
El erudito de la pelota
Comentar fútbol es como hablar en italiano: todo el mundo cree que es fácil y todo el mundo cree que sabe hacerlo.
Una de esas tardes de transmisiones en continuado, tan habituales en los últimos tiempos, sentado frente al televisor la mayor parte del día o colgado de la radio para acompañar un trote que intentó ser un recreo entre tanto pelotazo, me vino a la mente esa comparación, alterados los oídos por el cocoliche de algún periodista inconsistente o de algún ex futbolista insustancial. Que no se trata esto de una cuestión corporativa, sino de saber o no saber cómo se hace –después de haberse formado en un aula o tras la experiencia dentro de una cancha– para explicar esa materia en la que la mayoría se considera un erudito.
Diego Fernando Latorre de verdad lo es. Cuando, después de ver un gol cuatro veces con los enfoques de otras tantas cámaras, alguien es capaz de advertir y contar, como él lo hace, sin errarle a un solo tiempo verbal, por qué ha sucedido lo que ha sucedido, no queda más que definirlo como un erudito.
Sus comentarios son una revelación, ya no porque se trate de una sorpresa, sino porque echan luz más allá de lo obvio. Te cuenta lo que hay detrás de lo que ya viste.
Cuando jugaba, Latorre gritaba. Digamos que eso hacía con sus gambetas provocativas, si por provocativo se entiende desafiante. Le encantaba jugar con medio mundo en contra y no esquivaba las polémicas, ni en la cancha ni afuera.
Cuando comenta, Latorre susurra. Digamos que eso hace con un tono de voz que no necesita alterarse para dejar conceptos claros, que le escapan al lugar común como a las patadas y que tienen una elaboración que no admite recortes.
Muchos detalles pueden diferenciar al jugador del periodista, pero lo que iguala a aquel de pantalones cortos llevando una pelota con este de traje empuñando un micrófono es la convicción. Antes y ahora, llevada hasta el límite del fundamentalismo: no le quiten el balón, no le toquen al Arsenal inglés.
Los hinchas rivales ironizaban sobre el Latorre jugador. Pero le temían.
Los televidentes/oyentes/lectores/usuarios que no coinciden con sus ideas ironizan sobre el Latorre periodista. Pero lo respetan.
Para una y otra actividad, lejos de lo que los prejuicios o el desconocimiento cuentan, Latorre se preparó. No llegó a primera división saltando directamente del country (es una leyenda) y no llegó a lo que es en la profesión sin formarse (es un lector empedernido).
Si comentar fútbol es como hablar en italiano, bien podríamos decir que Diego está más cerca del Dante.







