“Esas cosas son para La Matanza”. A 10 años de la conferencia de Cristina Fernández en Harvard, el recuerdo de dos estudiantes
En la escuela de Gobierno de la universidad de Harvard, estaban acostumbrados a recibir visitas de presidentes y funcionarios de alto rango, pero la visita de Cristina fue diferente a todas las demás
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Esa noche, Molina no durmió. Tumbado en su habitación, en el campus universitario de Harvard, el venezolano, de 19 años, pasó horas repasando mentalmente la conferencia de prensa, la pregunta que él le leyó a la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y la respuesta de la mandataria. “Te vi leer la pregunta, seguramente no tenés buena memoria para recordar lo que me querés decir”, le había lanzado ella, con una sonrisa sarcástica, luego de contestar la punzante pregunta del joven sobre la libertad de expresión en la Argentina.
Mientras él daba vueltas en su cama, su casilla de correo se llenaba de mensajes de periodistas argentinos pidiendo una entrevista o, al menos, una breve declaración. Lo mismo le sucedía a los otros 4 estudiantes, la mayoría argentinos, que con sus preguntas buscaron desafiar a la presidenta argentina durante la conferencia que dio en la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard. Pero ninguno de ellos respondió a estos pedidos. “La mayor preocupación de los estudiantes era que algo le fuera a pasar a su familia que estaba en la Argentina. A mí no me daba miedo, pero preferí tener cuidado, por pedido de mis padres”, cuenta el argentino Jorge Mazal (38), quien hace poco más de 10 años participó de aquella conferencia, mientras cursaba una maestría en Administración Pública.

En los días siguientes, los hashtags “La Matanza” y “Harvard” fueron trending topics de Twitter. El revuelo generado por la visita de Cristina Kirchner a la universidad estadounidense fue doble. Por un lado, sorprendió el hecho de que estudiantes pudieran hacerle preguntas, en una época en que la mandataria se comunicaba con el país principalmente mediante cadenas nacionales. Por el otro, llamó la atención sus respuestas ante las preguntas de los alumnos. Especialmente, la negación de la existencia de un cepo al dólar, sus dichos sobre su patrimonio personal, sus comparaciones entre la Universidad de Harvard y la de La Matanza y el tono con el que se dirigió a algunos estudiantes, a quienes en ocasiones llamó “chiquito” o “compañerito”.

“Quedamos boquiabiertos”
La visita la coordinó una alumna argentina de Harvard con vínculos con el partido kirchnerista. El evento en sí no era especial: la presencia de personalidades políticas de todo el mundo en Harvard era, y sigue siendo, algo corriente. En los meses anteriores, esta universidad había recibido al menos cinco visitas de presidentes, decenas de ministros y representantes, y funcionarios de más de 15 países. “Antes de que viniera Cristina, pude ver a Dilma Rouseff, a Sebastián Piñera. Por lo general, el tono de las preguntas es siempre igual: muchos estudiantes intentan descolocar con sus preguntas al que está hablando”, explica Mazal.

Sin embargo, la visita de Cristina Kirchner fue diferente a todas las anteriores que él y sus compañeros habían presenciado. “Su reacción fue inesperada. Respondía en un tono combativo. Los otros personajes invitados que vi manejaron las preguntas incómodas de una manera más conciliadora y más positiva”, recuerda el graduado de Harvard, quien actualmente es consultor de empresas.
Mazal era estudiante de la maestría en Administración Pública y tenía 28 años cuando se subió a una tarima del Foro John Kennedy Jr. y le preguntó a su Presidenta: “¿Por qué países como Chile, Brasil, Colombia y Perú pueden crecer y generar desarrollo económico, sin cepo cambiario y sin inflación, y en Argentina no podemos lograr lo mismo?”

