El valor agregado de un buen entrenador: técnica, compromiso, empatía y discreción

Daniel Tangona
Daniel Tangona PARA LA NACION
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5 de mayo de 2019  

Es un tema recurrente y del que seguro ya me escuchaste quejarme: creo que los entrenadores deberían asumir un rol más profesional. Es un tema que suelo charlar con colegas, como lo hice recientemente con el profesor Martín Rodríguez y el entrenador personal Martín Heredia. Entre los tres, pensamos distintos atributos que identifican a un buen profesional y lo vuelven integral.

En principio, coincidimos en que debería ser optimista y tener buen humor. También estar comprometido y concentrado con el entrenamiento de su cliente, así como tener tacto y diplomacia, manteniendo la discreción sobre lo que vea o se le cuente (no es novedad que los entrenadores tenemos acceso a las casas y por ende intimidad de nuestros alumnos, y es vital respetarla). Además, debería saber corregir bien la técnica y usar su creatividad para dar la mejor clase posible. Y ni hablar de ser puntual, no usar el teléfono en clase y tener un plan de trabajo planificado para el alumno.

Todo esto es quizás obvio, pero no tan habitual en estos días. Muchos se preguntan cómo saber si su entrenador les está dando un servicio de calidad. La clave es darle un valor diferencial a las clases personalizadas. Para que sean únicas y pensadas para vos, tu entrenador te tiene que saber escuchar. Entender cuáles son tus inquietudes y objetivos, así como tus rutinas y modo de vida. Tiene que saber "leerte", y percibir tu estado de ánimo de ese día, brindando contención y acompañamiento en el entrenamiento, lo que diferencia a un entrenador personal de una clase grupal.

Otro punto que debatimos entre colegas es cómo deben comunicar los profesores. Es un aspecto muy importante, ya que cómo transmitimos los ejercicios y el valor del entrenamiento puede ayudar a fidelizar o alejar por completo a los alumnos. Saber valorar los esfuerzos y comunicarlo con palabras o gestos es una herramienta de motivación que no puede desaprovecharse.

Ser empáticos, ponerse en los zapatos del otro y tratar de comprender las emociones es clave, porque un buen entrenador tiene que saber exigir, pero también cuándo y hasta qué punto hacerlo. William James, profesor de psicología en la Universidad de Harvard, dijo que "no hay mayor capacidad de hacer el bien que despertar entusiasmo entre las personas, y la mejor forma es por medio del aprecio y el aliento". Ese es, amén del conocimiento de la técnica, nuestro mayor rol: alentar a que cada persona consiga su mejor rendimiento. Incluso cuando nuestro alumno está desganado, cansado y con la mente en otro lado. En estos casos, el buen entrenador sabrá aplicar incluso prácticas del coaching.

Un entrenador integral será aquel que tendrá la cintura para ser un agente de salud. El cuerpo muchas veces habla cuando la boca calla. Nuestro trabajo y responsabilidad van mucho más allá de un físico tonificado.

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