
Ese agujero negro en el que caemos sin remedio
1 minuto de lectura'
Pasé enero con mi familia en quinta con pileta, parrilla y paz en la provincia de Buenos Aires pero, como soy un "bicho de departamento", para muchos aspectos cotidianos dependí del casero, un hombre joven y muy tranquilo, quien con su aplomado carácter me hacía dar cuenta, por contraste, lo acelerado y ansioso que soy. Una mañana le pedí por Whatsapp ayuda y me respondió que en diez minutos venía a darme una mano. Pero pasó casi una hora y cuando llegó me dijo algo avergonzado: "Me puse a ver Instagram y caí en un agujero negro". Secretamente sonreí: después de todo él, tan sereno y poco citadino, tampoco era inmune a aquello que a mí también me afectaba.
Supongo que "el agujero negro de Instagram" al que se refería era el del tiempo: perdemos muchísimos minutos, incluso horas, inmersos en posteos e historias y a veces terminamos algo frustrados y amargados. No es enteramente nuestra culpa: las redes sociales van cambiando su diseño para que sean cada vez más atractivas y fáciles de usar. Su modelo de negocios es la publicidad que nos muestran junto con el contenido genuinamente creado por otros usuarios, así que las empresas necesitan que pasemos mucho tiempo en ellas. Diseños como el "scroll infinito", los videos que arrancan sin que le pongamos play o las sugerencias de nuevos usuarios sin que las pidamos son algunas de las novedades que se fueron sumando en los últimos meses y que hacen cada vez más difícil que nos despeguemos de la pantalla de nuestros teléfonos. Si sentimos culpa porque pasamos demasiado tiempo en redes sociales no es enteramente nuestra culpa.
La decisión de la empresa Facebook de dotar a los usuarios de herramientas para administrar su tiempo y su experiencia en Instagram es un paso firme hacia una meta deseable por todos pero aún lejana, una mejor calidad de vida junto con nuestros smartphones. Hoy es fácil conocer cuánto tiempo pasamos viendo stories, por ejemplo, y ese dato objetivo es central para evaluar si nuestros hábitos digitales no se nos están yendo de las manos. La progresiva eliminación del conteo de likes puede evitar la ansiedad y la competencia.
Desde hace tres años con un grupo de filósofos y filósofas argentinos estudiamos y discutimos estas cuestiones pensando, por ejemplo, en las implicancias éticas del diseño o en la libertad en entornos digitales. Con inocencia solemos creer que la tecnología no es "ni buena ni mala" sino que depende del uso que le hagamos. Esto es un gran error: una app o un dispositivo diseñado para sacar provecho de nuestras tendencias hacia conductas adictivas es responsabilidad de todos los involucrados en su creación.
Sin embargo, y a pesar de que paso mucho tiempo leyendo y escribiendo sobre estos temas, muchas veces me encuentro cayendo en el agujero negro de esas stories de mis amigos y mis influencers favoritos.
El autor es Doctor en Filosofía y periodista. Integrante de GIFT (Grupo de Investigación de Inteligencia Arti?cial, Filosofía y Tecnología)