“En realidad, el cepo cambiario, es un título mediático”, le respondió enseguida la Presidenta, quien después siguió explicando la razón por la que el gobierno argentino había decidido restringir la compra de dólares para atesoramiento. Y siguió: “Vos sos argentino, estás acá. Problemas de dólares no debés tener. ¿Vos sabés la cantidad de argentinos que ni siquiera podrán llegar a la Universidad de La Matanza? ¿Nunca? A la Universidad de la Matanza….Vos tenés la suerte de poder estar estudiando en Harvard. ¿Te parece que podés hablar de cepo cambiario? ¿No te parece un poco injusto con el resto de los argentinos?”.
Ya con el micrófono apagado, Mazal contestó, aunque casi no se lo escucha en la grabación del evento: “Es una pregunta, no para mí, sino para el resto de los argentinos”. Los presentes en el auditorio sí lo escucharon y algunos aplaudieron, aunque no queda claro hacia quién iban dirigido el apoyo.
Las ovaciones se multiplicaron pocos segundos después, cuando Molina hizo su pregunta: “En vista de los constantes ataques que medios, intelectuales y periodistas específicos, no necesariamente opositores, sino críticos, han recibido durante su gobierno, ¿usted cree que existe la pluralidad de ideas y la libertad de expresión en argentina?”
“Me criticó por estar leyendo la pregunta. Pero estaba muy nervioso, tenía 19 años -comenta hoy Molina, de 29 años, asesor político-. La pregunta no era mía, era de unos amigos argentinos. Y no la tomó muy en serio. En ese momento, la falta de acceso que había a ella y cómo ella hablaba de los medios opositores fueron dos factores que llevaron a mi pregunta”.
Pero, sin dudas, el momento que coronó el evento fue cuando, por segunda vez en la jornada, un estudiante argentino le agradeció irónicamente por tener la “oportunidad única” de poder hacerle preguntas. Fue a partir de ese comentario que la entonces Presidenta pronunció la frase que se volvió icónica: “Chicos, estamos en Harvard, estamos en Harvard, en Harvard, por favor. Esas cosas son para La Matanza, pero no para Harvard”. Y siguió: “Esta frasecita ‘soy uno de los pocos privilegiados’…mirá, será porque están acá en Harvard y no se enteran. Yo hablo con millones de argentinos en los 20.000 actos a los que voy. Hablo con periodistas en Formosa, en Córdoba, donde me encuentran. Yo no sé de donde han sacado esto de que no hablo, de que parezco muda, no es así”.

El estudiante que hizo el comentario fue el pampeano Juan Ignacio Maquieyra, que anteriormente había trabajado en el Gobierno de la Ciudad. Varios días después de la audiencia, publicó un artículo en La Nación titulado “Las preguntas que no tuvieron respuesta”.
La réplica de la Presidenta a este alumno generó conflictos, incluso, dentro del oficialismo, y hasta falsas acusaciones hacia los alumnos. “Me siento muy dolido. Fue una frase desafortunada, no le encuentro otra explicación”, dijo el rector de la Universidad de La Matanza, Daniel Martínez, al día siguiente, en conversación con Radio Mitre. En seguida, Luis D’Elía, oriundo de La Matanza, apuntó contra Martínez: “Debería decir que es militante de Pro”. Y luego contra Maquieyra: “Esto de llevar estudiantes truchos es indignante. ¿Qué pasaría si un hijo mío estuviera en Harvard? Me pregunto quién le paga la carrera a este chico”, dijo. Finalmente, D’Elía concluyó: “Me sentí orgulloso de que la Presidenta reivindicara la raigambre popular de los matanceros frente a la tilinguería barata y pavota de las elites de Harvard”.
“La mayoría éramos becados”
La mayoría de los jóvenes extranjeros que estudian carreras de grado o maestrías en Harvard lo hacen gracias a becas o a un plan de financiación que les permite pagar la universidad en los años posteriores a su graduación. Molina, por ejemplo, pudo estudiar Sociología en Harvard gracias a una beca completa que recibió por parte de la universidad. “Vivía en un pueblito rural en Wisconsin desde los 10, estudié en una escuela pública. Y entré a Harvard por el ensayo de admisión que escribí. Desde la universidad, me escribieron una carta a mano respondiéndome”, recuerda el graduado venezolano.

Mazal, oriundo de Escobar, primero obtuvo una beca para hacer su carrera de grado, Administración de Empresas, en la Brigham Young University (BYU), en Provo, Utah. Una vez graduado, mientras trabajaba en una ONG que ayudaba a inmigrantes latinos a abrir sus propios emprendimientos, fue aceptado en Harvard, donde hizo una maestría. “Tuve una mezcla de beca y préstamo del gobierno de Estados Unidos. Se devuelve en 15 años, pero, por suerte, lo pude pagar antes. Acá hay un muy buen sistema de préstamos para residentes y ciudadanos”, explica el magíster en Administración Pública, que actualmente trabaja freelance como asesor de empresas.
Mazal creyó que iba a poder conocer y hablar a Cristina Kirchner después del evento, en una recepción que la universidad organizó para ella y para la veintena de estudiantes argentinos. Pero no fue así. “Nos dijeron que Cristina iba a venir para conocernos personalmente, pero se ve que al final decidió no ir. Así que los estudiantes estuvimos ahí, hablando entre nosotros, esperándola. Entre los argentinos había discusión, porque había gente de todo el espectro político. Obviamente, la opinión sobre la conferencia era distinta dependiendo de la posicion política de cada uno, pero todos coincidimos en que el evento no salió bien”, recuerda.
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