
En el lugar soñado
Sergio Checho Batista dice que aprendió a ser paciente y que sabía que su oportunidad llegaría. Cómo vive, siente y piensa el técnico del seleccionado argentino de fútbol
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Nos espera en su departamento frente al Mar del Plata Golf Club. Apenas llegamos nos ofrece café, que él mismo va a buscar a la cocina. Viste un jeans y una camisa rayada colocada fuera del pantalón. Y una cadenita de plata con una pequeña cruz. Nos instalamos en la mesa del comedor, donde están apilados los diarios del domingo. Es tranquilo. Tan tranquilo que uno se puede preguntar si es una cualidad adquirida o innata. Estará en su ADN esta calma. Será la enseñanza de sus cinco años en Japón, donde jugó y dirigió entre 1993 y 1997. Si hay algo que provoca histeria colectiva y un flujo de energía disonante en nuestro país es el fútbol. Sorprende que Sergio Checho Batista mantenga tanta calma. Ni intelectual ni arrebatado: es raro, rarísimo este estilo.
Habla de Japón cuando quiere referirse a esos cinco años en los que se complicaba su relación con la droga. Elige esta forma elíptica para no hablar del pasado. Pero reconoce que allí aprendió a esperar, a manejar las emociones, a mantener la calma. Usa con frecuencia la palabra bastón, tanto para hablar del papel que jugó su padre en su vida como el que ahora tiene su mujer.
Tiene 48 años; hace 24 años que está casado con Marcela, con quien tienen dos hijos, Agostina, de 22, maquilladora profesional, y Nicolás, el nene -como él le dice-, de 19 años, que es futbolista de Argentinos Juniors. Es interesante como maneja la conversación. Su objetivo es no emitir ni una palabra conflictiva, pero tampoco intenta sacarle el cuerpo a los temas.
-Esta no es una nota que tiene que ver específicamente con el fútbol; tiene que ver con tu historia, con tu vida.
-Yo no hablo más de mi pasado.
-Relajate, Checho, estás en buenas manos.
-Me imagino. Tus notas son buenísimas.
-Hay una opinión generalizada y muy interesante acerca de vos: dicen que sos un tipo que le baja el volumen a la locura del fútbol.
-Sí, soy así. Es algo natural mío. Soy así, de esa manera. Es difícil que levante la voz. No me gusta la polémica que hoy existe en el fútbol. Mi vida es [lo subraya] tranquila. Dentro de la selección también pretendo tranquilidad, que todos trabajen tranquilos, sin presión. Eso le hace bien a todo el grupo y corresponde a mi manera de ser.
-¿Siempre fuiste así?
-Cambié mucho cuando fui a Japón. Antes, a lo mejor, saltaba un poquito más, era medio polvorita. Los japoneses me enseñaron a tener paciencia. La forma de ser de ellos, el respeto que tienen, me hizo pensar las cosas de otra manera. Con gritos, levantando la voz, no se logran muchas cosas. Desde entonces, empecé a estar más tranquilo y a tener paciencia.
-Los japoneses tienen un carácter interesante. Te dicen las cosas más terribles con ese tono suave.
-Sí, pero son pacientes y de esperar. El japonés nunca te va a decir que sí ni que no por más que tenga las cosas ya determinadas; te va a dejar esperando hasta que, como decimos nosotros, las cosas estén bien cocinadas.
-Otra de tus características es que le bajás el volumen a la locura: cuando Argentina le ganó 4 a 1 al campeón del mundo, no hubo declaraciones altisonantes.
-Yo creo que tiene que ser así. Soy una persona de naturaleza transparente, no tengo misterios. Cuando se gana estamos todos contentos. Pero ganar para agredir a alguien o para agrandarme por el triunfo, no. Si pierdo, me duele, como nos duele a todos perder, y si gano, tengo la alegría lógica que hay que tener. Yo soy de perfil bajo y un tipo tímido. Yo podría haber hecho cualquier cosa después de ese partido.
-Era un momento...
-Sí, un momento justo. Y hoy también tengo muchos momentos como para contestarle a mucha gente, pero no me gusta la polémica. Yo digo que a mí lo que me interesa es cambiar el fútbol, cambiar la forma de trabajar en el fútbol. Quiero que se hable [lo subraya] de fútbol. Espero que se hable mucho más de fútbol a nivel periodístico.
-¿De qué hablan los periodistas?
-Siempre se los digo a ellos cuando doy una nota: si hablamos de fútbol, sí; si no, no te doy la nota. A mí me interesa eso. No me gusta el chusmerío. Ahora bien, si vos me querés inventar cosas o hacer decir otras cosas, como pasa hoy, ahí me pongo mal: me enojo o no contesto.
-Una cosa que también escuché de vos es que les das mucha seguridad y tranquilidad a los jugadores. Ponés paños fríos, a diferencia de otros técnicos.
