
Emmanuelle Béart: una belleza sin tiempo
Tiene 36 años, pero en Los destinos sentimentales,que acaba de estrenarse en la Argentina, encarna diversas edades de su personaje, desde los 20 hasta la vejez
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Montreal, principios de los años ochenta. Emmanuelle Béart, francesa, se encuentra estudiando en la francófona Quebec canadiense. En la calle, alguien le sugiere presentarse al casting para un film. El hombre de ojo avizor no es un aficionado. Se trataba de Robert Altman, director de M.A.S.H., y luego de otros clásicos como Ciudad de ángeles. No pasará la prueba, pero la curiosidad la ganará para la causa. Una causa que en su origen fue muy distinta a la actual: Béart, leonina que el 14 de agosto cumplió 36 años, suele asegurar que su vocación surgió por la promesa de fama y dinero fácil, pero que si hoy sigue filmando es sólo por amor al séptimo arte.
Los destinos sentimentales, la película que se estrenó el jueves último en la Argentina, es el mejor ejemplo de que hoy son las exigencias del trabajo actoral y no las bondades de su cuenta bancaria las que deciden sus proyectos. Algunos datos que lo prueban: el film está dirigido por uno de los directores jóvenes menos convencionales del nuevo cine francés, Olivier Assayas; se trata de una arriesgada reconstrucción de época que dura tres horas y media; la filmación demandó cinco meses y medio de trabajo -algo a lo que no estaba acostumbrada- y la historia abarca tres décadas, desde principios de siglo hasta la crisis de los años treinta, siguiendo las subas y bajas del amor conyugal entre Jean Barnery (Charles Berling) y Pauline (Béart), con Nathalie (Isabelle Huppert) como la tercera en discordia. En Francia, la película provocó cierta controversia por razones extracinematográficas. Está basada en una novela de Jacques Chardonne, un autor que cayó en el descrédito y el olvido por haber sido un activo colaboracionista de la Francia de Vichy.
Emmanuelle Béart tuvo que representar las diversas edades de su personaje, incluida una Pauline entrada en canas. Pero, según reconoció en una reciente entrevista, no la incomodó tanto el verse envejecida treinta años como la ridiculez de ser obligada a reencontrarse con los 20 años.
Los destinos sentimentales prueba también el empecinamiento de Béart en ahorrarse el único papel al que parecía condenada (el de cara bonita). Su filmografía se inició con un par de obras menores, pero su belleza la llevó rápidamente a participar, hace más de una década, en Manon de Manantial, de Claude Berri. Con él ganó sorpresivamente un César a la mejor actriz secundaria gracias a ese trabajo junto al mítico Yves Montand. Más tarde causó revuelo cuando Jacques Rivette la puso en la piel de la modelo que obsesionaba al pintor interpretado por Michel Piccoli. Béart pasaba la mayor parte de la película desnuda, convertida en una suerte de ideal platónico, pero de carne y hueso.
Otras obras suelen destacarse en su carrera: Un corazón en invierno, de Claude Sautet; El placer de estar contigo, como la acompañante de Michel Sarraute; El tiempo recobrado, de Raoul Ruiz; una breve y decorativa aparición en la norteamericana Misión Imposible, de Brian DePalma. Pero la que ella considera la más importante es Una mujer infiel, de Regis Wargnier. Fue su primer gran protágonico y también su gran fracaso. La historia de aquella mujer que no podía evitar serle infiel a su esposo enviado a la guerra y termina acostándose con el enemigo fue recibida con hostilidad. Ella, tras la decepción que la llevó a pensar en abandonar la pantalla grande, afirma que la verdadera razón de las críticas fue el tabú que pervive en Francia sobre la Segunda Guerra Mundial.
Fuera de la pantalla, su rasgo de carácter más distintivo es la crudeza con que defiende su vida privada. Epítome de la clásica belleza francesa y su elegancia algo conservadora, Béart es en realidad una rebelde temperamental. Ella lo explica, para desconcierto de sus compatriotas, con la siguiente frase: "No tengo sangre francesa". Hija de un célebre cantante, Guy Béart, Emmanuelle tiene por parte paterna sangre rusa y española y, por parte materna, italiana y griega. Durante diez años estuvo en pareja con uno de los actores más celebrados de Francia, Daniel Auteuil. Con él tuvo una hija, Nelly (de 10 años), y después de la separación se siguen frecuentando con admiración mutua. Luego estuvo en pareja con David Moreau, con el que tuvo a David (de 5 años).
En las últimas entrevistas afirmó que, de ahora en más, actuará menos. Sin embargo, después de Los destinos sentimentales, filmada en 2000, ya realizó otras dos películas: La répétition, de Catherine Corsini, y Voyant lumineux, de Eric Fourniols. Y ya está en los planes del nuevo niño mimado de la prensa francesa, el exigente François Ozon. Todo indica que Béart estará en Huit femmes (Ocho mujeres) en compañía de Catherine Deneuve, Fanny Ardant, Isabelle Huppert y la ascendente Virginie Ledoyen. Nada mejor para probar su madurez como intérprete que ese infrecuente seleccionado de consagradas.





