El síndrome poselectoral
Retomar planes, procesar sentimientos intensos, recomponer relaciones y volver a la vida "normal", podría llevar más tiempo del que pensábamos
1 minuto de lectura'


Ya pasó. Terminó. ¿Terminó? La distancia del último sprint electoral, entre el 25 de octubre y el domingo pasado, resultó interminable, dice Jorge Gilio, que había pensado cambiar el auto, pero lo dejó librado al "veamos qué pasa". Lo mismo sucedió con su intención de encarar nuevos proyectos laborales y la posibilidad de mudarse. Para algunos esta semana empezó con optimismo y para otros con tristeza por el resultado del ballottage en el que ganó la coalición Cambiemos de Mauricio Macri. Algo lógico después del ciclo que acaba de cerrarse luego de más de una década con un libro político que despertó pasiones sociales de todo tipo. Este año, nadie pudo mantenerse indiferente en un esquema que, según el distrito, acumuló 14 elecciones. Cada round (in crescendo) tensó las terminales nerviosas de hasta el más apático y apolítico. Unos 12 millones de usuarios argentinos de Facebook (50% del total registrado) tuvo al menos una participación en los 170 millones de publicaciones políticas realizadas en esa red social entre junio y noviembre. "Tengo la fecha de mis vacaciones pero no el lugar. En ese sentido sí esperé para ver lo que pasa antes de tomar la decisión", explica Nicolás Puricelli, 35 años. "El año electoral lo viví de manera bastante intensa; no soy militante, pero me gusta la discusión y el intercambio de opiniones políticas y la polarización me llevó a algunas peleas con algún amigo o familiar... sí: fue un año acalorado", agrega.
Según los especialistas, muchos empezaron el 23 a la mañana a procesar sensaciones distintas que combinan, según la persona, alivio, contradicción, desahogo, irritación y alegría. Incluso hubo casos en que todo esto se dio en cadena: "El lunes estaba eufórico y el martes me deprimí porque uno se genera expectativas que en verdad no sabe si se concretarán. Todos quedamos medio tarados este año", explica (a su manera) Jorge sobre estos últimos días después de la elección. "No sé si postergué muchas cosas, pero es cierto que me costaba activar o pensar claramente si quería tomar una decisión o esperar... en general soy más práctico, pero en las últimas semanas estuve desconcentrado", agrega.
El síndrome de estrés traumático pos-electoral (Pests, por su sigla en inglés) es un concepto acuñado tras la derrota electoral de John Kerry ante George W. Bush en 2004. Esta afección, que no está diagnosticada ni definida como una enfermedad psíquica, fue estudiada como un estado transitorio por Allen McConnell, profesor en psicología social de la Universidad de Miami. El motivo del estudio surgió de aquella pelea electoral que estuvo envuelta en una gran polémica por el recuento de votos que terminó favoreciendo a Bush. McConnell sostiene en su estudio que los seres humanos tienden a equivocarse cuando hacen lo que la ciencia denomina una "previsión afectiva". "Generalmente, las personas suelen equivocarse con esto. Cuando piensan en sucesos que pueden darles o mucha felicidad o mucha tristeza, tienden a sobreestimar la intensidad de esos sentimientos y su duración", dijo.
"Quienes hayan votado por el candidato derrotado estarán seguramente tristes y molestos, pero no se dan cuenta de lo rápido que lo superarán, cuando empiecen a preocuparse de nuevo por las cosas del día a día, que no tienen nada que ver con las elecciones presidenciales", dice el especialista. Otros expertos señalan que no se debe presionar a las personas que están apesadumbradas por las elecciones para que salgan de ese ciclo. Quienes sufren este síndrome, explicó Alan Steinbach, de la Universidad de California en Berkeley, consultado por la BBC, pueden sentirse frágiles y cínicos, y decirles que tienen que superarlo y seguir adelante con sus vidas, hasta podría resultar contraproducente.
"No es que estuve menos concentrado en mis cosas, y si ocurrió no me di cuenta, pero algunas relaciones ya no serán lo mismo debido a la política…", cuenta Nicolás, que trabaja en una empresa de electromedicina y que apostó a la fórmula de Daniel Scioli. "Estamos todos a la expectativa. Para mí es un momento de preocupación, y ojalá que los pronósticos que hice no se cumplan, para tener más tranquilidad y acomodarme mejor mentalmente. Lo más importante que deseo es que nos vaya bien a todos", añade. Hace un tiempo, comenta Nicolás, tuvo que terminar una relación de pareja por diferencias políticas: "Las discusiones evidenciaron cosas de fondo que mostraban intereses contrapuestos".

