
El protocolo y los buenos modales en la mesa; una lección divertida para los más chicos en el Hotel Alvear
Como un juego, entre charlas y videos en una pantalla gigante, los más pequeños aprenden junto con los grandes cómo deben comportarse en el almuerzo o en el té; se entrena el lenguaje del cuerpo, la etiqueta parlante y el arte del buen comer
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Con tal de no escucharlos rezongar, muchos padres claudican en el intento. Y los chicos ganan la batalla, prenden la TV y se llevan su plato al sillón. "Dejalos, estamos todos cansados", suele justificar alguno de los adultos para evitar que el momento de la cena se convierta en una batalla campal. Error.
La mesa es un lugar clave de encuentro familiar. No sólo se trata de sentarse a comer, sino de compartir. Y por eso, afirman los especialistas en crianza y protocolo, ese momento resulta el ámbito ideal para inculcarles a los chicos, a través de los buenos modales, conceptos fundamentales para su desarrollo. Así como se les insiste -tal vez con más naturalidad- que pidan permiso, digan por favor y gracias, los buenos modales en la mesa tienen sus reglas de etiqueta específicas que, para los expertos, ayudan a una mejor convivencia.
Ser educado, dicen, tiene sus ventajas. Y si en lugar de una obligación se transforma en un programa en familia para las vacaciones de invierno, mucho mejor. El Alvear Palace Hotel junto con el Centro de Diplomacia Karina Vilella invitan a los niños, de entre 6 y 13 años, y a sus padres, tíos o abuelos, a compartir un divertido encuentro para aprender sobre el arte de los buenos modales y el correcto comportamiento en la mesa. Resulta tentador, además de degustar exquisitos platos, se aprende algo de protocolo.
Los próximos martes 21 y 28, a las 12.30, se realizarán los almuerzos; aunque también hay citas especiales hasta el próximo viernes 31, por la tarde, para el Protocolo del Té. Tomar la taza con una mano y por el asa; mantener los brazos siempre arriba de la mesa; usar la parte interna de la servilleta, que, claro está, debe ir en la falda; empezar a comer lo más liviano, como sándwiches, y dejar para el final lo más pesado, como masas y tortas, son algunas de las reglas que conviene seguir a la hora de la merienda.
Las clases están a cargo de Karina Vilella, consultora en Etiqueta Corporativa, quien está convencida de que los buenos modales hacen más fácil la convivencia y, cuanto antes se aprendan, mejor. Según la especialista en ceremonial y protocolo, desde que el niño es pequeño puede ir incorporando estas pautas de conducta para internalizarlas cuando ya es grande. "Cuanto más joven se aprende, más naturalmente se emplea", es el lema de Vilella.
La primera pauta que se debe respetar en la mesa, dice Vilella, es que los padres creen un clima adecuado. Y para eso es fundamental que el televisor esté apagado y que el celular quede a un lado. "Hay que lograr una conversación, entender que la cena es un momento del día para compartir una experiencia. Poner la música correcta, servir una mesa elegante no sólo cuando tenemos invitados, preparar alimentos ricos. Es un mimo familiar", señala.
En esta ocasión, el Salón Regence del hotel se ambientará especialmente para que los niños puedan conocer todo lo referido al protocolo, y mientras Vilella conversa con los pequeños, distintas escenas de películas como Shrek u otros cortos animados sirven como ejemplo para mostrar lo que no debe hacerse. Una manera más amena y divertida para acercarse a los más pequeños. Mientras tanto, es bueno recordar algunos conceptos, como que "en la mesa, lo sólido se ubica a la izquierda y lo líquido a la derecha", o que "el invitado de honor se sienta a la derecha" y "los cubiertos, cuando se levantan del mantel nunca vuelven a tocarlo, siempre hay que apoyarlos en el plato".
Hay más: la posición de descanso de los cubiertos es colocarlos de manera paralela al borde del plato, el tenedor del lado izquierdo con las púas hacia abajo y el cuchillo del lado derecho con el filo hacia dentro. Al final, se ponen juntos, el tenedor a la izquierda y el cuchillo a la derecha, como si marcaran las cinco menos cinco en un reloj. Al ausentarse de la mesa, la servilleta queda en la silla. Al retirarse, se coloca en la mesa.
Para los chicos, puede resultar novedoso, pero el protocolo para niños tiene 500 años de historia. El precursor fue el humanista holandés Erasmo de Rotterdam, que, en 1530, publicó un tratado de civilidad dirigido a todos los niños, sobre todo a los de la corte, en el que presentaba un código de comportamientos para facilitar las interacciones sociales. A él se le debe, por ejemplo, el uso de la servilleta. "En vez de chuparse los dedos o de limpiárselos en la ropa después de comer, será más honesto secarlos en el mantel o en la servilleta", dijo Erasmo, en un tratado. Y, también, se le debe la costumbre del lavado de cara al levantarse.






