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El doctor Russell Kennedy, médico y especialista en neurociencia, mantiene una visión transformadora sobre el tratamiento del trastorno de ansiedad. Su enfoque rechaza la premisa de que la mente es la fuente primordial del conflicto y propone su forma de abordarlo.
Kennedy afirmó en una entrevista con Rache Scott que la lucha racional contra la angustia es una batalla perdida desde el inicio. Respecto a ello, explicó: “No puedes vencer a los pensamientos en su propio terreno porque el pensamiento solo creará más pensamientos y el pensamiento es lo que causa el problema”.
Según explicó, este ciclo mental ocurre porque la mente humana actúa como una máquina que fabrica significados para sensaciones físicas incómodas. El autor comparó estos diálogos internos con las sirenas de la Odisea, las cuales seducen con falsas promesas de alivio.
También mencionó aquellas voces que aseguran poseer la respuesta definitiva, pero en realidad solo multiplican el volumen de la aflicción. Kennedy describe estos pensamientos como “desechos cerebrales” que carecen de una verdad intrínseca sobre la vida del paciente.
Bajo su postura, la clave del bienestar consiste en observar las ideas negativas sin una identificación con ellas ni el otorgamiento de un poder absoluto. Esta distancia permite que el individuo recupere su objetividad frente a las narrativas de la mente.
La verdadera esencia de la ansiedad se encuentra en una sensación física de alerta que el individuo acumula desde su niñez, según el especialista. En ese marco, Kennedy aclaró: “La ansiedad es el trauma almacenado que yo llamo ‘alarma’, el cual está en mi cuerpo y solo se refleja en mi mente”.
Esa energía atrapada surge cuando el niño asume la culpa por situaciones de caos familiar que no le pertenecen. El doctor destaca este proceso: “Si abandonas a un niño, él no deja de amar al padre, deja de amarse a sí mismo”.

La falta de amor propio y la desconexión física generan una vulnerabilidad constante ante el estrés cotidiano. Por ello, Kennedy sostuvo que muchas conductas adultas son en realidad regresiones hacia esos estados de indefensión infantil.
El experto advirtió que la búsqueda de una solución lógica para una herida emocional es un esfuerzo inútil. “Usted busca mantequilla de maní en una ferretería cuando intenta pensar en su salida de la ansiedad”, sentenció Kennedy.

En ese sentido, sostuvo que la verdadera sanación demanda que la persona abandone su cabeza y entre en contacto directo con sus sentidos físicos. Por ello, Kennedy sugirió el uso de estímulos sensoriales, como el aroma del aceite de lavanda o el tacto constante sobre el rostro.
Estos estímulos saturan el sistema nervioso y retiran el combustible que alimenta a las preocupaciones del futuro. Aceptar la incomodidad sin juicios críticos permite que la energía del trauma se disipe de manera natural, según el experto.
El autor es claro sobre este requisito: “Usted tiene que entrar en ese dolor y tiene que sentirlo para sanarlo”.




