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Grandes Esperanzas

Es adoptada, a los 29 conoció a su hermana biológica y para sus hijos es la tía que siempre quisieron tener

Alejandro Gorenstein
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14 de agosto de 2019  • 00:41

"Desde que tengo uso de razón siempre supe mi historia. Sabía que había estado en la panza de otra mujer y que gracias a la decisión de ella tenía la suerte de hoy pertenecer a una familia. El 24 de mayo de 1983 Mercedes ocultó su panza y tomó un micro que la llevó desde El Maitén a El Bolsón (Chubut). Dijo que viajaba por una oferta de empleo, pero sobre el mediodía de un día frío comenzó su trabajo de parto. Nací yo, Natalia, aunque ella me llamó Verónica Isabel Silva. Con el tiempo supe que me dio de amamantar durante algunas semanas hasta que se fue del hospital sin dejar rastro. Se fue, pero me dejó con todos los derechos de la ley: había ido a parirme con la orden de un juez que autorizaba a dar a su beba en adopción", recuerda Natalia Florido (36), a la distancia.

A más de 1.200KM estaban Marta y Vicente, un matrimonio que había tenido un hijo (Juan) y por motivos de salud de ella no habían podido tener más niños. Sin embargo, ante la insistencia de Juan de querer un hermanito decidieron inscribirse en el Registro Único de Adoptantes y el 1 de julio de 1983 Natalia fue trasladada a Bahía Blanca criándose en una familia de "inmenso amor" en la localidad de Ingeniero White, muy cerca del mar.

Natalia
Natalia

"Crecí en una familia de ´cuento de hadas´ y no por la perfección, sino por el amor incondicional con el que me criaron: siempre supe mi historia, la adopción siempre fue un tema en la sobremesa. Mamá Marta se dedicaba a las tareas del hogar y papá era amarrador en una empresa que heredó de mi nono, así que el puerto, los mariscos y las gaviotas son el lugar en donde logro identificarme y volver a ser chiquita por un rato".

La búsqueda de sus orígenes

Hace ocho años su papá entró en una depresión profunda y fue internado en una clínica psiquiátrica. "El médico me sirvió un vaso de agua y me dijo: ´Démosle tiempo´. Salí, me senté en un banco y llamé a mi mamá: ´Tengo miedo de quedarme sola´, le dije".

A los pocos días Natalia se comunicó con el Registro de las Personas de El Bolsón, envió todos sus datos pero como su papá salió adelante con su enfermedad los trámites quedaron en el olvido. Sin embargo, en junio del 2011 la llamaron para pasarle el teléfono y la dirección de su mamá biológica. En ese momento busco por Internet y al llamar se enteró que Mercedes había fallecido un año atrás, pero lo más impactante fue cuando supo que tenía una hermana biológica: Vanesa (39).

Un abrazo que tardó 29 años

"El primer día hablamos por teléfono una hora, luego Vane se fue a un cíber con toda mi familia: conocí a tías y primos de quienes veía sus caras de asombro detrás de la pantalla. El parecido con Mercedes era algo que no podía disimular. En Agosto de ese mismo año Vane viajo a Bahía Blanca y fue un momento inolvidable, nos dimos un abrazo que saldó 29 años de ausencia y que nos decía que éramos hermanas para toda la vida", se emociona Natalia.

A partir de ese momento Natalia y Vanesa se visitan todos los años, incluso hasta han compartido varias fiestas juntas. "Ella viajó para el nacimiento de mi último hijo, Felipe. Ahora, por suerte, existe video-llamada así que estamos siempre conectadas. Mis hijos la aman, es la tía que siempre quisieron tener dicho por ellos. Es más, a mi hijo Bautista le decimos Vaneso porque son iguales en todo. Disfrutan mucho el estar juntos, se ríen, pasean y me sacan el cuero porque en algunas cosas somos el agua y el aceite".

