
Ellas piden las pelotas
Junto con los basquetbolistas, los gigantes del fútbol americano y los beisbolistas, las mujeres futbolistas son las atletas más populares en Estados Unidos...y ganan millones. ¿Por qué en otros países no ocurre lo mismo?
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Eran las 11.30 , en una helada noche de Ohio, y Brandi Chastain, de 32 años, la defensora estrella del equipo nacional femenino de Estados Unidos, se disponía a patear al arco defendido por un periodista, en los estudios del News Channel 4. "¿Lista para divertirte?", le preguntó el periodista, dispuesto a defender su valla. Y ella dijo que sí. Lejos de sentirse molesta por la hora avanzada, las numerosas entrevistas de su agenda y un partido contra Canadá dos días después, Chastain estaba encantada.
Ni siquiera era un problema que el equipo estadounidense de fútbol femenino hubiera ido a los Juegos Olímpicos Sydney 2000 esperando el oro y hubiera vuelto con la medalla de plata. En los Juegos, Estados Unidos perdió el título de campeón frente a Noruega. Pero no les hizo mella. "Aun cuando se gane, el equipo debe reinventarse cada vez. Si no, todo se vuelve predecible", dice Chastain.
Si se sustituyen todos los calificativos negativos que se les aplican a los deportes de mujeres por sus opuestos positivos, el resultado servirá para definir el euipo nacional de fútbol de Estados Unidos, un grupo soñado de mujeres talentosas, bellas, inteligentes y amables. En otros lugares del mundo, el fútbol femenino no tiene fondos y está subestimado, pero en Estados Unidos es un fenómeno que opaca totalmente el afútbol masculino.
En 1999, Chastain convirtió el penal que le dio la Copa Mundial a Estados Unidos, y al celebrarlo se quitó la camiseta para revelar un corpiño deportivo y un estómago musculoso y tostado a la multitud de 90.000 personas que presenciaban el partido y a varios millones que la estaban viendo por televisión. Ese gesto y esa imagen fueron el principio de una revolución. A fines de 2000, el 76% de los 13 millones de futbolistas federados del país tenía menos de 18 años, y más de siete millones eran mujeres.
Todo el equipo ha alcanzado un nivel de icono: sus victorias desplazan a los deportes masculinos de la tapa de los diarios, la forward Mia Hamm fue consagrada por la revista People como una de las 50 personas más bellas del mundo y es tan famosa como Michael Jordan y Tiger Woods, y la celebración sin camiseta de Chastain se ha convertido en la imagen arquetípica de las mujeres deportistas. "En realidad -dice Chastain-, jamás me imaginé que reaccionaría de ese modo. No quise dar la imagen de una mujer poderosa, pero resultó un mensaje muy positivo, y ahora promuevo la idea de que las deportistas pueden ser fuertes, poderosas, elegantes y hábiles sin dejar de ser femeninas."
Mia Hamm, de 28 años, es la jugadora que gana más dinero de todo el equipo estadounidense, con un ingreso anual de más de un millón de dólares y auspiciantes como Nike y Pepsi. Pero Chastain y la mediocampista Julie Froudy, de 30 años, no se quedan muy atrás. Esta temporada, Chastain llegará a los 750.000 dólares, contando los contratos con sus auspiciantes y tres trabajos en la televisión. Las jugadoras menos conocidas del equipo tienen ingresos que superan los 100.000 dólares anuales.
La capacidad del fútbol de mujeres de causar impacto en el mercado es innegable, pero hay otras razones que explican su popularidad. Una ley de 1972 estableció que las escuelas y universidades de Estados Unidos debían invertir igual cantidad de dinero en deportes para un sexo y otro, si es que querían seguir recibiendo fondos federales. Como los deportes más grandes -fútbol americano, béisbol y básquetbol- son de varones y ya estaban bien financiados, la opción más obvia era invertir en los equipos de fútbol femeninos. Fue todo un éxito entre los padres, que lo consideran un deporte barato y sano, y ganó de inmediato un buen lugar en el mundo de la publicidad y los avisadores.
