Es argentino, se mudó a Groenlandia y cuenta cómo es vivir en la isla de la disputa: “Esto los descoloca”
Facundo Triay explicó cómo la cotidianidad de una sociedad pequeña y pacífica enfrenta hoy un escenario inédito; “Hay miedo”, señaló
5 minutos de lectura'


Facundo Triay tiene 30 años, es argentino y desde hace más de dos años vive en Nuuk, la capital de Groenlandia. Llegó para trabajar en la industria pesquera y logró instalarse en una sociedad pequeña, ordenada y silenciosa, donde la vida transcurre sin sobresaltos y donde, hasta hace poco, el mundo parecía quedar lejos. “Groenlandia siempre fue eso: un lugar tranquilo, casi impermeable al ruido exterior”, sintetizó.
“Acá la gente está acostumbrada a vivir sin que nadie la moleste. De repente llegaron periodistas de todo el mundo, se empezó a hablar de militares, invasiones, y hoy se percibe mucho miedo”, describió a LA NACION Facundo, quien observa el clima social desde adentro y se vincula diariamente con groenlandeses. Sus palabras reflejan el interés que despertó Groenlandia para el mundo, luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresara su deseo de anexar ese territorio.
Su procedencia argentina, que lo acostumbró a la vorágine y cierta inestabilidad, le permite percibir con otros ojos cómo un pueblo tan distinto reacciona a eventos disruptivos.

Groenlandia: la calma como forma de vida
Groenlandia tiene unos 56.000 habitantes; Nuuk, alrededor de 20.000. Esa escala define buena parte de su vida cotidiana: “Es una capital chiquita, pero muy ordenada. Hay edificios, cine, museos, natatorios, polideportivos. Se puede hacer de todo, pero en interiores, sin ruido y sin apuro”.
La seguridad es uno de los rasgos que más lo sorprendieron: “No hay robos. La gente deja cosas afuera de la casa y nadie las toca. Cambian las ruedas del auto según la estación y las dejan en la vereda. Incluso dejan a los bebés durmiendo afuera, bien abrigados, y saben que no les va a pasar nada”.
Ese clima de tranquilidad también se expresa en los gestos mínimos. “Son muy respetuosos. Los autos frenan siempre para dejar pasar al peatón. Hablan despacio, casi susurrando. A veces yo voy hablando por teléfono y siento que desentono, porque el volumen argentino acá llama la atención”, contó.
La calma se expresa incluso en la relación con el trabajo: “Acá es normal que la gente no vaya uno, dos o tres días a trabajar. Prefieren estar tranquilos en su casa o ir a pescar o a cazar antes que trabajar todos los días ocho horas”, señaló Triay. Esa lógica explica, en parte, la cantidad de extranjeros en el mercado laboral. “Por eso hay tantos inmigrantes: porque muchos locales eligen una vida más calma”, justificó.

“Yo pensaba que iba a encontrar solo groenlandeses y me encontré con gente de todo el mundo. Hay franceses, españoles, lituanos, marroquíes, muchos filipinos y asiáticos. En el trabajo somos siete nacionalidades distintas”, relató. Esa mezcla convive con una identidad local muy marcada. La mayoría de los groenlandeses son inuit, descendientes de los pueblos originarios: “Ellos están muy arraigados a su cultura. Siempre quieren que vos la conozcas, que sepas cómo viven, cómo piensan”.
El día en que el ruido llegó a Groenlandia: la amenaza latente
Durante años, el debate identitario central fue la relación con Dinamarca. “Hace más de 15 años que buscan la independencia. La mayoría de los groenlandeses odia a Dinamarca por lo que ocurrió en el pasado: los obligaron a mudarse a la capital, les cambiaron su forma de vida, hubo políticas muy duras. Eso dejó una marca muy profunda”, reconstruyó. Estados Unidos, en cambio, era visto con otros ojos. “Había una mirada bastante proamericana. Incluso hubo partidos que proponían un acercamiento a Estados Unidos”, rememoró.

Eso cambió con la forma en que Trump planteó el tema. “No cayó nada bien que los quieran comprar, como si fueran un objeto. Eso tocó algo muy sensible”, afirmó. Las declaraciones encendieron una alarma en una sociedad poco habituada al conflicto: “Acá están acostumbrados a la paz. Cualquier disrupción los estresa”.
El tema se instaló en todos los espacios. “Se habla en la radio, en los diarios, en el trabajo, en muchas charlas cotidianas. Es una capital chica: cualquier cosa retumba mucho. Y esto, que encima es mundial, más todavía”, dijo Triay.
—¿Cómo se vive esa posibilidad de una intervención externa?
—Hay miedo. Mucha gente no está acostumbrada a pensar en conflictos de este tipo. Me dijeron que había chicos que no podían dormir, que tenían ansiedad por la idea de ver militares en la calle. Acá la vida siempre fue tranquila y esto los descoloca mucho.

La reacción social fue una movilización inédita. “Hubo una marcha enorme, pacífica, con carteles que decían ‘Free Greenland’. Fue la primera vez que salió prácticamente toda la ciudad”, contó. Para Triay, ese gesto tuvo un significado claro. “Si ahora tuvieran que elegir, muchos prefieren seguir con Dinamarca antes que pasar a Estados Unidos. Con Dinamarca sienten que, aunque lento, el camino a la independencia sigue. Con Estados Unidos lo ven como volver a ser una colonia”.
Mientras tanto, la vida cotidiana continúa. “La gente va a trabajar, los chicos van a la escuela, las calles siguen limpias y ordenadas. Pero el ruido está”, resume. Lo que más pesa, dice, no es solo el conflicto en sí, sino la irrupción de una lógica ajena. Y cerró: “De golpe el mundo entero está mirando un lugar que siempre vivió en silencio. Y eso, para una sociedad tan tranquila, se siente como una invasión”.
Otras noticias de Groenlandia
“Pedazo de hielo”. De la guerra al intento de compra: la historia contradice el relato de Trump sobre Groenlandia
“Todo lo que queremos”. Acceso total, minerales y una “Cúpula Dorada”: qué se sabe del acuerdo sobre Groenlandia que negocia Trump
"Será para siempre". Trump da marcha atrás con las amenazas a sus socios de la OTAN y habla de un posible “acuerdo” por Groenlandia
1Davos: el encendido discurso del primer ministro de Canadá contra Trump y las potencias mundiales
- 2
Tragedia de Adamuz: se conocieron audios del maquinista tras el choque de trenes
3El Parlamento Europeo paralizó el acuerdo con el Mercosur y lo remitió a la Justicia
- 4
Trump invita a Delcy Rodríguez a Washington en medio de graves denuncias sobre “centros clandestinos de detención” en Venezuela






