
Efecto Miau: el boom del fenómeno creativo El Gato y La Caja
Agrupados con este nombre, los jóvenes científicos apuntan a la divulgación a partir de redes sociales e iniciativas bien diversas
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Son las 3 de la tarde de un sábado de enero, 35°C y sol que raja el asfalto. Los que pueden y tienen ganas van a pasar el día a alguna pileta. En cambio, Lorenzo, Francisco, Juan, Nico, Camila, Mani y Martín, siete nenes de entre 6 y 9 años, optan por un programa bastante más heterodoxo: encerrarse en un departamento de Palermo por dos horas a hacer experimentos y explorar el método científico. Mientras juegan con globos, vinagre, bicarbonato y otros elementos, una química, dos neurobiólogos y un diseñador toman nota: qué chistes y propuestas enganchan más, con qué descubrimientos disparan un "¡guau!" los participantes.
Aunque en verdad, para ser más específicos, debería ser un "¡miau!", porque la experiencia de este sábado caluroso por la tarde es la más reciente iniciativa del grupo El Gato y La Caja, compuesto por los científicos Facundo Álvarez y Pablo González, y el diseñador Juan Manual Garrido, que se autodefinen como impulsores de un Pmccc: Proyecto Multiplataforma de Comunicación Científico Cultural.
Para la iniciativa del "Momento Guau!" de ciencia para chicos se asociaron con la química Valeria Edelsztein, investigadora del Conicet, divulgadora y autora del libro Los remedios de la abuela (editorial Siglo XXI).
El Gato y la Caja fue un fenómeno creativo de divulgación científica que estalló en 2015, con anclaje en redes sociales e iniciativas de lo más diversas, que incluye un blog (la base de todo), un anuario, varios proyectos propios de investigación no tradicionales asociados con científicos de renombre, un canal de YouTube y pilotos para programas de TV, entre otras ideas.
"Nosotros nos conocimos por Twitter -cuenta Álvarez a LA NACION-. Nos gustaba cómo comunicábamos, tanto en contenido como en forma, y de ahí saltamos a lo físico (en términos presenciales, no físico-físico íntimo). En aquellas charlas de vinito y picada decidimos un primer paso para El Gato y La Caja: un producto audiovisual para YouTube, pero como nos resultaba un lío hacerlo resolvimos ir con cosas que ya nos salían y que requerían menos recursos económicos y demanda de tiempo. Así aparecieron las cuentas de Twitter y Facebook, y luego el blog. Un día nos llamaron para hacernos una entrevista en el programa Ácido (de radio Vorterix), que a su término derivó en un ofrecimiento de los conductores para hacer una columna semanal que duró casi dos años."
La movida fue creciendo y los tres miembros del grupo la intuían por las métricas que les llegaban de sus seguidores en las redes, pero ninguno imaginó la entidad y el enganche de su audiencia, cosa que quedó en evidencia cuando convocaron a un financiamiento colectivo para su primer anuario.
"Luego de muchos amagues de lanzar o no lanzar la campaña porque realmente no sabíamos si podíamos llegar, salimos (en la plataforma Ideame) y llegamos al objetivo en menos de tres días, casi triplicando finalmente el monto (a los 30 días, que es lo que duraba la campaña) del objetivo original y estableciendo el récord de crowdfunding en América del Sur", describen con entusiasmo.
La ampliación de recursos les permitió hacer un libro más extenso y de mayor calidad de lo pensado originalmente, y completar así una gira a través de la cual se presentó la obra en once ciudades de todo el país, empezando por Buenos Aires, donde metieron más de mil personas en el Distrito Audiovisual de Dorrego.
El origen del nombre
¿De dónde viene el nombre de El gato y La Caja? La explicación completa sería larguísima y excede por mucho el espacio de esta nota, pero a grandes rasgos podemos decir que alude a una metáfora propuesta en su momento por el científico Erwin Schorodingen para describir el mundo contraintuitivo de la física cuántica. Un idea bien nerd, fuera de la caja (en este caso, de la caja del gato), pero que terminó pegando más de lo imaginado: a mediados del año pasado tocó el timbre del departamento donde estaban los tres amigos un chico de 10 años, que venía a retirar el anuario que había comprado por Internet, y cuando bajaron a dárselo les mostró un tatuaje en su hombro con el logo de El Gato, y una frase del blog.
"Nos pareció algo muy loco, un nene con un tatuaje de ciencia en lugar de un grupo de música o un equipo de fútbol", dicen.
El fenómeno del estrellato en la divulgación científica es global, y en Estados Unidos y Europa emergen youtubers de este segmento con millones de seguidores. Algunos canales interesantes para tener en cuenta son: Vsauce, Veritasium, PBS Space Time, Ideachannel y Kuzgesagt.
"No diría que somos una referencia mundial en este tema, pero sí regional a nivel de divulgación de la ciencia", dice el biólogo Diego Golombek, coordinador de la colección Ciencia Que Ladra. Golombek (que dicho sea de paso es uno de los papás que miran babeados a sus hijos jugar en el taller de ciencia el sábado caluroso de enero) y el matemático Adrián Paenza recibieron premios importantes por su tarea de divulgación, en tanto que libros de especialistas en neurociencias argentinos (Facundo Manes, Estanislao Bachrach) son best sellers fronteras afuera. "Tenemos una comunidad científica que es de primera línea a nivel mundial, algo parecido a lo que pasa con nuestros futbolistas y nuestros músicos. Pero mientras que a los jugadores de fútbol y a los artistas los conoce todo el planeta, muchos científicos argentinos fantásticos permanecen en el anonimato", marca Álvarez.
Como en Qué pasa si??, el libro de no ficción más vendido en Amazon en el año 2015, donde el físico Randall Munroe se hace preguntas estrafalarias y las responde con un razonamiento científico impecable, los miembros de El Gato y La Caja juegan todo el tiempo con sus contenidos a seducir a los no especialistas y a mezclar ciencia con vida cotidiana. Esta semana, por poner un ejemplo, preguntaron en Twitter qué consecuencia real tiene hacer pis en la pileta.
Entre sus notas más virales estuvieron: "El tema del vegano" (por qué hay que aflojarle a la carne), "Confianza ciega" ("Un experimento que hicimos con Mariano Sigman sobre lo susceptibles que somos a ser engañados en nuestras posiciones políticas", dicen), "Loco un poco" (sobre los riesgos potenciales de la marihuana) y "Tu amigo te tiene ganas" ("Una nota de las más pochocleras, pero que a veces sirven para que los más alejados a la ciencia entren con esas y después se enganchen con otras más duras").
A futuro
¿Cómo sigue la película? Hay distintos proyectos audiovisuales en 2016 y también de investigación más dura. El año pasado realizaron varias iniciativas por este lado, para las que se aliaron con el ya mencionado Sigman, con el físico y neuromago Andrés Rieznik y con la politóloga de Udesa Lorena Moscovich, entre otros académicos.
Pasaron dos horas y el departamento de Palermo quedó con todo el piso y los sillones bien enchastrados, como debe ser, después de los experimentos. Los siete chicos y chicas que asistieron al taller de ciencia parecen contentos y entusiasmados (o al menos lo aparentan. Nota mental para otro artículo de Sábado: "Niños sofocados por el exceso de nerdización de sus padres, una tendencia que preocupa a pedagogos"). Ya son las 5 de la tarde y afuera, en la calle, el calor empieza a aflojar.





