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Historias para conocer

El Delfín. El pescador de un pueblo del sur de Italia que afianzó raíces en Barracas

Agustina Canaparo
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24 de septiembre de 2020  • 00:18

En el pequeño puerto pesquero tradicional de Marina Grande, Sorrento al sur de Italia, Rafael Cioffi aprendió el arte de la pesca junto a su abuelo Luigi y padre Antonino. Como muchos italianos luego emigró a Argentina y continúo con el oficio: primero en el puerto Mar del Plata, luego en el antiguo Mercado del Pescado en Barracas y años más tarde instaló su propia pescadería: El Delfín, que ya lleva más de medio siglo en el barrio, y es un clásico en la que siempre se formaron largas colas en busca de pescado y mariscos frescos.

Rafael Cioffi, al que cariñosamente en su tierra natal lo llamaban Rafilucho, desde muy pequeño estuvo en contacto permanente con el mar. Nació en 1936 en aquel pueblo de pescadores y su familia desde hacía años ejercía el oficio. Su abuelo Luigi comenzó a pescar a principios del siglo XX, años más tarde le inculcó aquella pasión a su hijo Antonino, al que le decían Filippo, y también a sus nietos: Rafael y Luis. "Todos ellos hicieron el arte de la pesca. Mi padre, con unos 7 años, junto a su hermano eran los varones más grandes de la familia y los despertaban a las 4 de la mañana para ir a pescar en un bote a remo y ayudar a tirar las redes. Antes del amanecer es la hora ideal. De hecho, iban con un sol de noche para pescar moluscos como púlpitos, calamares, etc., ya que a esa hora los atrae la luz", cuenta Lucas, hijo de Rafael y enumera los pescados que más salían en Italia: anchoítas, trillas, besugos, pulpitos y calamaretes.

Luigi y Antonino, el abuelo y padre de Rafael
Luigi y Antonino, el abuelo y padre de Rafael

Durante las guerras vivieron tiempos difíciles. Lucas rememora algunas vivencias que en más de una oportunidad le mencionó su padre. "Cuando sonaban las sirenas sabían que venían los aviones a bombardear y bajaban todos de las casas y se metían adentro de la montaña a esperar que pasen las bombas. También me contó que la madre lo mandaba a buscar una piedra abajo a la playa para darle gusto al agua para hervir la comida porque no tenían sal", dice.

Llegar a Buenos Aires con 15 años

Tras la posguerra Luis, el hermano de Rafael, y su tío abuelo partieron rumbo hacia Buenos Aires a realizar la temporada de pesca en Mar del Plata. Luego, para ayudar en la economía familiar se encargaban de enviar parte del dinero recaudado a Italia. Durante los primeros años, el joven Rafael se quedó en Sorrento y cada día aprendía más en sus andanzas en alta mar. Él solía ser muy ocurrente y un día le sugirió a su padre colocarle al bote un motor para agilizar la navegación. "Discutieron, mi abuelo cedió, pero no muy convencido. Pensaba que era para no remar en lugar de verlo como una manera de ir y volver más rápido y pescar mayor cantidad. Al tiempo, le dijo que quería venirse a la Argentina a pescar con su hermano. Entonces el padre le sacó los boletos para salir en diciembre de ese mismo año desde Nápoles. Y le dijo que tenía que dejar la casa familiar y que no habría vuelta atrás", describe.

Rafael, el fundador de la pescadería El Delfín
Rafael, el fundador de la pescadería El Delfín

Rafael con tan solo quince años tomó coraje y en diciembre de 1950 se embarcó solo rumbo al Puerto de Buenos Aires. El viaje duró más de lo previsto ya que el navío quedó varado durante más de un mes sobre las costas de África. Arribó en 1951 y tras su llegada se dirigió directamente a Mar del Plata donde se reencontró con su hermano y su tío abuelo. Allí trabajaron juntos e iban de pesca en los botes amarillos de la banquina del puerto, llamados "Cáscara de nuez" (ya que no tenían cabina para el conductor). Con los años de experiencia, Luis llegó a ser capitán de barco. Rafael permaneció en La Feliz durante cinco años y ya se había convertido en todo un experto en la materia. Cuando su hermano se casó y dejó la casa que compartían, en 1957 decidió regresar a Buenos Aires y probar suerte comercializando pescados y mariscos.