Thomas Henry Huxley dijo hace más de un siglo que los resultados de los cambios políticos rara vez son aquellos que "sus amigos" esperan o que "sus enemigos temen". El célebre biólogo británico, defensor acérrimo de la teoría evolutiva de Charles Darwin, opinó que la tensión, expectativa, desilusión y euforia comienzan a desinflarse después de todo fragor electoral.
Marcos Novaro, analista político y autor del libro El votante perplejo, considera que los procesos poselectorales son tomados de manera práctica por la mayoría de la población respecto de las cosas que afectan su vida cotidiana, aunque sostiene que la polarización intensa en algunos segmentos argentinos no desapareció automáticamente el lunes pasado. "Creo que el duelo o la euforia excesiva entran ahora en una transición complicada. Un trance de la activación a la desactivación que llevará un tiempo procesar", señala.
Como si se tratara de un consultorio de ayuda al votante decepcionado con el resultado, la psicóloga Miriam Mazover sugiere evitar el aislamiento y quedarse encerrado en las propias fantasías. "Todos los cambios generan angustia, se trate de la política o de otras cuestiones (cambio de casa, de colegio, de carrera, de trabajo, etcétera). La angustia se manifiesta como intranquilidad, inquietud, miedo, ansiedad por aquello que va a ocurrir; también como inhibición y en muchas ocasiones afecta además al cuerpo", explica la fundadora y directora académica de la Institución Fernando Ulloa. Y añade: "El mejor antídoto para la angustia, que todo cambio indefectiblemente promueve, es poder expresar lo que nos pasa a través de la palabra dirigida a otro, construyendo un lazo, un vínculo, con este otro (la familia, la pareja, los amigos, entre otros). La palabra y el vínculo con los otros a través del afecto son los mejores catalizadores de la angustia".
Pablo Calvar trabaja en el sector privado y tiene 43 años. Como todos los argentinos se subió a la montaña rusa electoral a principios de año y acaba de bajarse. "Las decisiones que se pospusieron tuvieron más que ver con el hacer o concretar proyectos. Eso sigue siendo, de todos modos, una incógnita, como siempre ocurre con estos cambios. Pero, al contrario de lo que viví en otros momentos, no se paró todo… Es que no fue una elección en la que se dirimió sólo un tema económico. La efervescencia ya me empezó a bajar. Mi expectativa decididamente es buena", expresa desde una mirada por fuera del microclima de la política y los medios.
El economista y director de estudinero.net, Nicolás Litvinoff considera clave para este tipo de transiciones tomar algunas decisiones, pero sin ansiedades. "Me parece que si el ballottage no salió como vos creías no es el final de nada; al contrario es el principio y hay que esperar las primeras medidas", dice. No obstante, a modo de manual básico de acción, y de acuerdo con las informaciones que estuvieron dando vueltas, sugiere realizar los gastos en pesos que se habían postergado. "El que se quiera comprar un auto –no importado– es un momento para hacerlo en pesos; también adelantar gastos corrientes en esa moneda", explica. La previsión del economista, basada en algunos indicios, es que podría haber un salto en el valor del dólar que después tendería a acomodarse en una cotización menor. "Diría que si lo que pensás comprar está denominado en pesos, no tendría sentido postergarlo, pero si tenés dólares es mejor esperar las primeras medidas del nuevo gobierno. Hubo mucha gente que pospuso consumos y se dolarizó, pero la vida sigue en el día a día y todas las cosas que por momentos parecen catastróficas después se diluyen. Entrar en pánico es lo peor, porque te puede inducir a tomar decisiones emocionales y eso no es bueno", añade.