-Sí, cada uno tiene su carácter. Yo no me meto en lo que fue el proceso anterior ni en ningún proceso. Trato de que toda la gente que está alrededor mío trabaje tranquila, convencida. Estoy atento a todo, pero no me meto en las funciones de otros. Al doctor le digo: Vos trabajá tranquilo, es tu función, yo no me voy a meter. Y también lo conversamos así con el preparador físico, con la gente que trabaja en el predio. Trato de no llevar complicaciones, sino soluciones.
-El lugar donde estás ahora, ¿es el lugar soñado?
-Para mí, sí. Cuando vos, como jugador, empezás a jugar, tu objetivo es la selección argentina y jugar un Mundial. Si después lo ganás, mucho mejor. Y cuando empezás la carrera de técnico, el objetivo máximo también es este puesto. Quizá te llega rápido, quizá no, como me pasó a mí, que hace mucho que dirijo. Pero es lo que soñamos. Es la ilusión que tiene todo técnico. Me tocó esta responsabilidad tan grande y la disfruto. Espero no desaprovechar la oportunidad.
-La forma en que te designaron también fue rara.
-[Tajante] No. Rara, para algunos: para los que no sabían lo que había pasado anteriormente. En los Juegos Olímpicos [Pekín 2008] es donde yo les demuestro a los dirigentes mi capacidad para manejar un grupo: ganamos la medalla dorada, y vieron cómo me manejaba en los entrenamientos y los trabajos que hago. Los dirigentes miran, observan, y más Julio Grondona, que convivió con nosotros los treinta y dos días que estuvimos en el Olímpico. Cuando vuelvo, es justo cuando se va Coco Basile; el técnico era yo. No había otro. Vos escuchabas las encuestas y la gente, el periodismo, todos querían que fuera yo. Y todos lo decían. Bueno, designaron a otro [no nombrarlo a Maradona, sino decir otro es toda una respuesta]. Yo acepté, porque me dije: Los momentos, después, vienen. Siempre soy de esperar los momentos.
-Eso sí que es japonés. ¿No tuviste una úlcera, taquicardia, algo?
-Tengo la bronca, porque si no, no me correría sangre por las venas. Siempre tranquilo no puedo estar. Tengo la bronca. Pero cuando me dan una buena explicación y me dicen: No, éste no es tu momento, como me lo dijeron, me tranquilizo. Bueno, está bien. Ellos mandan.
-Pero te bancaste una explicación que no tenía explicación.
-Seguro que no, pero hay cosas que uno tiene que aceptar. Y me fui, con bronca, pero sabiendo que en cualquier momento podía tener la oportunidad. Se designó a otro técnico.
-A Diego.
-A Diego, y nosotros seguimos con los juveniles, pero sabiendo que el día de mañana podía existir la posibilidad. Yo me jugaba por la mía, no por lo que le podía llegar a pasar a otro técnico. Yo tuve ofertas, que no acepté, de Qatar, de Arabia Saudita, por una plata tal que mis colaboradores me querían matar. Siempre les decía: Miren, yo tengo este objetivo, el de la selección argentina. Si no pasa nada, me voy a Qatar.
-Ahora bien, Checho, ¿cómo es tenerlo a Maradona en la vereda de enfrente, para tu sentimiento, para tu cabeza?
-Lo único que digo es que a uno le duele, porque compartimos cosas muy buenas y malas, un montón de cosas. Lo que sí me gustaría es poder trabajar tranquilo estos cuatro años. Yo no me meto con nadie, pero que no se metan conmigo. Trato de no hablar porque es polemizar, y ya te dije que no me gusta esa clase de cosas. El tiene su pensamiento. Si me quiere criticar, que me critique.
-¿Cómo es tu relación con Bilardo?
-Es buena. Carlos es una persona a la que hay que saber llevar. Le dije: Carlos, éste es mi trabajo. La función mía es tomar las decisiones sobre el equipo. El que decide el equipo y el que arma todo soy yo.
-¿Cómo es el tema del éxito y del fracaso del DT de la selección? Passarella, Bielsa, Pekerman, Maradona..., ¿todos fracasaron? ¿Es una lista de fracasos?
-Yo no los llamo fracasos. Es una palabra muy fuerte. Todos trabajamos para lograr el objetivo. Después están los rivales, que también están jugando, y que trabajan de la misma manera que nosotros para lograr el mismo objetivo. A veces se te da, a veces no se te da. Lo que pasa es que siempre está la idea previa de que ya somos campeones del mundo. Antes de que empiece a correr la pelota ya somos campeones. No hay que pensar de esa manera. Hay que ir tranquilo.
-¿Hay celos entre los jugadores?
