
El sexo que nos espera
Monitores con imágenes provocativas, pastillas mágicas contra la impotencia que se venden en la Web, ciberdistancia que pone barreras a la comunicación emocional y atenta contra el vínculo cuerpo a cuerpo... De cómo las nuevas tecnologías están cambiando nuestra vida más íntima
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Ocho millones de estadounidenses son adictos al sexo virtual: pasan por lo menos 11 horas a la semana con sus parejas electrónicas, según el documental de la cadena CBS Cybersex Addiction. El reportaje recoge casos tales como el de un abogado de 56 años que explica de qué manera se enganchó en sólo dos o tres semanas, o el de una consultora en tecnología informática, de 31 años, que se viste especialmente para sus sesiones de sexo on line porque "no existe nada para mí, aparte de esto".
Según la encuesta Durex 2003, el 25% de los españoles ya utiliza Internet con fines sexuales. ¿Es ésa la tendencia mundial que arrastra nuestra vida sexual y la de las generaciones venideras? ¿Nos dirigimos hacia un mañana de placeres electrónicos, digitalizados y robóticos?
Elixir del amor
Si se trata de encontrar cifras, el problema de conocer las tendencias sexuales reside, fundamentalmente, en la escasez de estadísticas serias. El último macroestudio sobre hábitos sexuales en los Estados Unidos data de 1999. Según el Journal of the American Medical Association, el 22% de las mujeres sufría falta de deseo, un 14% tenía dificultades de excitación y un 7% padecía dolor durante sus relaciones íntimas. ¿Y los hombres? El 5% padecía impotencia; un 5%, falta de deseo, y un 21%, eyaculación precoz (sobre nuestro país, ver En la Argentina). En España, un reciente estudio de la Federación Española de Sociedades Sexológicas afirma que el 34% de la población ha tenido o tiene alguna disfunción sexual. Y eso es más de un tercio de la población, suficiente porcentaje como para que el mundo espere con ansiedad la llegada de un elixir del amor (que se pueda conseguir en Internet, igual que el Viagra).
La peligrosísima combinación éxtasis-Viagra es ya un clásico de los fines de semana. Uno aumenta el deseo sexual, el otro permite una alegría en el cuerpo que, de otro modo, tras 48 horas de fiesta ininterrumpida sería complicada de lograr. En Estados Unidos o en Francia, este cóctel ha alcanzado tal nivel que ha triplicado el número de consumidores de Viagra menores de 45 años. Obtener las drogas sin receta es sencillo: la Web está repleta de pseudofarmacias en las que, luego de tres preguntas banales, un cibermédico verá en nosotros un claro síntoma de falta de Viagra.
Pero, junto con los afrodisíacos, el otro gran mito del sexo de estos tiempos es el que propicia la creación de una media naranja mecánica. En la Ilíada, de Homero, el dios herrero Hefesto compensaba su falta de atractivos con una habilidad con el yunque que le permitió fabricar dos robots femeninos. Pero ni un genio como Homero ni un visionario como Villiers de L’Isle Adam –que en 1886 publicó La Eva futura– pudieron imaginar que la Eva moderna fuera a tener las curvas de un monitor de computadora.
Román Gubern, catedrático en Ciencias de la Información y autor de El eros electrónico (Taurus, 2000) y Patologías de la imagen (Anagrama, 2004), dice que "Internet desarrolla y potencia al máximo una tradición que existía desde la correspondencia galante del siglo XVIII. Se diseña como un instrumento de comunicación de los militares y científicos, y sin embargo emerge, sin que nadie lo haya tenido previsto, una gran masa de Internet roja. Las personas le han dado un uso distinto del canónico y formal. Ha emergido una demanda social que revela que no estamos satisfechos, que hay unas inconfesables necesidades y frustraciones que no afloran".
¿Puede suplantar la imagen al objeto? Dicho de otro modo: ¿un píxel vale más que 206 huesos rodeados de carne? Manuel Manzano, vicepresidente de la Asociación Estatal de Profesionales de Sexología de España, lo niega: "Como todas las cosas, Internet no es ni buena ni mala. Los tímidos han conseguido entrar en contacto con personas con las que de otro modo no hubieran podido. Otros se han vuelto adictos, como pueden serlo al alcohol o al juego".