Vanesa y Natalia
Vanesa y Natalia

Por su parte, Vanesa tiene a Micaela (2) y para enero del año que viene espera a su segundo hijo. "Mi relación con ´Mica´ es increíble aunque es mañosa así que aprovecho a pelearla bastante, pero es hermosa".

Alumbrando en la Oscuridad

En abril del 2014 Natalia escribió Alumbrando en la Oscuridad, un Libro de adopción con voces que intentan alumbrar en el medio de la oscuridad un tema que en la actualidad sigue teniendo prejuicios. "El objetivo del libro es alumbrar, que la gente pueda saber más sobre historias de adopción desde las propias historias contadas por sus propios protagonistas, que mi historia alumbre la tuya".

Desde hace 10 años preside la Red Argentina por la Adopción, una organización sin fines de lucro que busca promover la adopción de niños y niñas en la Argentina, considerando que más del 80% de los chicos que están esperando una familia, tienen más de cinco años o son grupos de hermanos. La red ha sido creada para difundir los derechos de los niños a ser adoptados y fortalecer la familia adoptiva, brindando asesoramiento para el proceso de adopción, la espera y el desarrollo de ser padres desde el amor. (/redadopcionarg.org)

Entre los objetivos que tiene la red se destacan: mejorar la difusión de información a las familias que desean adoptar y brindarles los medios necesarios para asesorarse sobre los procesos de adopción y los trámites correspondientes, generar proyectos que acerquen el vínculo de la Red con los municipios para desarrollar actividades en conjunto y de esta manera extender el círculo de información y difundir los derechos de los niños a ser adoptados y fortalecer lazos con las familias adoptivas. "Lo que más nos preocupa es la falta de información, la espera de los adultos en chicos chicos, cuando lo que hay es niños mayores de 5, hermanos, adolescentes y niños con discapacidad", dice Natalia.

Actualmente, Natalia está escribiendo su segundo libro, Crónicas de una adopción compuesto por historias más relevantes y hasta poco frecuentes como, por ejemplo, adopciones monoparentales, parejas gay, adopción de adolescentes y

niños con discapacidad. ¿Qué mensaje querés transmitir con tu historia y con tus libros? "Siento la esperanza de que sirva para alumbrar en la oscuridad, para que aquellos que aún tienen miedo de adoptar se animen y sepan que en nuestro país hay niños, adolescentes y hermanos que esperan ser hijos, y que un niño nunca debería tener que probar que es digno de amor", responde Natalia.

"De corazón a corazón"

Natalia está separada y tiene cuatro hijos "intensos varones": Thomas (17), Joaquín (13), Bautista (11) y Felipe (3). "Siempre trato de involucrarlos sobre todo para que entiendan lo importante que es para muchos chicos tener una familia.

Yo no podría lograr todo lo que logré sin el apoyo de mi familia, lleva horas y a veces no todos lo entienden sobre todo cuando no es remunerativo y uno lo hace de corazón a corazón, esperando poder ayudar a otros con su historia de vida".

Natalia se sorprende cada vez que observa padres adoptivos que transforman sus casas con grandes salas de juegos para los niños que llegan y en cada uno de los casos ella les cuenta que, pese a que tuvo muchos juguetes, solo recuerda sus cumpleaños, los cuadernos de comunicaciones firmados, la emoción de salir a escena en un acto y verlos en primera fila. "Hay que dejar de lado el paradigma de la adopción y de que el niño es diferente porque es adoptado, el niño es niño y tiene una historia, que solo la paciencia la tolerancia, la aceptación y el amor pueden hacer de ese niño un futuro adulto feliz. Así que a los padres solo les pido que se animen sin prejuicios .Que vean la adopción no como un problema, sino como una solución. No es un acto de caridad: es poder concretar el deseo de la maternidad y paternidad, es encontrarse y reconocerse en la mirada del hijo, de ese hijo que tapamos a la noche, al que le cantamos para que se duerma, al que esperamos que llegue a casa en su adolescencia".

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