
El Ratón Pérez: historias sin dientes
La pérdida de los primeros dientes es parte del crecimiento infantil. En esta nota, los especialistas explican el significado del Ratón Pérez, mientras los chicos aseguran que existe Dientelandia
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Frente al espejo, Marco toca su diente flojo una y otra vez, con precisión de artista. El movimiento no es brusco ni suave; el dedo hace que el pequeño diente de leche haga su juego, una extraña danza que culminará con la salida de la boca que lo vio crecer. Con suerte, esa misma noche viajará en la bolsa del famoso Ratón Pérez.
"Ya se me cayeron cuatro", cuenta Marco, con el tono de quien ya tiene experiencia en el tema. "A mí, seis", arremete su amigo Yago. Y como si se tratara de trofeos, abre su boca para mostrar los dientes que ya están asomando y los agujeritos que falta llenar. Atento, Francisco espía la boca de los otros chicos y como al pasar dice: "Estamos grandes". A los tres se les escapa una sonrisa pícara, de camaradería, de esas que se dibujan en la cara de los chicos de seis.
"La pérdida de los dientes primarios es para el niño un cambio de suma importancia –explica la odontopediatra Laura C. Petricio–. Representa una de las más visibles transformaciones que los chicos deben enfrentar en su desarrollo. La caída de los dientes de leche es sinónimo de crecimiento."
Yago, Francisco y Marco se divierten, posan y aceptan las indicaciones de la fotógrafa. Entre toma y toma deciden hablar del Ratón Pérez y de la película argentina que acaba de estrenarse sobre... ¿el roedor más famoso del mundo? "No sé –pone en jaque Marco, el nene con lentes–. ¿Pérez es más conocido que Mickey, que Speedy González y que Jerry?"
Lo cierto es que Pérez no es un personaje más. "Es una fantasía para apalear el miedo y la confusión que suelen aparecer en los chicos frente a este cambio –explica Laura C. Petricio–. Pérez le da un carácter fabuloso y hasta heroico a este proceso natural."
Pero ¿por qué un ratón es el protagonista de esta historia? "Porque tiene dientes fuertes", dice Francisco. "Porque es chiquito y se mete donde quiere", piensa Yago. "Porque asusta a los grandes y no a los chicos", asegura Marco.
La primera aparición de Pérez en la literatura fue en la historia de La cucarachita Mondinga y el Ratón Pérez, de la escritora Cecilia Böhl de Faber (1796-1877), que se hizo célebre con el seudónimo Fernán Caballero. En el libro de Faber puede rastrearse la costumbre de hacer una ofrenda a quien pierde su diente, un ritual que en 1894 el escritor y sacerdote jerezano Luis Coloma retoma en su cuento "Ratón Pérez". Coloma escribió este relato, con mensaje solidario incluido, a pedido de la reina María Cristina. Su niño, el rey Alfonso XIII, había perdido un diente. Ella decidió agasajarlo con la siguiente historia:
El rey Buby I (así llamaba la reina a su hijo Alfonso) es un gran amigo de los niños y protector de los ratones cuando los médicos les quitan su primer diente de leche con la ayuda de una hebra de seda. La reina madre le aconseja a Buby que escriba una carta al Ratón Pérez y la deje bajo su almohada, para que mientras el niño duerme, el ratón le deje, a cambio del diente, un regalo. Cuenta la historia que ese ratón se apareció y, al verlo, el rey le pidió que lo llevara con él; entonces, el Ratón Pérez lo tocó con su cola y lo convirtió en ratoncillo para que lo acompañara a su casa y después a recoger el diente de Gilito, un niño pobre. Junto a ese pequeño, el rey Buby I conoció la miseria.
La reina madre le explicó a su hijo que ser rey es ser el hermano mayor de todos los pobres. Todo, claro está, luego de que el niño despertara y tuviera su regalo.
La ilusión de despertar y encontrar un obsequio a cambio del preciado diente se mantiene intacta gracias al juego que aún hoy mantienen las familias en distintos países. Una tradición que se repite en Francia, en la piel del Petite Souris; en Italia, gracias al famoso Topolino, y en ámbitos con influencia anglosajona (Estados Unidos, Inglaterra, Australia y Filipinas) en la piel del Hada de los Dientes. En otros países, como Bulgaria, son las abuelas las que por la noche se ocupan de esta tarea, mientras que en Noruega el diente se deja en un vaso para que, a la mañana siguiente, el niño encuentre allí unas monedas.
De película
"Siempre me pregunté cómo el Ratón Pérez no tenía una película –confiesa Juan Pablo Buscarini, director del film recientemente estrenado sobre el popular personaje–. Fue muy interesante sumergirse en este mito popular y descubrir que subsiste por la voluntad familiar de preservar la tradición, lo que lo hace aún más loable. Si bien la fantasía y la fe se hacen presentes con Papá Noel y los Reyes Magos, estas historias están ligadas a cuestiones religiosas y –por qué no decirlo– también comerciales. En cambio, la llegada del ratón no tiene fecha premeditada. Es maravilloso."
Trabajar sobre la imagen del ratón fue uno de los mayores desafíos de la película, que combina animación 3D con personajes y escenarios reales. "Pérez es tierno, señorial y entrado en años", describe Buscarini. En el comienzo del film, pueden verse los rostros de las diferentes generaciones de Pérez.