Gubern recalca: "La iconofilia se basa en la estimulación visual, que no es tan poderosa como la olfativa, ya que el olfato es el sentido más arcaico en todos los mamíferos, y el bulbo olfativo está en la base del cerebro, en la zona más emocional. Pero he leído que a monos en cautiverio y sexualmente inapetentes se les han proyectado imágenes de pornografía simiesca para estimularlos y que ha dado buen resultado".
Amantes virtuales
"El contacto con otra persona es otra dimensión –dice Manzano–. La sexualidad también supone necesidades psicoafectivas, el sentir que uno puede ser querido y querer, dar placer a otra persona. Es lo contrario de alguien que no tiene autoestima. Le permite sentir que se interesa por los demás, que se ve atractivo."
Y sigue: "Lo más bonito de hacer el amor es entrar en contacto con otra persona. Enchufarse a una máquina y tener un orgasmo es como el que tiene un dolor muy fuerte y toma morfina. Le dará una sensación placentera, pero no será sexo".
Gubern advierte: "Previsiblemente, dentro de cien años, los estímulos químicos y los entornos eróticos virtuales estarán mucho más perfeccionados y serán mucho más sofisticados. Podemos imaginar sistemas de masajes mecánicos que afecten a casi el ciento por ciento de nuestra epidermis, por ejemplo, y cosas por el estilo. Pero la imaginación erótica no habrá progresado, pues en el terreno imaginario, desde la pornografía hasta el cine snuff, todas las metas han sido ya cubiertas".
Nada nuevo bajo el sol. Nada nuevo bajo las sábanas. ¿Tal vez algo nuevo en la heladera? Hasta ahora, el sexo del futuro se parece bastante al del presente. Sin embargo, resulta evidente que, con el aumento de la reproducción asistida, la bíblica unión entre sexo y reproducción se ve encaminada a un irremediable divorcio. Se ha conseguido extraer esperma de un hombre sin erección directamente del testículo o del epidídimo.
¿Afectará esto nuestra manera de relacionarnos? Según Manzano, "sólo a las personas que han utilizado el sexo únicamente como modo para reproducirse o que tengan fobias físicas". Román Gubern coincide: "Me cuesta imaginar una sociedad enteramente castrada, pues se recurrirá a los afrodisíacos químicos, mecánicos o audiovisuales, cosa que ya está ocurriendo".
En la Argentina
"Hace ya muchos años, Freud nos alertaba que «la pulsión no tiene objeto» –dice el doctor Adrián Sapetti, médico psiquiatra, sexólogo y presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana–. Tanto se podía posar en una bella mujer o en un elegante caballero como en un animal, en un pie o en una prenda ("Procúrame un pañuelo de su seno, una liga para el amor que siento", decía el genio de Goethe). Pero Freud no soñaba con ovejas eléctricas. Eran los tiempos en que la PC no entraba ni en su interpretación de los sueños."
Cuenta el especialista que hoy lo consultan hombres casados que se autoestimulan frente a páginas pornográficas; mujeres insatisfechas que buscan Apolos en la pantalla del monitor. Y repasa que existen páginas hardcore para heterosexuales, homosexuales, bisexuales, transexuales, transgéneros y metrosexuales, fuera de toda censura, sin horario de protección al menor y en continuado.
"Pero no todo es embriagarse frente a la computadora y evitar el contacto real para quedarse en la fascinante virtualidad ("Hay que inyectarse cada día con fantasías para no morir de realidad", nos decía Ray Bradbury): con las máquinas llegaron el chat, la teleconferencia y la videocam, en la que una pareja, a distancia, puede provocarse "a través de la Red". No obstante, esto que mucha gente critica nos es sumamente útil en el trabajo con los pacientes, como los fóbicos sexuales y/o sociales", advierte Sapetti.
