Si de carreras presidenciales hablamos, el elegido de este mes sabe qué es escuchar la señal de largada. breve vida y obra de Daniel Scioli
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Bío: Daniel Osvaldo Scioli nació el 13 de enero de 1957 en Villa Crespo en el seno de una familia de clase media y radical, creció en Ramos Mejía, estudió en el Pellegrini de los años setenta (pero no militó), se incorporó al próspero negocio familiar de venta de electrodomésticos (Casa Scioli), fue piloto de offshore (un deporte a su medida), perdió un brazo en 1989, se recuperó y siguió corriendo carreras en su lancha, conoció a media farándula, se casó con la bellísima Karina Rabolini, se separó, se reencontró, reconoció a una hija nacida en 1978 (Lorena) y se lanzó a la política con la Gran Narración Épica de su cuerpo como bandera. Su biografía cabe en un párrafo… ¡pero qué párrafo!
El oráculo: "No me gusta aferrarme a las cosas materiales. Tenía una lancha hermosa y un día se me dio vuelta y se me hundió, tenía un departamento y se me incendió, tuve un montón de cosas y las perdí. Mi seguridad es mi fuerza interior, mi espiritualidad. Me gusta tener una mirada de fe, esperanza y optimismo hacia el futuro. Creo que las adversidades que he vivido me han dado serenidad y seguridad. Me prepararon para la responsabilidad que tengo".
Carrera: Para Scioli, la política y el deporte se parecen en una palabra: carrera. La carrera política a la que saltó tuvo un artífice: Menem. En los años noventa, mientras la política económica brillaba con su criatura (dólar para hoy, hambre para mañana) de "la convertibilidad", los dos políticos más inteligentes de esa década (Carlos Menem y Chacho Álvarez) buscaban políticos fuera de la política. Menem quería políticos que se parecieran al verano exitoso de esa sociedad: Carlos Reutemann, Palito Ortega y Daniel Scioli. Álvarez, por su parte, no los buscaba en el book de la farándula, sino en la progresía: Graciela Fernández Meijide fue su estrella.
Potrero: En su casa de Villa La Ñata tiene un gimnasio y una cancha de futsal en la que juega los campeonatos AFA con su equipo, y es ahí donde el hombre que es capaz de pasar media hora de reto presidencial en cadena con cara de poker se vuelve un energúmeno del juego, un peleador de cada jugada, un protestón que obliga a los árbitros, en su propia casa, a amonestarlo.
Lo privado es público: El secreto de Scioli son sus gustos. Será famoso y millonario, pero es grasa. Su playa es La Bristol. Su ciudad, Mar del Plata. Su música, los Pimpinela. Su color, el naranja. Sus frases son repetidas. Sus gustos, obvios. Es más grasa que la progresía kirchnerista y que el posmodernismo del Pro. En su casa se lucen sin pudor sus fotos con Lucía Galán, Shakira, Mercedes Sosa, Menem, Fidel Castro o Kirchner. Lo más público o lo más político de "Daniel" es su vida privada: un museo de la memoria de la carrera presidencial a la que se cree predestinado. La fama es su capital. Una fama a prueba de balas y de gestiones.
Pastafrola: Su obsesión por comer la pasta al dente o por tomar un vino seleccionado rigurosamente y servido casi a espaldas de sus invitados ocasionales no impiden su mayor placer: cumplir sus rutinas culinarias como si fueran la clave del éxito. ¿Qué cosa nunca puede faltarle en el bolso? La pastafrola: su devoción gastronómica. Scioli piensa y mastica. Mueve sus torres y mastica. Elige las fotos con que publicitará tal o cual cosa y mastica. ¿Y qué mastica? La masa amorfa, dulce, empalagosa de una buena pastafrola argentina.
Capricornio: Descripción de su signo: "Un animal híbrido: una cabra con cola de pez o monstruo marino. La cola de pez simboliza las aguas nutritivas donde nace el ser para elevarse al grado más alto de espiritualidad. Representa el unicornio con su único cuerno protuberante sobre el testuz, semejante a una lanza".
Abasto: Su primera plataforma de despegue fue el barrio porteño del Abasto, donde montó su casa operativa y una red de trabajo territorial. Pero el kirchnerismo (que lo necesitó y lo odió casi en las mismas dosis) le dio destino bonaerense. Scioli "medía" para la capital en aquel 2007, pero ganar la ciudad le hubiera dado una autonomía y una solvencia fiscal intolerable para la rienda corta de Néstor. Lo mandaron a la provincia de Buenos Aires a gobernar al 40% de los argentinos, pero con una dependencia terminal del tesoro nacional como rehén. Esta vez quiere ser el jefe de sí mismo.
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