
El encanto de las dalias
Descubiertas hace casi dos siglos y utilizadas desde entonces en jardines, estas herbáceas, con su amplísima paleta y su generosa floración, merecen volver al protagonismo de otros tiempos
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Las dalias son herbáceas perennes originarias de México. Sólo existen treinta especies silvestres (de flores semejantes a una margarita, pero en una multitud de tonos). Como se cruzan con facilidad en el cultivo, dieron lugar a unas veinte mil variedades registradas.
No es fácil resistirse ante una oferta tan variada. Más allá de los diversos tonos de flores y follaje (que en algunos casos es bronceado o morado), son muy interesantes las múltiples formas que toman sus flores: simples, dobles, esféricas o pompón, entre otras. Y si se considera las pocas exigencias que requiere su cultivo, adoptarlas es un negocio redondo.
Como provienen originalmente de regiones montañosas, resultan excelentes para jardines en las zonas secas del país, donde al día cálido le sigue una noche fresca. Allí florecen desde noviembre hasta fines de otoño. En la pampa sufren el efecto de las noches cálidas y pueden dejar de florecer en pleno verano.
El calentamiento de la atmósfera durante la última década ha traído como consecuencia veranos más largos y cálidos en zonas templadas. A ese cambio de clima obedece en parte el resurgimiento de estas especies en nuestros jardines.
Las dalias necesitan pleno sol, por lo que no es aconsejable agrupar plantas medianas a sus pies: al quedar los tallos en la sombra se debilitan y terminan por tumbarse.
Una práctica común consiste en tutorar los tallos, carnosos y frágiles, en el mismo momento de plantar. Sin embargo, las variedades enanas o medianas que tengan una exposición soleada no necesitarán esta ayuda.
Las raíces de las dalias son sensibles al frío intenso. En lugares de muy bajas temperaturas será necesario levantar las plantas de la tierra y guardarlas en cajones con viruta, paja seca o cáscara de arroz mientras dure el invierno. Una vez llegada la primavera, esas raíces se plantan en un suelo drenado, preferentemente enriquecido con materia orgánica de origen vegetal. En climas menos rigurosos será suficiente cubrir el pie de la planta con pinocha u hojas secas que se hayan recolectado durante el verano.
Un dato que debe alentar su inclusión en los jardines es que, como regla general, son plantas sanas. Sólo sufren el ataque del oídio si carecen de una adecuada ventilación, o pueden ser víctimas de virosis si para manipularlas se usan herramientas sin desinfectar.
Jardín sugiere
- Al llegar las primeras heladas, corte los tallos a unos 5 o 10 cm del suelo y queme los restos como medida higiénica.
- Deshágase de las plantas añosas: con el tiempo producen cada vez menos flores y más follaje.
- Conviene averiguar el color de los bulbos antes de plantarlos para no desentonar en las combinaciones.
(Esta nota es una producción especial de la revista Jardín para LA NACION)
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