-Puede haber. A mí me tocó un grupo de chicos muy humildes. Te doy un ejemplo de lo que fueron los Juegos Olímpicos, para que te des cuenta de que estos chicos quieren ganar cosas importantes con esta camiseta. Nosotros paramos en la Villa Olímpica, donde tenés atletas de todo tipo, y te distraés. Los mismos jugadores me agarraron a mí y me dijeron: "Checho, nos queremos ir de acá. Queremos ir a un hotel. Nosotros vinimos a buscar la medalla dorada y la vamos a lograr. Si tenemos que pagar el hotel nosotros, lo pagamos". Yo les dije que no, que lo iba a hablar con Julio, y después lo pagó él; o sea, la AFA. Esto es lo que ellos tienen en mente, que a veces no aparece publicado. Se dice que tienen cien millones de euros y no les importa nada. Tienen hambre de ganar.
-Hay un debate acerca de que Messi en la selección no funciona.
-Uno dice: no hace en la selección las cosas que hace en el Barcelona. Seguramente que no las va a hacer. En primer lugar, porque no es lo mismo jugar club contra club que selección contra selección. Porque en el segundo caso vos enfrente tenés a los mejores del otro país, también. No es que tenés a dos o tres que juegan bien. En segundo lugar, el técnico del Barcelona lo tiene todo el día, practica todo el día, toma café con él, etcétera No tuvo un mal Mundial en Sudáfrica; quizá no tuvo suerte de embocarla. Yo no veo que juegue mal en la selección. Seguramente, no va a ser el del Barcelona.
-¿Hay un pacto de silencio en los vestuarios: lo que ocurre adentro no se cuenta?
-[Categórico] Sí. Nosotros lo tuvimos siempre. Tuvimos una reunión en México 86 de la que se enteraron veintidós años después. Y todos sabían de esa reunión. Yo creo que habría que ser más cerrado todavía. Es firme: lo que se habla acá no se habla afuera.
-Ahora con Facebook, con Twitter...
-¿Con qué? Ah, esas cosas no las entiendo.
-Pero los chicos las entienden, y cuentan. Entonces hay una ley de vestuario que se rompe por Internet. Los más jóvenes cuentan todo.
-Que digan nos reunimos o tuvimos una reunión. No hay problema en eso. El tema es que no se cuente lo que se habló en la reunión, porque seguramente al grupo no le va a hacer bien, y además trae problemas con el técnico o con los compañeros, porque a alguno no le va a gustar que se haya hablado.
-Los muchachos están a full con las vedettes. Esto les rompe la cabeza.
-Cada uno elige la vida que quiere [se ríe muy simpáticamente]. Cada uno elige la mujer que quiere. Es distinto de la época nuestra. Yo no me meto; no le voy a elegir la mujer a nadie. Cada uno hace su vida.
-¿Pero le podés parar el carro: tantas fiestas, shows y revistas?
-Eso sí. No me gusta esa clase de cosas. No voy a convocar a un jugador que está todas las noches en todos lados. Yo siempre digo que el jugador de fútbol tiene que saber cuándo y cómo hacer las cosas.
-Y además las chicas están muy desesperadas por esos muchachos que facturan tanto. ¡Y les llenan la cabeza!
-No tengo idea, porque yo tengo mi señora acá, que no me ocupa mucho la cabeza. Lo que sí digo es que son dos ritmos distintos.
-O sea que no citás a alguien que está todo el tiempo yirando.
-No, claro. No me gusta. Me gusta el jugador inteligente, que sepa cuándo. Si está de vacaciones, está todo bien. Yo entiendo que el jugador tiene derecho a salir. Muchas veces se critica que hayan estado a las 10 de la noche en tal o cual lado, cuando faltan diez días para el partido. ¿Por qué no puede salir? Es una persona normal.
-¿Estás de acuerdo con Bilardo en que no haya sexo durante la concentración?
-Yo tuve compañeros que necesitaban hacerlo el día antes del partido. A mí, en cambio, si lo hacía incluso dos días antes, psicológicamente me caía a pedazos. Ya entraba como cansado a la cancha. Pero había muchos compañeros que el día antes de jugar tenían que tener relaciones. Esto va por el lado psicológico.
-¿Dejás entrar las esposas a la concentración?
-Para tener sexo, no. Cuando tenemos concentraciones largas, las esposas vienen, pero no para tener relaciones. No me gusta.
-¿Debilita?
-Sí, te debilita. Todo depende de cómo lo hagas. Vos, de casado, lo hacés de una cierta forma. De soltero, en cambio, tenés que lucirte. Entonces, hay un montón de cosas que ya con tu señora [se frena, y se corrige] las hacés, pero más tranquilo.
-¿Tenés una posición política? ¿Sos de origen peronista o radical?
-No tengo. Soy de origen peronista.
-¿Cómo te influyen los periodistas?