"Como Jerry pero más viejo, como de 90 años", lo imagina Marco. "Con chaleco rojo, gorro y botas violetas", agrega Francisco. "Es como el de la peli", asegura Yago.
Con sus 12 años, Candela intenta recordar cómo ella imaginaba al ratón. "De lo único de lo que estoy segura es de que de chiquitita le tenía miedo porque supuestamente aparece por la noche cuando una está durmiendo." A diferencia de sus compañeras de colegio, Candela sigue despidiéndose de los dientes de leche: "Mi amiga Vera dice que parezco una viejita porque estoy llena de agujeritos. Es raro esto de estar perdiendo dientes. Una vez leí un chiste que mostraba a una nena que con este tema sentía que se estaba desarmando –comenta–. En mi caso, supuestamente estoy atrasada, pero el médico dijo que no es un problema", dice y muestra un frasquito en el que pueden observarse dientes y muelas. "Ahora que tengo varios, los voy a poner debajo de la almohada –anticipa–. La recompensa va a ser mayor."
Dientelandia
Candela considera que la historia del ratón es un juego que ella sigue alimentando en las fantasías de su hermana. "Amparito tiene seis años y todavía no perdió ningún diente. Está muy ansiosa. Ella espera la llegada del ratón, como en Navidad la llegada de Papá Noel."
Imaginación y fantasía giran alrededor de este roedor. Por lo que vale la pena preguntar qué hace el ratón con tantos dientes. "Creo que el lugar donde vive se llama Dientelandia –especula Yago–, y por eso necesita de todos los dientes de leche, que son los más lindos."
"Cada casa está hecha con dientes. Los más chiquitos sirven para las ventanas; las muelas, para las chimeneas", enumera Marco ubicándose en el rol de arquitecto de Dientelandia.
"Las ciudades enteras las limpian con cepillos de dientes –agrega Francisco–. Esos que ya no usamos."
Marco interrumpe. Y, serio, pregunta:
–¿Yago, vos creés en el ratón?
–Por supuesto que sí –responde sin dudar.
Sin Yago presente, Francisco aclara que lo del ratón es "un cuento para niños. A los tres años creía; ahora, no".
"Yo creía cuando estaba en preescolar, ahora estoy en primer grado y eso es para los más chiquitos", asegura el nene con lentes.
–Entonces, ¿por qué siguen poniendo el diente debajo de la almohada?
Marco: –Lo pongo sin darme cuenta porque estoy muy, pero muy dormido.
Francisco: –¿Por el premio?
El de Pérez sigue siendo un juego cómplice entre padres e hijos. "Hay un tiempo en que los chicos se divierten recogiendo pistas, dispuestos a develar el secreto del ratón –analiza Buscarini–. Y cuando lo descubren tardan en confesarlo y continúan con la ceremonia."
Pérez reina en el imaginario infantil. Sus orejas aún se imponen a las modas y a los cambios. "¿Monedas? No deja más monedas –asegura Yago–. Por un diente, un billete."
Para una vida sana
Por Laura C. Petricio (*)
Para que los dientes crezcan fuertes y sanos se recomienda iniciar las visitas al odontólogo desde el primer año de vida. ¿Cuál es el objetivo? Hablar con los padres sobre el crecimiento y desarrollo de la boca de sus hijos, las conductas alimentarias de los chicos, el mantenimiento de la higiene bucal, la frecuencia de cepillado, la elección del cepillo adecuado y la técnica de cepillado según la edad.
También conversar sobre los hábitos que pueden provocar malas posiciones dentarias y, fundamentalmente, establecer una buena relación entre la familia y el odontólogo.
Desde el nacimiento, los papás planifican cómo educar, proteger y cuidar a sus hijos. En cuanto a la salud bucal, estos objetivos están adaptados de la siguiente manera:
Educación
- para el aprendizaje de hábitos alimentarios sanos y técnicas de cepillado bucal.
Protección
- la aplicación de métodos preventivos indicados por el odontólogo (por ejemplo: aplicación de flúor).
Cuidado
- visitar periódicamente al odontólogo en busca de una salud dental para toda la vida.
*Odontóloga, especialista en odontopediatría
Contra la angustia
Por Enrique Silinger (*)
Todo mito surge por una necesidad, y la del Ratón Pérez aparece para aliviar la pérdida de una parte del cuerpo, en este caso, un diente. La historia del ratón pone paños a la angustia, al vacío que se hace presente en la boca del niño, a la duda sobre lo que vendrá.
Lo que tendríamos que preguntarnos es qué papel juega hoy el ratón, entre los chicos de 6 y 7 años, los verdaderos protagonistas de esta historia. Es más fácil explicar a través de Pérez la caída de los dientes a los nenes de 3, 4 y 5 años, que a los más grandes. Hoy, los chicos de primaria alimentan la fantasía de este personaje para mantener el ritual del premio. En definitiva, lo que hacen es ficcionalizar, como lo hacen con Superman y otros personajes, la llegada de este particular roedor. Los chicos no creen ciegamente en Pérez; es una fantasía que adaptan para su conveniencia. En este caso, saben que el ratón no aparecerá, pero igual pondrán el diente debajo de la almohada. Y está bien que así sea.
*Miembro del Comité Nacional de Pediatría General Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría.






