El mundo de los perfumes franceses, desde adentro
Una cronista fabrica su propio perfume de acuerdo a las indicaciones de la especialista de la casa Fragonard
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París.-La cita es en una de las salas del nuevo museo del perfume, cerca de la Ópera, un espacio de 1200 metros cuadrados que, como casi todos los edificios de esta ciudad, tuvo varias vidas: antiguo teatro del siglo XIX, fue reconvertido en velódromo antes de albergar hasta el año pasado una histórica boutique de muebles ingleses.
El lugar fue readquirido por la casa francesa Fragonard, una empresa familiar hoy dirigida por tres hermanas que invirtieron 5 millones de euros para transformarlo en un recorrido por la historia del perfume, en particular la ligada a esta casa. De paso se convierte en una visita alternativa para los millones de turistas que pasan por París.
Para festejar sus 90 años, Fragonard organiza un "atelier olfativo para el aprendiz perfumista", una inmersión en el universo del perfume para descubrir materias primas, métodos de extracción y concepción. El objetivo es que cada quien cree una colonia única.
Me inscribí enseguida. Las ventas de perfumes ascendieron a 1,9 mil millones de euros el año pasado, sólo en Francia, y crece en particular el sector de las fragancias selectivas o de nicho. Frente a esa tendencia y para responder a la demanda, las grandes marcas lanzan colecciones "privadas" o "exclusivas". Todos quieren su propio perfume.
Somos una decena, todos sentados frente a nuestros tubos de ensayo y nuestros nueve frascos. Chantal Dufag, la perfumista y aromaterapista que será nuestra profesora durante la próxima hora y media, nos pide que nos pongamos el delantal. Me siento en una cocina de fragancias. No. Me siento en un laboratorio.
Chantal hace primero un breve pero preciso repaso por el nacimiento del eau de Cologne, "preparación en la que el nivel de concentración de perfume no excede el 7% y compuesta principalmente de hespérides, también llamadas cítricos".
En el siglo XIV se usa un extracto alcohólico de romero hasta que en el siglo XVII un italiano abre en Colonia, Alemania, una tienda donde vende su nueva preparación, Aqua Mirabilis. El éxito de ese perfume comienza a propagarse por toda Europa, donde lo llaman simplemente agua de Colonia, y rápidamente empiezan a nacer algunos competidores, como el conocido N° 4711 creado en 1800 y todavía hoy comercializado. Hasta la primera mitad del siglo XX era el único perfume que los hombres podían usar. El laboratorio huele a historia.
La profesora pulveriza una colonia elegida al azar, sin mostrarnos cuál es, sobre uno de esos cartones cortados en forma de rectángulo finito que sirven de muestrario. La ventila para que el alcohol se volatilice y nos pregunta qué olemos. "No se trata de adivinar lo que están oliendo. El juego es aún más interesante: se trata de verbalizar o describir qué les despierta ese aroma. Las asociaciones son personales", precisa Chantal.
Con un dejo de reserva o de incertidumbre, porque todavía no entendimos que no se trata de responder algo correcto, empezamos a calificar lo que sentimos: refrescante, fresco, ácido, marino, cítrico.
Las respuestas difieren, pero hay algo en común, que es lo que hace a un agua de colonia: es un perfume fresco y liviano. Fresco porque está compuesto de notas aromáticas frescas y liviano porque solamente se utilizan aquellas notas que figuran en la cabeza de la pirámide olfativa, que son las que llegan primero y desaparecen luego de algunas horas (las notas del corazón -mitad de la pirámide- son las frutales, florales y especias, y las notas de fondo -base de la pirámide- son las más pesadas -dulces, amaderadas y orientales-).
Cuando entramos en el juego de aprender a descubrir qué nos provoca cada aroma, Chantal nos propone que hagamos lo mismo con cada uno de los frascos de aceites esenciales que tenemos enfrente. Las etiquetas están dadas vuelta porque, explica la perfumista, "cuando sé lo que huelo, huelo lo que supuestamente debería oler".
Los pasos son precisos y metódicos. Luego de cada pulverización, el frasco se cierra como en todo laboratorio, y empieza la sinfonía de sensaciones en voz alta. Tenemos que numerar cada uno de los muestrarios y anotar lo que nos produce.
Así, a la hora de crear el perfume, cada uno priorizará una u otra esencia en función de lo que ella le genera. El aceite esencial de naranja (Citrus sinensis L.), por ejemplo, puede ser dulce y femenino para algunos, y pesado y empalagoso para otros. Se nota que la especialista tiene la experiencia: es bastante más delicada y más específica cuando le toca decir qué le provoca cada fragancia.
Evocará figuras geométricas, aromas que se desplazan en el cuerpo y describirá como "animal" una nota socialmente poco correcta. La experiencia es interesante: en grupo descubrimos que, además de despertar sensaciones y asociaciones muy diferentes entre cada uno, las fragancias no son fáciles de describir, más allá de las primeras cinco o seis características.
Al dar vuelta las etiquetas entendemos qué estábamos oliendo. Lo que califiqué de ácido y cítrico era Citrus limonum (limón), la bergamota me pareció masculina, la mandarina me hizo pensar en algo verde, y al neroli lo sentí floral.
Lo que había descripto como duro, intenso y aroma a bosque mojado era el petit grain bigarade -aceite esencial que se extrae de las plantas del naranjo, limonero y mandarino-; la sensación de limón artificial, casi como un caramelo, era verbena alimonada, y lo que califiqué como "refrescante, eucaliptos, me hace pensar a ese producto Vic para el pecho" era aceite esencial de romero.
Chantal explica que la creación de una nueva fragancia empieza siempre con un "brief olfactif" (lo dice así, en una mezcla de inglés y de francés), es decir el perfumista elige los ingredientes en función de la historia que quiere contar, en función de las imágenes que busca para reproducir esa historia.
Al ver las publicidades de los cientos de perfumes que cada año se lanzan en Francia, queda claro que muchas casas piensan en una mujer "elegante, femenina, con personalidad fuerte y libre".
Me sigue quedando poco claro cómo elegir los ingredientes en función de esas imágenes y, como la descripción se parece bastante a como me autocalifico, decido incluir diferentes cantidades de cada uno de los nueve frascos en función de lo que cada uno me despertó: sobre todo citrus y bergamota, poca naranja, bastante neroli y muy poco del resto.
Lo mezclo y lo nombro My Way. Lo pruebo. Por ahora el delantal que nos dieron lo usaré para cocinar. Me sale un poco mejor.
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