-Muy bien. Por ejemplo, Víctor Hugo fue el que me puso el Checho de la Paternal cuando yo jugaba. Soy un agradecido por todas esas cosas. Al decirlo él, en ese momento, influía mucho en la gente, y le agrandaba la imagen a uno. Yo soy agradecido. Y con los periodistas, en general, entiendo que hay algunos que pueden estar de acuerdo y otros que no.
-¿Sos un tipo creyente, religioso?
-Creo. No soy de ir muy seguido a la iglesia, pero creo. Me aferro mucho a la Virgen de Lourdes.
-¿Y cómo es tu cotidiano cuando no estás con el fútbol? ¿Sos de ir al cine? Yo me acuerdo de que Bilardo contaba que nunca fue al cine.
-Yo tampoco, pero sí miro películas en DVD. Al teatro sí, de vez en cuando vamos con mi mujer. Lo que pasa es que no se puede estar donde hay tanta gente. Pero fuimos al teatro acá, en Mar del Plata, a ver la de Francella, muy linda, me gustó mucho. Fui también a ver a Martín Bossi, que me hizo reír mucho. Es un genio. Acá soy de ir al teatro. Allá, en Capital, me cuesta un poco más.
-¿Vas a comer afuera?
-Sí, viernes y sábados. Lo que pasa es que ahora cuesta un poco más, siendo el técnico de la selección. Me cuesta cuando es masivo.
-¿Comés sano en tu casa?
-[Tajante] No, nunca. Nunca comí sano, nunca me cuidé con las comidas.
-¿Tomás vino?
-Un poco, cuando hay algo. Si no tomo gaseosas.
-¿Fumás?
-Terriblemente. Ahora me estoy muriendo por fumar un cigarrillo [se ríe]. Empecé a los 33 años, hace quince. Cuando jugaba al fútbol nunca toqué un cigarrillo, salvo a veces, en vacaciones, y después lo dejaba. La última vez que fuimos a jugar al fútbol me asusté, porque me ahogué. No me entraba el aire por ningún lado, y mi cabeza dijo que tenía que dejar el fútbol y no el cigarrillo, es decir, al revés. En vez de dejar el cigarrillo; me dije: No juego más. Tengo muchas ganas de dejarlo, porque estoy fumando bastante.
-¿Así fue con la droga, que de un día para el otro dijiste basta?
-Me fui: a Japón. Mentalmente, me dije: Checho, te tenés que ir. Pero es un tema que no quiero tocar.
-¿Quién es el director técnico soñado? ¿Guardiola?
-Yo tengo mi identidad. Hoy, en la cima está Guardiola. Es el técnico del momento. Y a Mourinho también hay que respetarlo, porque es un gran técnico. Tienen distinta forma de pensar y de jugar, y son los mejores. Pero yo busco el objetivo. A mí lo único que me interesa no es llegar a ser alguno de ellos, sino que Argentina salga campeón del mundo. Es el único objetivo que tengo.
-Hay jugadores que no son geniales, pero son líderes.
-[Corrige] No: hay jugadores que no se notan dentro de la cancha para la gente. Para la gente no se destacan, y para el DT son muy importantes.
-¿Podemos dar nombres?
-Mascherano, Gabriel Milito, son técnicos dentro de la cancha. Lo que uno necesita. Pero se trata de puestos. No digo que Lionel no pueda ser el técnico dentro de la cancha: son los puestos, los que te van llevando a hacer eso. Además, son los defensores los que ordenan. Entonces, no son tan vistosos, pero para el técnico es muy importante tener un jugador adentro de la cancha que, estando vos afuera, te ordena todo, y te quedás tranquilo.
-¿Y hay otros que te hacen la psicológica dentro del equipo?
-No es fácil ser líder. No es líder el que grita siempre. No es cuestión de hablar y gritar. No: el líder tiene que saber hablar, cuándo hablar y cómo hablar. Hay jugadores que son líderes: Sebastián Verón es un líder y maneja bien las cosas. Se trata de líderes positivos, porque también hay líderes negativos. No es fácil. Acá en la selección, nosotros vamos a ver quién será el líder. Hay gente que habla bien. Pero siempre tiene que haber dos que lo hagan. Si eso lo hacen once, chau, estás muerto.
-Dicen que el técnico de la selección argentina no gana tanto dinero como los demás técnicos.
-Los clubes están pagando muy bien. Yo en la selección no espero ganar bien.
-¿Estás hecho económicamente?
-No.
-¿Necesitás trabajar para vivir?
-Sí. Vivo bien, pero no estoy hecho económicamente. Lo que me hizo dudar ante las ofertas de Qatar fue decir: Si me pasara algo el día de mañana, mi familia estaría cubierta.
-Estás al día...
-No sé si al día. Pero no es para decir dejo de trabajar. De todos modos, nunca voy a dejar de trabajar.






