
En Lyon, un paseo por el museo de miniaturas de cine

Lyon es una de las ciudades más importantes de Francia. Geográficamente se encuentra en una gran confluencia de vías, tanto fluviales como terrestres. Por eso, Lyon no pertenece ni al Norte ni al Sur; aquí, podríamos decir, se encuentran estos dos puntos cardinales.
Anciana ciudad, llamada Lugdunum (la ciudad de la luz) por los romanos y en su momento capital de la Galia, más allá de su gran historia, es joven y vibrante. Los que la conocen bien dicen que aquí se aprende verdaderamente a vivir a la francesa. ¿Qué significa esto? Aimee, una gran amiga lyonesa, me explicó que aquí uno vive rodeado de patrimonio histórico.
También es una de las capitales de la gastronomía francesa (con una enorme cantidad de restaurantes clasificados con estrellas Michelin) y la capital mundial de la seda (de ahí a la moda, un pequeño paso). Aquí también se realizó el primer film de la historia, gracias a los hermanos Lumière, y en Lyon, la bicicleta se transformó en un modo de vida y no sólo en un medio de transporte (sí, la imagen del francés yendo a hacer sus compras o trasladándose en bicicleta prácticamente nació en esta ciudad). Todo esto, Aimee me lo contaba mientras caminábamos por las estrechas calles de la vieja Lyon, llenas de impecables edificios, entre medievales y renacentistas, donde cientos de comerciantes transformaron a Lyon en uno de los centros comerciales más importantes de la Europa de los siglos XIV, XV y XVI, conviertiéndose en una de las ciudades más ricas de Francia con una pujante burguesía que sigue siendo muy famosa en el país.
Más allá de todo esto, Aimee me quería mostrar algo fuera de lo cotidiano y ordinario. Rodeado de las riquísimas boulangeries, anticuarios y pequeños bares se encuentra el espacio de un soñador: Daniel Olhmann. Es el creador, curador y coleccionista del Museo de las miniaturas y del cine.
Todo comenzó cuando Olhmann, todavía escultor y decorador de interiores, tuvo la posibilidad de encontrarse con George Lucas y su equipo de trabajo de la Guerra de las galaxias, hace más de treinta años. Con sólo darle la mano al creador de una de las más grandes sagas filmadas y compartir un almuerzo con el team tuvo su epifanía.
A partir de entonces, su vida dio un vuelco de 180 grados y se dedicó enteramente a reparar y coleccionar todo lo que tuviera que ver con las grandes películas y series realizadas en las últimas décadas. Para eso tuvo la suerte de encontrar a una verdadera mecenas que lo ayudó a instalarse en un típico inmueble de comienzos del 1400, y donde, en sus seis amplias plantas, se pueden recorrer y observar algunos de los más famosos objetos y piezas de utilería de producciones hiperfamosas: desde la escultura original de la reina Alien, pasando por los vestuarios de Gladiador, Armageddon, Robin Hood y Los tres mosqueteros, hasta la varita de Harry Potter e infinidad de maquetas armadas para las escenas más riesgosas de películas como Top Gun o Piratas del Caribe. Todo esto suma cientos de artículos ordenados metódicamente bajo el ojo atento de Daniel, quien nos introdujo a su mundo y nos llevó a su atelier, donde estaba restaurando una inmensa cabeza a escala real de un triceratops utilizado para Jurassic Park, y donde exhibía orgulloso los trajes originales de Robocop y el Batman de Val Kilmer.
Y así, en esta interesante ciudad, una de las cunas de la idiosincracia francesa, junto con Aimee, me sorprendí con esta especie de viaje cinematográfico recordando algunas de las películas que marcaron nuestra infancia.
Pero lógicamente ya era suficiente de este viaje hollywoodense y decidimos al unísono volver a la calle, a este especie de microuniverso a la francesa. Como Lyon es la cuna de los tradicionales premios Bocuse d’Or, empezó nuestro recorrido culinario, del cual prometo contarles en un futuro muy cercano.






