El tenis y el sexo tienen algo en común

Los gritos que disparan los jugadores tienen sus razones, y algo similar para en la cama
Los gritos que disparan los jugadores tienen sus razones, y algo similar para en la cama Crédito: Shutterstock
Amanda Jot
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13 de septiembre de 2018  • 15:03

Vivir en un consorcio de propietarios tiene sus encantos, sobre todo cuando en la diversidad de vecinos toca uno sexualmente hiperactivo, y además fan de Serena Williams, combinación poética, si las hay. Los gemidos que llegan desde el piso de abajo siempre nos despistan. Cuesta dilucidar si se trata de un match fogoso con alguna que encontró en Tinder o si fue un apasionado raquetazo de la tenista más temperamental del circuito.

Bastante se ha escrito sobre la locuacidad "erótica" de la gran Serena. En rigor, ese gesto tan suyo podría delatar el nivel de profesionalismo y conocimiento de los recursos deportivos, habida cuenta de que el gemido es "una respuesta fisiológica al esfuerzo" que a veces ayuda a un mejor rendimiento, según escribe el neurocientífico Barry Komisaruk en su libro La ciencia del orgasmo. Un grupo de investigadores de la Universidad de Nebraska Omaha ya había detectado en distintos experimentos que los tenistas profesionales aumentan la velocidad de la pelota en un 3,8% si gimen cuando golpean con la raqueta, y que esa mecánica se repite en la relación sexual. Rastreando data a propósito del último US OPEN, que en el pasillo de mi edificio se vivió a todo volumen, encuentro un interesante artículo publicado en la revista Time en el que se comparan los ruidos sexuales con los que hacen los tenistas en pleno juego, precisamente.

Sin dudas la cama es una cancha, donde también hay que poner garra si queremos "resultados". En la nota la autora repasa algunos ensayos sobre los gruñidos y el lenguaje realizados en 1987 por la psicóloga Lorraine McCune, de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey), y encuentra que, aunque jadear no es igual a gruñir, ambas vocalizaciones responden a la misma dinámica respiratoria. "El gruñido es una respuesta fisiológica al ejercicio, un epifenómeno que ocurre cuando el cuerpo necesita más oxígeno. En condiciones de demanda metabólica, la activación de los músculos intercostales para mantener la inflación pulmonar durante la espiración se basa en la contracción que se refleja en el movimiento de los músculos laríngeos, creando un sistema bajo presión que alarga la fase de expiración de la respiración y mejora la oxigenación de la sangre. La caducidad contra la glotis constreñida produce sonidos. Esto también sucede con los gemidos sexuales", explicaba McCune. Un tenista silencioso, agrega, podría arruinar su jugada ya que "para aplacar la vocalización necesita usar la energía que podría haber aplicado en su golpe". En el contexto amatorio, reprimir el grito del éxtasis equivaldría a contener la respiración, algo que no le hace ningún favor al clímax, coinciden algunos sexólogos .

Aunque intentemos controlar (y muchos fingir, pero ese es otro tema) en la intimidad cada gesto revela nuestro nivel de emoción. Unos lloran, gritan, aúllan, ríen, chillan; otros enmudecen al tiempo que su cara se transforma. Luego de analizar más de cien vídeos cedidos privados por voluntarios, un grupo de psicólogos de la Universidad Autónoma de Madrid encontró que en la fase de la excitación, el repertorio se repite en la mayoría de los seres humanos: el 90% cierra los ojos, un 67% aprieta los dientes tensando los músculos del mentón, el 48% frunce el ceño en señal de concentración y 44% separa los labios y emite un levísimo quejido en demostración del placer. "El sonido es una representación de la intensidad de la excitación. A las parejas les sirve como un indicador del disfrute" nos recuerda Komisaruk.

En fin, que en estos tiempos convulsionados deberíamos abandonar el acting y aprovechar el sexo para soltar tensiones y exorcizar angustias, léase, gritar, llorar y lo que sirva para aliviar el día a día. En cualquier caso, se recomienda poner burletes en las puertas.

Por: Amanda Jot
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