
El rap de la cárcel
¿La expresión artística puede ser tomada como la confesión de un delito?
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Vendo crack desde quinto grado": aunque sólo tiene 19 años y la masa muscular de un adolescente bajo en proteínas, exagera los gestos paródicos de la hombría y se pone al frente de su propia banda. En el videoclip Hot Nigga, un éxito inesperado en tiempos de atención dispersa (al cierre de este texto, lleva unas 75 millones de vistas en YouTube), el raperito Bobby Shmurda sobreactúa virilidad, se exhibe rodeado de su clan GS9, con el que patea las calles de Brooklyn, hace la mímica de un disparo con una pistola imaginaria y frasea sobre su pasado como niño narco. Marche preso. Después de que el tema se convirtiera en un hit rabioso, Shmurda fue detenido por oficio de un fiscal que denunció que GS9 en realidad es más una banda delictiva que musical y que la voz cantante actúa como su fuerza de choque. Las pruebas: sus propias canciones. Si es cierto que los artistas se toman licencias poéticas que coinciden (o no) con hechos reales, el caso propone un debate de época: aun en su semejanza con la vida, ¿la expresión artística puede ser tomada como la confesión de un delito? "Sus canciones y videos son como documentales verídicos de lo que hizo en las calles", acusó el policía James Essig, encargado del notorio arresto, y su credulidad discute la noción de la verdad en el arte porque no se conoce que Bob Marley le haya disparado a ningún alguacil aunque haya cantado I Shot The Sheriff.
"El gobierno odia el rap", opinó Howard Greenberg, el abogado defensor de Shmurda: fanático del melódico Roy Orbison, no tiene una sola canción negra cargada en su iPhone, pero, como paladín autopostulado de la diversidad cultural, quiere hacer de éste un caso testigo sobre la libertad de expresión (no ayuda que Shmurda haya dicho en una entrevista que sus letras están inspiradas en hechos reales aunque después se retractara: sólo buscaba el crédito callejero del que gozan zafios y maleantes). ¿Puede una canción mandar a alguien a la cárcel? La fiscal Bridget Brennan, de la División Especial de Narcóticos neoyorquina, aseguró que "las letras de las canciones no tuvieron ningún papel en la acusación y que no son parte de las evidencias". Para el defensor Greenberg, "aun si esta vez no lo hizo, el gobierno ya usó letras de raperos contra ellos mismos". En mayo pasado, Ronald Herron fue enjuiciado por narcotráfico y asesinato, y después condenado a prisión perpetua: su nombre artístico era Ra Diggs y los fiscales se le echaron encima porque en una canción se asumía como un miembro de los Murderous Mad Dogs, una de las bandas más peligrosas de Brooklyn. No era verso. Sus propios videoclips fueron usados como evidencia.
Antes promisorio niño terrible, ahora Shmurda puede recibir entre ocho y veinticinco años de condena por las felonías de las que se lo acusa; entre otras, posesión de armas y asociación ilícita. "La música nos pone en la dirección correcta", insiste el oficial Essig, policía del rap: con el pulso minucioso con el que el maníaco Gene Hackman oía charlas ajenas en la película La conversación, una división de detectives analiza las canciones, letra por letra, para encontrar pistas o indicios que delaten a los malvivientes con vocación de trovadores. En el veredicto contra Ra Diggs, el jurado concluyó que "es imposible separar el arte del artista". Mientras tanto, en los auriculares de los barrios bravos se alienta una revolución ruidosa y suenan odas a los tiros, líos y cosas gordas. Si un pensador contemporáneo dijo que "la vida no imita al arte, sino a la mala televisión", la vida en las calles no ofrece pasos de comedia para la sitcom, apenas: unas cuantas rimas para el rap de la cárcel. n
Cinco raperos famosos en problemas con la ley
Lil Wayne
Ganador de cuatro Grammy, es uno de los raperos más notables de su generación: tras innumerables conflictos legales, estuvo preso un año por posesión de armas de fuego.
R. Kelly
El dandi del R&B enfrentó veintiún cargos por su afición a las jovencitas: fue condenado por tener pornografía infantil y por haber mantenido relaciones sexuales con menores.
Travis McCoy
Un tontolón: en 2010, pintó un grafiti sobre los restos del Muro de Berlín y tuiteó la gracia. La policía alemana lo llevó preso y lo dejó ir tras pagar una fianza de 1500 euros.
Diddy
También conocido como P. Diddy, Puff Daddy, Niddy, Faun John y Puffy, el superproductor fue arrestado después de que lo encontraran con armas y mercancías robadas.
Cool C
Con el número de preso DF1973, espera turno para su última cena: fue condenado a la pena de muerte por haber asesinado a un policía durante el robo a un banco en Filadelfia.
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