Por lo cual, ¿podríamos estar hablando de nuevos rituales de cortejo computacional? "Varones que se hacen pasar por mujeres o viceversa, maridos celosos que, descubriendo el password de sus esposas, se hacen pasar por edulcorados seductores para sorprenderlas in fraganti. Recuerdo un caso así, en el que ella coqueteó por el chat, sin saberlo, con el marido, que, encapuchado en las sombras de un nickname, ocultaba su identidad. Pero cuando él, o su álter ego, la invitó a salir, ella le respondió que hasta allí llegaba el juego y que le era fiel al marido. Pero lo que aquí, como en todas partes, también preocupa a los especialistas es la venta indiscriminada de productos que, a través de la Web, ofrecen elixires.
"Adiós a la impotencia: compre sildenafil, tadalafilo y vardenafilo por Internet, sin pasar por el médico".
Apenas un ejemplo. "¿Quién no ha recibido cientos de estos e-mails que prometen por la Red soluciones mágicas y misteriosas? –pregunta el sexólogo argentino. He visto muchos pacientes que compraron Viagra por Internet, con o sin delivery a domicilio (¡a veces debían ir a buscarlos a departamentos, estaciones de servicio, bares!), alguna que otra cirugía, bombas de vacío para agrandar el miembro; métodos orientales, árabes o japoneses para lograr el orgasmo o aumentar un par de centímetros y levantar la moral de alicaídos varones que hoy consumen, sólo en la Argentina, más de 12.000.000 anuales de comprimidos de sildenafil, vardenafilo y tadalafilo; las tres, medicaciones para combatir la impotencia."
Pero también hay buenas noticias. La computadora ha sido útil hasta el momento para hacer psicoeducación y educación sexual a través de páginas de divulgación científica. Cuenta Sapetti como ejemplo que en el sitio www.sexovida.com recibió, en su consultorio virtual, 44.579 visitas durante 590 días, de diversos países. Sobre la base de 16.940 consultas, los especialistas observaron que el 52% de las preguntas estaba relacionado con disfunciones sexuales masculinas y femeninas (disfunción eréctil, eyaculación precoz, anorgasmia, deseo sexual hipoactivo, fobias sexuales, etc.), seguidas por las relacionadas con embarazo y anticoncepción (29%). En psiquiatría, el 45% de las consultas estaban relacionadas con la depresión, y a ese tema le seguían los trastornos de ansiedad.
"Hay miles de consultas de distintos tenores y temáticas, lo que demuestra la orfandad y el oscurantismo que aún hoy embargan a los seres de este ciberplaneta. No seremos los médicos quienes nos opongamos a los avances tecnológicos y cibernéticos; sólo debemos alertar ante la venta y promoción de tratamientos anónimos o disfrazados tras una imagen falsa de un médico inexistente que hagan poner en riesgo la salud de los consultantes. Y algo más: que las pantallas de los monitores no nos hagan olvidar el placer de los cuerpos que se tocan, que se acarician, que se besan, que copulan, que se emocionan en un largo abrazo."
Para saber más:
www.ama-assn.org
www.sexovida.com
www.pandasoftware.es
50.000
Spams de promedio envía por día cualquier sitio de comercialización de productos para la erección
44
Es el porcentaje de menores que, según Panda Software, se han sentido acosados sexualmente por Internet
52
Es el porcentaje de consultas acerca de disfunciones sexuales masculinas y femeninas que recibió www.sexovida.com sobre el total de preguntas sobre sexo
Cuerpo a cuerpo, corazon a corazon
Por Sergio Sinay*
Si la sexualidad es uno de los espacios más íntimos y sensibles en el que dos personas pueden encontrarse y completar un vínculo de amor, el sexo cibernético se convierte en la hoguera donde se queman los últimos vestigios de una relación construida con presencia, con compromiso, con aporte emocional, con responsabilidad. Esta modalidad sexual testimonia hasta qué punto, en una cultura que ha llevado el materialismo, la incomunicación emocional y el aislamiento a límites extremos, el contacto con el otro ya no parece necesario. Incomoda. Atemoriza. En las relaciones humanas maduras, trascendentes y responsables, el otro es un fin, no un medio. Son vínculos de sujeto a sujeto. Las nuevas tendencias sexuales reflejan el auge de los vínculos sujeto-objeto. No existe el otro. Hay un monitor de computadora. Hay una pastilla azul. Hay imágenes en la señal porno de un televisor. Urge recuperar, en la vida de cada día, en nuestros vínculos, el contacto estrecho y cercano, físico y emocional, con el próximo, el prójimo. Urge para rechazar el destino que se nos ofrece, a menudo escondido en el caballo de Troya de una tecnología sin patrones éticos: el de ser criaturas tristes, que salen a llenar el vacío de su vida con lo primero que se les propone consumir. Para eso necesitamos vínculos cuerpo a cuerpo, corazón a corazón.