Pero, según Chastain, cuando ella era niña, en San José, California, el fútbol era un deporte practicado casi exclusivamente por inmigrantes. Sin embargo, se enamoró del juego cuando tenía tan sólo 8 años. Su padre se dedicó a entrenarla. "Jamás había pisado una cancha de fútbol, jamás había pateado una pelota, y todo lo que sabía lo había sacado de un libro de la biblioteca", recuerda. Igual que a Hamm, el fútbol le resultó atractivo porque le ofrecía una salida competitiva que no podía encontrar en el fútbol americano ni en el béisbol. "Si se les hiciera la misma pregunta a las integrantes de nuestro equipo, todas contestarían que parte de la atracción que sintieron por el fútbol radicó en el hecho de tener que jugar contra chicos en la adolescencia. Eso les dio espíritu competitivo y les infundió el deseo de seguir jugando, de demostrarle a la gente que las mujeres también podemos jugar."
Independientemente de sus triunfos o derrotas, la popularidad del equipo de fútbol femenino de Estados Unidos es tan grande que incluso sus entrenamientos atraen a una multitud. En Ohio, por ejemplo, sus admiradores soportan un viento helado simplemente por ver a sus heroínas. Entre las seguidoras más fervientes se cuenta Jennifer Whiple, de 17 años, que se dedica al deporte desde hace más de doce años y aspira a convertirse en profesional. "No puedo imaginarme mi vida sin el fútbol", dice con un suspiro.
Después del entrenamiento, Mia Hamm descansa un poco en los vestuarios, con el cabello negro alborotado y las mejillas sonrojadas por el intenso viento. Su espíritu y pasión deportivos fueron inspirados por su hermano adoptivo y mentor atlético, que murió hace tres años por causa de una anemia aplástica. Tras su fallecimiento, Hamm ha establecido una fundación dedicada a la investigación de las enfermedades de la médula. Su nivel de actividad es formidable: trabaja en campañas de desarrollo de oportunidades para las mujeres en el deporte, y es autora de un libro, En busca del gol. Cómo ganar en el fútbol y en la vida. Nike le ha dado el nombre de Hamm a su central de Oregon.
Nacida en Selma, Alabama, Mia Hamm se graduó en ciencias políticas y tiene el récord -femenino y masculino- de goles en partidos internacionales, con 127. Integró el equipo que ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996. Por ser la futbolista más reconocida del mundo, Hamm podría ser una estrella caprichosa y llena de jactancia. Pero es tímida y reservada, y habla poco y con tono humilde y respetuoso. Según dice, el éxito del equipo después de la Copa del Mundo de 1999 ha unido más a sus integrantes, sin despertar rivalidades entre ellas . "La gente me pregunta si no me molesta el éxito de Brandi o de Julie. Y yo no lo entiendo. No estoy en el deporte sólo por mí. Juego porque adoro hacerlo y porque aquí están mis amigas." La fama no ha borrado, sin embargo, los años que el equipo se pasó luchando para lograr reconocimiento. "Somos muy unidas, porque pasamos mucho tiempo ignoradas, así que el éxito no podría separarnos."
Este año empezó a funcionar la liga profesional de fútbol de mujeres (Wusa) en los Estados Unidos. La selección nacional de mujeres, un equipo cuyos miembros han estado juntos durante alrededor de 12 años, se ha fragmentado: sus integrantes empezaron a entrenarse con sus respectivos clubes de la Wusa. Con 41 partidos jugados durante la última temporada, todas ellas experimentaron cierta tristeza, la sensación de que tal vez no puedan recrear la química que les dio éxito como equipo.
"Logramos abrir muchas puertas que antes estaban cerradas, porque nunca aceptamos un no como respuesta -dice Hamm-. Las jugadoras de este equipo verdaderamente aman lo que hacen, y juegan por las mejores razones. Nunca quisimos que nos regalaran nada, sino que queríamos ganarlo, y eso es lo que hicimos, en cada día de práctica y en cada día que podíamos salir a la cancha."
Pasión de multitudes
Los números reflejan la audiencia comparada del fútbol femenino en los Estados Unidos, medida en millones de hogares
11
1999 - Promedio NBA
5,6
1999 - Wimbledon, final masculina
2,7
1994 - EE.UU. v. Colombia en el Mundial 94
2,9
1999 - EE.UU. v. Brasil en el Mundial femenino
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