Caña o rana: cómo sos frente a los conflictos diarios y cómo resolverlos de la mejor manera
En la vida no todo es blanco o negro; hay grises, matices, e infinitas posibilidades; la importancia de la capacidad de dialogar con respeto
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Si bien los conflictos que vivimos a diario son parte de la vida, lo importante es saber cómo gestionarlos y utilizarlos a nuestro favor. ¿Por qué solemos tener roces con los demás? Porque somos distintos y, muchas veces, tenemos formas de pensar que difieren unas de otras.
Lo ideal es que dichos roces sean ocasionales o circunstanciales y que no lleguen a afectar negativamente el vínculo. En ocasiones, no nos agrada cierto aspecto del carácter de alguien. Porque yo soy abierto y el otro es cerrado. O porque yo soy tímido y el otro es extrovertido. Hay personas que se ofenden con facilidad, pero olvidan pronto; mientras que otras siguen enojadas durante años.
Ahora, los roces que se generan, aunque no nos gusten, nos ayudan a flexibilizarnos para negociar con el otro, teniendo en cuenta siempre que el vínculo es más importante que todas nuestras diferencias. Es así que, cuando discutimos, cuando surge el conflicto, podemos reconciliarnos con facilidad sin afectar la relación que termina siendo renovada.
Muchos, frente al conflicto, son como una caña: se quiebran. Mientras que otros, en la misma situación, son como una rama: se doblan. Estos últimos son capaces de considerar el punto de vista del otro, de mostrar empatía ante las actitudes negativas de los demás. Estas personas poseen lo que se denomina “plasticidad mental”.

Un padre posmoderno que pretende criar a sus hijos adolescentes como él fue criado hace 30 o 40 años, sin duda, enfrentará muchos conflictos en su relación con ellos. En estos casos, es fundamental la flexibilidad o plasticidad que nos permite soltar nuestros prejuicios y aumentar nuestra capacidad de empatía.
Esta mentalidad o forma de pensar positiva acciona nuestra capacidad de darnos cuenta de que en la vida no todo es blanco o negro. Es decir, que hay grises, matices, infinitas posibilidades. Entonces, mejoramos nuestros vínculos cuando, siendo flexibles, podemos hablar con tranquilidad y amabilidad, incluso de cuestiones conflictivas o de aquello que nos molesta de alguien.
Hoy en día vemos como muchas personas caen en luchas de poder para ver quién tiene la razón. Pero para resolver los conflictos que enfrentamos a diario, esos roces que no podemos evitar, es fundamental procurar encontrar juntos mejores alternativas para llevarnos bien. Por lo general, no hay enfrentamiento cuando una de las partes no desea involucrarse en ello.
¿Cómo es posible que dos personas discutan, incluso con un vínculo cercano, y luego dejen de hablarse durante años? En esos casos, el vínculo no tiene una base sólida. Uno puede discutir con alguien querido sobre cualquier tema y, aun así, mantener la relación porque el vínculo es más fuerte que cualquier diferencia.
Para concluir, recurramos siempre a nuestra capacidad de dialogar con respeto por el otro para resolver los conflictos y construir un vínculo mejor a partir de las diferencias.
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