
Diego Iglesias. "Me cuesta la síntesis, soy un tipo larguero"
Su imagen se hizo popular en CQC y hoy conduce la mañana periodística, de 6 a 10, en Blue 100.7; apuesta a la actualidad, con humor
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Las once en punto. La entrevista fue pactada a media mañana. Opciones: recargar pilas con una nueva ronda de café o ir pensando en el almuerzo, tal vez los más tempraneros. Ni una, ni otra. A esa hora, sentado a la mesa de un bar, Diego Iglesias (36) sólo piensa en dormir la siesta. Hace apenas dos semanas que su vida dio un giro rotundo en su reloj biológico y profesional. Pasó a ser dueño del amanecer periodístico en Blue 100.7 con Ahora es cuando, periodismo sin spam, un programa de actualidad que conduce de lunes a viernes, de 6 a 10, y que lo obliga a madrugar. Su despertador ahora suena a las 4.30. Ahora es cuando, dice Iglesias, tiene la pretensión de informar con seriedad pero con un estilo descontracturado. Además, insinúa el ex hombre de negro de CQC (donde comenzó hace diez años como asistente de producción y terminó la última temporada como uno de sus conductores) este programa es parte embrionaria de lo que él considera una nueva etapa del periodismo, un trayecto en pleno recorrido donde aún "lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer". El programa que conduce -junto con un equipo de gente joven y espíritu disruptivo-, nace justamente allí, bajo ese concepto.
A pesar de haber arrancado su día a las 4.30 de la madrugada y de estar a casi un instante de acariciar la almohada, Diego Iglesias no pierde énfasis en la charla. Nada de tono cansino. Su discurso es más bien de acentos abultados, de respuestas largas, de ideas divergentes. Una misma dinámica que también deposita los sábados en el aire de la Metro 95.1 con Días como éstos, de 10 a 13. Mucha radio y nada de TV por el momento; no desespera por estar en la pantalla. Ganó popularidad ante las cámaras, pero su plataforma arquitectónica está en la producción. Y reconoce que fue ahí donde comenzó todo.
-¿Tuviste que afinar el humor y la ironía de CQC para encarar una primera mañana periodística y de actualidad?
-Yo a partir de Caiga... entendí muy bien la importancia del humor como herramienta. Me parece que uno puede decir lo mismo a través del humor y llega mucho más a la gente. Es una forma más interesante de contar una noticia. Pero en este caso es un humor de actualidad, hay una búsqueda de cierto refinamiento porque los parámetros son más acotados. Y sí, tal vez hubo que afinarlo un poco, pero el tono es siempre descontracturado. No hay solemnidad; acá nadie se cree el dueño de la verdad ni el fiscal de la Nación. Es otra forma de concebir el periodismo.
-Tu nombre estuvo este año en ese selecto "libro de pases" de la radio. ¿Te da miedo aburguesarte en la escalada o te escudás en tu instinto de productor?
-Definitivamente ésa es la clave. Nunca dejé de ser productor en todos los proyectos. Me meto mucho en el contenido, estoy muy presente desde el punto de vista creativo y editorial. Puedo estar en el micrófono y ser el productor general. No puedo quedarme afuera.
-¿Cómo se siente no estar en el prime time televisivo?
-Es muy positivo. Tengo la oportunidad de elegir, y hoy elijo la radio. Siempre puede aparecer un proyecto en TV que me interese, pero no me desespero por estar ahí.
-Deseo cumplido, el de ser un hombre de negro.
-Sí, claro. Yo arranqué como asistente de producción y cuando llegó el salto de cronista siempre quise estar presente. Me esforzaba al máximo para que mis notas entraran en la competencia de esa semana. Quería tener mi espacio, quería estar ahí.
-¿Fue más fuerte el salto del backstage a la calle, o de la calle al mostrador?
-De la producción a la calle fue un cambio radical. Al principio, fue terrible estar frente a las cámaras. Pero nunca dejé de ser productor, de proponer ideas y secciones.
-Irreverente, irónico y siempre incomodando a los entrevistados. ¿Qué costado de esa triple I fundante de CQC te cuesta más?
-El de la ironía. Creo que ni la cumplo [risas]. Tenés que ser muy hábil para utilizarla. Si no sos cínico, la línea que te separa es muy delgada. Hay que tener un nivel de sofisticación que no es fácil de alcanzar. Trato de usarla cuando corresponde y, sobre todo, cuando me sale. Lo que yo hacía en Caiga... era una sección bien periodística. Poco lugar para la ironía. De hecho, cubrimos una guerra y estuvimos en la Franja de Gaza, que fue uno de los trabajos más trascendentales en términos de trabajo periodístico. Eso hubiera sido impensado en el Caiga... de otros años, donde los temas eran exclusivamente políticos, de deportes y espectáculos.
-Hablando de espectáculos, y por tu relación de pareja [con Julia Mengolini, ex de Fito Páez], tu nombre paseó el último año por todos los portales de espectáculos y chimentos. ¿Te molesta?
-No. Como son cuestiones de la vida privada, es lógico que cierto tipo de periodismo lo tome. No está mal, es parte del juego y de la exposición. No me quejo. Pero yo no hablo de eso. Creo que cuando abrís la puerta para contar cosas de tu intimidad ya no hay vuelta atrás. Lo único que me importa realmente es que me conozcan, me reconozcan o me critiquen por mi trabajo.
-¿Y qué te criticarías vos sobre tu trabajo? Algo que te gustaría modificar...
-Mi deseo es poder ser sintético, soy un tipo larguero, tengo que admitirlo. Quiero aprender a ser sintético y simple. Muy complicado. Hace poco estaba leyendo No habrá más penas ni olvido, un libro de Soriano [Osvaldo] que es un muy buen ejemplo de eso.
-En definitiva, un tipo vueltero...
-No, larguero. El vueltero supone cierta indecisión, cierta ida y vuelta. Yo soy firme en mis opiniones. Sólo estoy en el camino de alcanzar la brevedad.
-Para terminar: ¿tenés aún la acción de Repsol que compraste en la central de Madrid para que te dejaran entrar en la compañía y hacer la nota?
-Fue una anécdota que compartimos con Nico Gutman. Pero así logramos que nos dejaran entrar, y nos presentamos como accionistas a reclamar por el defalco que habían hecho con la empresa. Pero no la tengo más, la vendí hace un mes. Ahora tengo acciones de YPF.
-¿Como inversión o para que te dejen entrar al edificio?
-[Risas] No. Por una lado hay razones de peso que tienen que ver con las finanzas, como ahorro e inversión.La otra parte tiene que ver con que quiero que le vaya bien a la empresa, como apoyo a la nacionalización.Y estas que compré no voy a venderlas por ahora.
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