tan disfrutables como el jardín. El primer paso para llegar a buen puerto es planificarlo a conciencia, que no es poca cosa: si no pensamos qué jardín queremos (y podemos) tener, puede ocurrir que éste no esté planificado a la medida de nuestras necesidades, y por lo tanto no lo disfrutemos como merecemos. Debemos preguntarnos si en él habrá reuniones familiares o fiestas; si buscamos un jardín más productivo, con árboles frutales, huerto y hierbas aromáticas, o si requerimos de espacio para que jueguen los chicos o se practiquen actividades deportivas.
Las funciones que queramos darle influirán tanto en la zonificación y circulación como en su diseño final.
Es muy importante la correcta relación con el entorno, que depende del tamaño del jardín y de dónde esté ubicado; mientras pequeños y medianos jardines urbanos o suburbanos se relacionan mayormente con la vivienda a la cual pertenecen, los más amplios, que suelen estar en countries o barrios cerrados, deben conjugarse con un espacio mayor y con lo que ellos expresan.
La buena tierra
En lo referente al presupuesto, que generalmente es limitado, sobre todo cuando se termina la construcción de la casa, es muy aconsejable invertir en aportar suelo de buena calidad o mejorar el existente. La calidad de la tierra es esencial para el futuro crecimiento de las plantas y para que ellas se expresen en todo su potencial.
En cuanto al diseño, es clave encontrar el equilibrio entre la unidad y la variedad. Por unidad nos referimos a lograr armonía, equilibrio y proporción, mientras que variedad es todo lo contrario; contraste, movimiento, desproporción, y todo aquello que genera la atención del observador.
Es muy importante buscar y encontrar un equilibrio, porque si tenemos un jardín simétrico, armónico y sin contrastes puede resultar aburrido.
De la vereda de enfrente, un jardín repleto de contrastes y movimiento puede inducir a estrés y hacer con que no sintamos deseos de permanecer en él. Este equilibrio entre la armonía y los contrastes es fundamental para que se logre un lugar en el cual, sin saber bien por qué, sea agradable estar.
Un manera de conseguir unidad es generando ritmo: repetir un elemento o característica, como color, textura o forma, un mínimo de tres veces, en lugares estratégicos; las composiciones simétricas también generan unidad, pero pueden resultar aburridas o monótonas si no se hace algo para llamar la atención, como utilizar colores o texturas contrastantes.
Los diseñadores del paisaje llamamos "tensión" a la repetición de dos elementos, y no tres o más, que pueden ser idénticos o de características similares. Esta tensión ayuda a dar unidad, porque nuestro ojo une esos elementos haciendo que el resto acompañe y pase más inadvertido.
Si se pretende dar variedad a un jardín, hay dos caminos para lograrlo; el primero es aportándole movimiento al diseño a partir de diagonales o curvas; el otro es generando contrastes de color, follaje, textura, forma y tamaño.
Mantener y renovar
Es fundamental que, al elegir las plantas, conozcamos de antemano el tamaño y la forma finales, informarse a partir de libros, viveros o jardines vecinos cómo van a ser dentro de unos años, para evitar que invadan espacios que no les correspondan o que proyecten sombra en lugares no deseados. Esto va a evitar gastar dinero comprando excesiva cantidad de plantas que posteriormente deberán quitarse.
Estar al tanto de las necesidades de mantenimiento de las plantas es importante, porque de acuerdo a cómo se mantengan el diseño permanecerá en el tiempo.
Es importante determinar si se quiere que el jardín permanezca siempre verde e inalterable durante el año o que los cambios vayan alertando de la llegada de cada estación. Para lo primero se eligen árboles y arbustos persistentes o herbáceas perennes de poca o nula floración; en cambio, la elección de plantas caducas, proterantes (florecen sin hojas, como el membrillero de jardín o prunus), gramíneas ornamentales y toda planta con floración llamativa, va a marcar distintos períodos a lo largo del año.
A la hora de dar color, es fundamental tener presentes los tonos de la casa y de otras construcciones.
El color se puede aportar por medio de las flores o por el follaje. Si lo que busca son flores, el follaje debe ser lo más neutro posible, para que éstas se destaquen.
Si, por el contrario, se busca follaje, se debe tener presente que a mayor contraste de follaje debemos tener menor variedad de flores.
Otra cuestión por definir es si vamos a querer unificar o contrastar. Para el primer objetivo utilizaremos distintas gamas de un mismo color, generando un jardín monocromático o con colores adyacentes, que son los que son vecinos en el círculo cromático. Por ejemplo, amarillo-amarillo anaranjado-naranja; naranja-rojo anaranjado-rojo. Para contrastar, elegimos colores opuestos o complementarios, que son los que se encuentran en el lado opuesto del círculo cromático. Por ejemplo, de un lado violeta y del otro amarillo; azul y naranja o verde y rojo.
Las ideas rectoras del diseño ayudan a transformar lugares e incorporarlos definitivamente a la vida cotidiana. Es trabajo de quien desea introducirse en la tarea de diseñar un espacio, el volcar y combinarlas para que puedan adaptarse con éxito a cada lugar en particular.
La autora es arquitecta y paisajista, docente de Diseño de la Escuela Argentina de Diseño de Espacios Verdes y de Interior.






