
Un acercamiento a la cabeza del hombre que resignó su afro para convertirse en el primer presidente negro de la Argentina.
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Habrán visto los afiches por la calle: Omar Obaca quiere ser el primer mandatario negro de todos los argentinos. Sus propuestas –que pueden revisarse en fwtv.tv/obaca– van desde compartir su cuenta de Netflix hasta repatriar a Messi para que juegue en Newell’s. Claro que a veces con propuestas no alcanza: primero hay que impactar desde la imagen. Y en eso anda Obaca, que se rapó el afro y hoy se somete a la opinión de sus asesores. ¿Esto es real o es ficción? Lo mismo nos preguntamos con respecto a varios políticos que, sin embargo, se sentaron en el sillón de Rivadavia.
¿Tenés que estar muy encima de tu look ahora que sos candidato?
Sí, es una lucha constante con mis asesores, que quieren que llegue impecable a todos lados. El problema es que a mí me gusta mucho dormir, así que les tuve que pedir que me acomodaran las actividades de campaña siempre después de las dos de la tarde, como para poder levantarme con tiempo y prepararme bien. Igual, el peinado es bastante sencillo.
Es muy similar al de Obama…
Sí, eso garpa, ¿no? De hecho creo que lo mejor de mi corte actual es que no para de ganar votos, sobre todo femeninos. Estoy marcando un nuevo estilo de hombre negro en Argentina: carismático, exitoso… En octubre vamos a poder ver los resultados más claramente. La verdad es que creo que hoy le gano un ballotage hasta a Brad Pitt.
¿Tenés un peluquero de confianza?
No, nunca tuve. Dejar tu cabeza en manos de otro no es nada sencillo. Y menos para mí, que soy muy detallista: estoy convencido de que nadie hace las cosas mejor que yo. Por eso soy mi propio peluquero. Mi corte actual me permite pasarme la maquinita y resolverlo en cinco minutos. A lo sumo le pido a algún asesor que me emprolije las partes a las que yo no llego.
¿A quién le envidiás el peinado?
¡A Sergio Denis! Uno siempre envidia lo que no tiene, ¿no? Y el de Sergio es un pelo lacio y blanco, exactamente lo opuesto al mío. Me encanta ese gesto que hace con la mano cuando se lo acomoda para el costado.
¿Alguna vez te dejaste los rulos largos?
Sí, por supuesto, tuve un afro muchísimo tiempo. Me lo peinaba con el típico peine de dientes anchos, que todavía debe andar por algún cajón. Es más: antes de arrancar con la campaña me había teñido el afro de celeste y blanco. Me pareció que era un detalle sutil. Lamentablemente, a mis asesores no les gustó y pegamos un volantazo. Parece que con ese look no captaba mucho voto adulto. Y la gente de la tercera edad lo veía como algo muy jugado.
<b><i>"Le envidio el peinado a Sergio Denis. Me encanta el gesto que hace cuando se lo acomoda para el costado"</i></b>

Últimamente, están llegando inmigrantes de Centroamérica y África, así que el afro se está viendo un poco más…
Sí. Quizás dentro de cuatro años, cuando estemos planeando la campaña de la reelección, ya pueda convencer a mis asesores, je.
Con esa inmigración también están surgiendo las típicas peluquerías de los barrios negros. ¿Es un fenómeno que te interesa?
Sí, claro. Son lugares que cumplen un rol social, como puntos de reunión. En el futuro, me encantaría que se transformaran en pequeños comités políticos, algo así como centros de acción ciudadana del partido de Obaca.
¿Extrañás tu afro?
Y… En invierno un poco se extraña, porque te protege del frío. Te cubre la nuca y las orejas, te levanta un poco la temperatura. Por suerte, este invierno mentiroso en Buenos Aires me viene salvando.
¿Te da miedo quedarte pelado?
Para nada. Llegado el caso, usaría pelucas. Me parece genial eso de poder cambiar tu estilo capilar todos los días según el humor que tengas. Hasta una peluca de rastas podría usar. Me parece que es una idea acorde a cómo se vive hoy, a full, con mucha adrenalina. ¡Puro look! Y también podría decidir mi peinado según el barrio que fuese a visitar. ¡Sería una máquina de ganar votos!