En las redes sociales el ardor de las elecciones no declinó. A casi una semana, los muros de Facebook continúan en un estado alterado continuo: "Libertad es también que me dejes en paz", expresa el músico y poeta Pablo Krantz un poco irritado con las publicaciones sobre política. Hay algo que subyace en el clima de reacción: mucha gente, una generación entera o dos, nunca vivió un cambio político como el que acaba de producirse y eso provoca sensaciones intensas. "Pienso que hay distintos climas, en distintos sectores, y no sé cuánto puede durar porque en realidad muchos comentarios, pensamientos y reflexiones tienen que ver hoy con lo que pasó más que con lo que viene", explica Ana Miranda, coordinadora del área Sociedad y Vida Contemporánea Flacso
Conicet. "Persiste la bronca o el excesivo bajón, es un aprendizaje y eso lleva algo de tiempo: está en proceso lo que uno quiso y no se dio. Y eso es parte de la democracia", dice. Miranda comenta que, en términos laborales, dentro del sector público el año electoral produjo lentitud en la definición de algunas decisiones. "Noto que todavía persiste la discusión política, la necesidad de pensar y de analizar. Esa búsqueda de debate no se de-sinfló después del ballottage, pero el Gobierno asume cerca de las Fiestas y el clima suele cambiar... Siempre dependerá de las medidas que se tomen, claro", expresa.
Guadalupe Neme, 44 años, aún no bajó un cambio en la autopista electoral que los argentinos siguen transitando. Participó por primera vez políticamente en la organización de los fiscales electorales. "Espero que todo vuelva a la normalidad, disminuir la adrenalina, me encantaría poder sacar un crédito para comprarme un departamento, algo que hace mucho tengo postergado", confiesa. Este año Guadalupe tenía pensado irse a vivir al exterior y retomar una carrera universitaria, pero el año electoral la obligó a concentrarse en otros planos menos personales. "Me aboqué a colaborar para cambiar las cosas que se hicieron mal", dice.
Sergio Sinay, escritor y especialista en el estudio de los vínculos humanos, piensa que muchos de los que votaron a ganador o perdedor congelaron su vida a la espera de ver quién ganaba. "Creo que se sale recuperando el eje de la propia vida; nuestras cosas no las va a encarar el candidato ganador. Y para los que perdieron, lo mismo: no deberían quedarse a la espera de retomarlas dentro de cuatro años. Si estabas pensando en escribir un libro, construirte una casa, cualquier cosa, no se puede postergar para siempre", expresa. Hay un ciclo natural, como en el rompimiento de una pareja, donde en el caso de los que quedaron angustiados, explica Sinay, puede llevar más tiempo y dependerá de su capacidad de "resiliencia".

En su opinión, la normalidad comenzará a recobrarse cuando el nuevo gobierno esté en funciones. "Es posible que muchos empiecen a levantar poco a poco el ánimo porque notan que no vino una catástrofe, mientras que los otros comenzarán a bajar un par de escalones su entusiasmo. Lo que más puede devolverlo a cada uno a su media es reconcentrarse cuanto antes en el rumbo de su vida, independientemente de las cuestiones macro", considera.
"Vacaciones" es la palabra mágica que los argentinos, a juzgar por los números, no postergaron pese al año electoral. El anticipo de compra de pasajes, entre septiembre y octubre, fue superior en un 50% al del año pasado. "Muchos clientes buscaron adelantar las compras de sus vacaciones en dólares por temor a lo que pueda pasar después de las elecciones", dijo en su momento un operador del sector turístico. En cambio, con los destinos internos no ocurrió lo mismo. "Al ser un año de elecciones presidenciales, que se extendieron por el ballottage, sumado a cierta incertidumbre por el dólar, muchos turistas dilataron la definición de sus vacaciones", señaló en un comunicado esta semana el sitio AlquilerArgentina.com.
Martín Danzinger, de 23, cree que el tema político quedó instalado en el menú de las reuniones sociales más allá del año electoral. "Es que está instalado en una generación más allá de sus preferencias... Quizá para los más grandes es distinto, pero hoy te encontrás con gente que quiere apropiarse de un discurso, defender ideas en espacios distintos", sostiene el estudiante de Sociología de la UBA. "Para mucha gente la famosa grieta es negativa o tiene una connotación peyorativa, pero en otros niveles, menos agresiva, significa inquietud por los temas del país", agrega.
El ballottage ya pasó. Terminó. ¿Terminó?
1Hoyt Richards fue el primer supermodelo masculino del mundo pero cayó en una secta “para ricos y lindos”
2Ambos son sordos, ella lo invitó a tomar mate y se enamoraron más allá de las palabras: “Es una forma distinta de conexión”
3Día Mundial del Gin: de amigos del club a creadores del destilado que se coronó en el certamen más prestigioso del mundo
4Por qué olvidamos el nombre de las personas en plena charla, según la psicología