* Especialista en vínculos humanos, autor de "Vivir de a dos" (Del Nuevo Extremo). Su nuevo libro, de próxima aparición, es "Elogio de la responsabilidad".
A un clic de distancia
Por Graciela Peyru*
Los adultos parecen pensar, en ocasiones, que los niños son seres competentes y sofisticados porque se manejan con temprana fluidez en el ciberespacio de su computadora. Atemorizados por los altos niveles de las violencias sociales que sus hijos pueden encontrar fuera de casa, se tranquilizan al verlos sentados por horas frente al teclado de la pantalla hogareña.
El enriquecimiento científico y cultural que la Red ha traído a nuestra vida es indiscutible. Sólo que, para sorpresa de más de un economista, el principal auge productivo estimulado por Internet se registró en la industria de la pornografía. Su facturación hoy se estima en más de cincuenta mil millones de dólares por año.
Al teclear ciertos nombres en el buscador de la PC se activará un cartel: "Usted está entrando en un sitio que tiene contenidos sexuales sólo para adultos. No continúe si no tiene la edad legal". En realidad, el acceso a estos sitios, que presentan pornografía sumamente explícita, es muy sencillo para los niños y púberes, y trivial para adolescentes y jóvenes. Al tiempo de valorar las bondades que la Web ofrece a nuestros chicos, convendría preguntarse por alguno de estos riesgos. Constituye un peligro grave y documentado el abuso de los menores por los pedófilos que buscan a sus víctimas en los chats abiertos de Internet. También es riesgosa y traumática para los menores la estimulación sexual en la que diversos sitios abundan. Sin embargo, quizás el mayor peligro potencial de una infancia y una adolescencia que se viven a sólo un clic de la avalancha pornográfica actual sea la construcción de una confusión persistente en la mente de los jóvenes entre sexualidad, erotismo y pornografía. Criar a una generación en la creencia de que la pornografía es un representante válido de la sexualidad será una nueva pesadilla en la que la hoja de parra se desplazará de los genitales a la cara. Nos perseguirá, desde la naturalización de este contacto cotidiano, el rostro de indiferencia con que los actores de los filmes pornográficos logran impregnar los momentos de entrega sexual.
*Graciela Peyrú es psiquiatra y presidenta de la Fundación para la Salud Mental
Qué piensan los argentinos
Federico Brom (23, estudiante de Economía) "Internet es algo frío que no tiene nada que ver con el sexo. No sé lo que es el sexo cibernético, pero sí chateé subido de tono."
Mariana Abadin (24, empleada) "Los que se conforman con relacionarse por Internet están mal de la cabeza. Cibersexo nunca tuve, aunque sí entré en salas de chat."
Jonathan Brough (23, administrativo) "Internet ayuda a acercarse al otro. Te saca la timidez. Le estás escribiendo a una máquina; no lo estás diciendo en la cara."
Julia Rubin (60, empleada) "Hoy el sexo no es tabú, por suerte. Si Internet sirve para que muchos se encuentren, está bien. Pero yo prefiero el contacto directo con la gente."
Juan Politi (53, empleado) "Internet favorece el acercamiento entre la gente, pero hay que tener cuidado. Yo nunca tuve cibersexo ni chateé. Me parece chabacano."






