
Esa diferencia entre buenos y buenistas
El buenismo avanza. Lo hace de mil maneras, todas ellas plagadas de buenas intenciones.
Sus acólitos abruman con sus causas y sus formas. Son tan macanudos que los que los rodean siempre parecen agentes del Mal, si se los compara con la proactividad bondadosa de los que a toda hora dan cuenta de que lo importante es salvar al mundo y a los osos polares.
El buenismo es una actitud permanente, a veces, insufrible. Es que no necesariamente se liga a la bondad, sino a una visión estereotipada de ella, más preocupada en evitar o denunciar al mal (de los otros) que en hacer el bien.
No hay paz en el ánimo de un buenista. Es que su tarea es dura. Tiene que buscar a los malos para ofrecerles alternativas a su estilo de vida equivocado o lleno de carencias. Han descubierto que la violencia es mala y que la sociedad no es, ni por asomo, lo que debiera ser si las cosas se hicieran como a ellos les parece.
Es como si hubieran inaugurado la bondad y descubierto los males del mundo, junto a soluciones simplistas que, digámoslo, son enunciados atendibles, pero ineficaces por estereotipados y por encubrir algunos sentimientos de superioridad que distorsionan el real sentido de lo virtuoso.
Ante una persona buena sentimos paz, confianza y calidez, mientras que ante un buenista sentimos que somos mala gente, que estamos en "orsai" en la vida y que aquella culpa que Torquemada desparramaba de tan mala manera algunos siglos atrás, en el presente nos es inoculada por los buenistas de una forma a veces sutil que, sin embargo, señala que el mundo está habitado por algunos que merecen estar acá, y por otros que... no tanto.
Digámoslo: algunos buenistas fueron chicos sobreadaptados que se esmeraban excesivamente en ser buenos para ser queridos. Otros, por el contrario, son personas que, con un pasado tal vez "zarpado", intentan compensar las cosas en el presente con una actitud moralizante en clave moderna que pide, como aquella Miss Simpatía encarnada por Sandra Bullock, "paz en el mundo" de manera automática y pasteurizada.
A su vez, otros miembros del heterogéneo club de los buenistas necesitan de gente carenciada para ser ellos los buenos y "pudientes" de la película? Como se ve, hay de todo en el territorio del buenismo.
Las personas pueden tener aspectos de nobleza y bondad que no requieren de fanatismo ni declamaciones para ser ejercidas. Esas mismas personas pueden ser bondadosas, bien habladas, amables? y a veces no.
No todo es tan simple en la vida y las cosas vienen mezcladas de extrañas maneras. De hecho, cuando conocemos los aspectos oscuros de alguien, de alguna forma, nos tranquilizamos al transparentarse su juego. Es que sentimos que conocemos de verdad a la persona, y el afecto o el reconocimiento vale más cuando se comparte entre seres imperfectos pero genuinos, que cuando se lo hace con aquellos demasiado controlados y atados a un estilo virtuosista rígido y poco relajado. Que se entienda: las causas pueden ser buenas, pero los buenistas con su simplismo excesivo y su encubierto narcisismo pueden arruinarlas. El buenismo usa buenas e indiscutibles causas para sus fines. Por eso, no es escuchando la letra sino sintiendo la música que irradia que se identifica la infiltración del buenismo en la actividad humana.
No son malos los buenistas. Hacen lo que pueden. Pero es importante identificarlos y aprender que el bien no pasa por militar en el buenismo, sino por ofrecerle amor a la vida, que es otra cosa. Por eso, viene bien tener presente aquella frase que decía "ama y haz lo que quieras", que lo demás, como dice otra frase famosa, "vendrá por añadidura".
El autor es psicólogo y psicoterapeuta
@MiguelEspeche