Se instaló en el barrio de San Telmo, donde compartía una pieza con otros inmigrantes colegas, y emprendió con el comercio del pescado. "Traía pescado de río del Tigre, hasta que se instaló en el llamado Mercado de Concentración Mayorista de Pescado en Barracas. Allí puso su primer puesto: vendía a pescaderías, proveedurías marítimas para barcos de carga y sobre todo buques de pasajeros que paraban en lo que ahora es Puerto Madero", detalla Lucas. Luego se compró un camión para hacer el reparto. Como el negocio iba viento en popa en 1965 montó la primera pescadería en un puesto del Mercado, que funcionada en Azara y Gualeguay. El éxito fue rotundo y mucha gente hacía largas colas en busca de su mercadería fresca. Según cuenta su hijo: "la cola para la pescadería pegaba toda la vuelta al mercado y en Semana Santa llegaba a la esquina de la avenida Martín García. En esa época se vendía el pescado entero porque la gente lo consumía así, no estaba el hábito del filet como ahora. La estrella siempre fue la merluza por versatilidad y precio". Luego en 1985 se trasladaron a Azara 99 y crearon una de las primeras pescaderías tipo boutique. La segunda sucursal en de Av. Montes de Oca 946 llegó en 1996.

Los pescados preferidos de los argentinos

Desde su inauguración ofrecieron pescados frescos (de rio y de mar) y mariscos. Entre los productos premium se destacan el atún rojo, el pulpo español, bacalao noruego, ostras, entre otros. Con los años, sumaron comidas elaboradas como paellas, cazuelas, rabas y risottos. "Los pescados que más salen son la corvina, mero, lenguado, boga, dorado y besugo. Mientras que lo que más se exporta son la merluza, langostinos y calamares. Ahora en cuarentena sale lo mismo, quizás la gente al no poder salir a comer se anima más a hacer pescados a la parrilla (corvina, mero o chernia) y mariscos para preparar cazuelas y arroces", admite Lucas.

Una de sus comidas preparadas: la ensalada de mariscos
Una de sus comidas preparadas: la ensalada de mariscos

El pescado favorito de Rafael eran las trillas y era un clásico encontrarlo en el local aconsejando a sus clientes. Hoy, continúan con su legado sus cinco hijos y también nietos. En la pescadería siempre hubo ambiente familiar. Desde Norma, la mujer de Rafael, que lo ayudaba anotando la mercadería que enviaban de Mar de Plata y también tomaba pedidos de los clientes, hasta sus cinco hijos (dos varones y tres mujeres) que se criaron en el negocio. "Él nos transmitió muchos valores: como, por ejemplo, que en la vida había una sola manera de hacer las cosas: con esfuerzo, trabajo y decencia. Nosotros empezamos a ir de chicos al mercado a ayudarlo y ver que hay detrás del oficio (hay que entenderlo y hacerlo con el corazón). Lo que más disfrutamos es haber mantenido lo que él fundó", confiesa Lucas y recuerda las tertulias en familia de los sábados (día en la que su padre tenía libre por la tarde). "Papá consumía mínimo tres veces por semana pescado. Los sábados hacíamos mejillones a la provenzal, nos poníamos alrededor de él cuando cortaba las pinzas de la centolla entera con la tijera o comíamos calamares con salsa y fideos. Disfrutábamos la comida y la sobremesa que eran largas", concluye.

Merluza en la pescadería, uno de los elegidos de los argentinos
Merluza en la pescadería, uno de los elegidos de los argentinos

Rafael Cioffi aprendió el oficio en Italia y ancló su gran pasión en Buenos Aires.

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