
Estaciones de trenes Patrimonio nacional
Son parte de la historia de la ciudad y por ellas caminamos a diario, sin ver -muchas veces- las maravillas que esconden en cada uno de sus pliegues. Las de Buenos Aires son la evidencia de cien años de civilización ferroviaria y constituyen paisajes urbanos definitivos y entrañables. Por su ubicación, son una brújula orientada hacia los tres puntos cardinales por donde se extiende la Argentina: Sur, Norte y Oeste. Respetar su identidad es un compromiso con el futuro
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Retiro
Para los especialistas, la terminal Retiro del Ferrocarril Central Argentino, luego Bartolomé Mitre, representa el apogeo de un estilo y constituye la culminación de la experiencia inglesa en el diseño de las grandes estaciones. El despliegue espacial y la majestuosidad de su gran nave central evocan ejemplos notables de grandes estaciones como la Grand Central de Nueva York, o las de Filadelfia y Washington. Elementos atractivos de su diseño son las columnatas que recuerdan las del Hotel Picadilly o la disposición de las fachadas en Regent Street, de Londres.
Por todos estos motivos ha sido considerada entre las obras que con mayor justeza interpretan la arquitectura eduardiana. El proyecto original (1910-1915) fue de Lauriston Conder, Sydney Follett, A. Hume, Scott y Hume e incluía la construcción de tres naves metálicas y el complemento de los edificios hacia la esquina -coronada por un torreón- a lo largo de la Avenida del Libertador.
Completa este conjunto monumental la Estación Retiro del Ferrocarril Central Córdoba (luego Belgrano), diseñada en 1912 por el francés Faure Dujarric y el británico Robert Prentice. Refleja el acercamiento de dos estilos, el inglés y el francés, que convivieron armoniosamente durante el reinado de Eduardo VII.
Por último, la Estación del Ferrocarril San Martín es una estructura única en nuestro país, realizada en madera y metal. Las tres estaciones, la Torre de los Ingleses y la vecindad con la frondosa arboleda de la plaza San Martín forman un conjunto que merece ser preservado.
Once
Allí, en pleno corazón de uno de los barrios más populosos de la ciudad, funde sus raíces el Ferrocarril del Oeste, la primera línea de la Argentina que partía desde la actual plaza Lavalle. El edificio definitivo de la Estación Once comenzó a construirse luego de concretado el traspaso de manos inglesas, a fines del siglo pasado.
Gran parte de su encanto radica en la sucesión de estilos que fueron marcando la edificación en etapas, sin que se perdiera la armonía del conjunto estilístico. El frente principal sobre la avenida Pueyrredón, concebido por el arquitecto francés John Doyer, conforma una visión ecléctica del victoriano tardío, que integra el lenguaje formal del palacio central con su majestuosa escalinata, y las naves luminosas trazadas en diferentes plantas. Los patios interiores con claraboyas recuerdan algunos tramos de las remozadas Galerías Pacífico y constituyen ejemplos destacados, al igual que las cerámicas en perfecto estado. En el otro extremo de la cuerda, una pérdida traumática fue la desaparición de la nave metálica que cubría los andenes, demolida en los años setenta. El reemplazo por estructuras de baja calidad y dudoso gusto reiteran un mal endémico en la ciudad: confundir nuevo con bueno.
Lacroze
Símbolo emblemático de la arquitectura de hormigón armado de cuño francés con influencia art déco, el edificio cumple con una de las premisas básicas de culquier proyecto arquitectónico: respetar el entorno, que en este caso está signado por el pórtico monumental del Cementerio de la Chacarita. Construido entre 1951 y 1957, según los planos del arquitecto Santiago Mayaud-Maisonneuve y de su hijo el ingeniero Carlos Mayud-Maisonneuve, la estación Federico Lacroze continúa con "la civilizacion ferroviaria" después de la estatización de los ferrocarriles en 1948.
Las columnas del frente dialogan con el peristilo de acceso al cementerio, respetando además su valor estratégico en el inicio de la avenida Federico Lacroze. Con el edificio del Ministerio de Obras Públicas -amenazado por mudanzas en más de una oportunidad-, que se levanta en plena avenida 9 de Julio la estación ilustra acerca del desarrollo en nuestro medio de finos ejemplos de la arquitectura racionalista que floreció a fines de los años treinta hasta mediados de los cincuenta. En esa misma dirección se inscribe el imponente edificio de la Facultad de Medicina, sobre la calle Paraguay, y los hospitales Fernández, Churruca y Militar.
Constitución
Un caso curioso y recomendado como pieza de estudio por arquitectos y especialistas es el de la Estación Constitución del Ferrocarril Sud, reedificada cuatro veces desde que comenzó a operar en 1864. Sus dimensiones dan cuenta cabal de cuál era la más importante red ferroviaria de capital británico en nuestro país. Hacia el Sur, el tren extendió la civilización hasta límites impensados y en su traza definió el modelo de país agroexportador, que conoció su época de gloria entre 1880 y 1930. Constitución refleja en sus sucesivas etapas el desarrollo de la arquitectura británica durante cinco décadas. A comienzos del siglo XX, la ampliación y remodelación de la estación devolvieron una imagen afrancesada y palaciega, según el gusto dominante inspirado en la Ecole de Beaux Arts, que influyó de manera decisiva en las primeras generaciones de arquitectos argentinos y en buena parte del perfil urbano de la ciudad.
La reedificación de la Estación Constitución IV , entre 1925 y 1932, es fiel exponente de la grandiosidad del período eduardiano. Los interiores de las oficinas y del restaurante se encuadran dentro del estilo regency, tan vigente en esos años. Lamentablemente, el tiempo y la falta de conciencia de su valor han opacado el brillo original.
Patrimonio de todos
Un lento pero sistemático trabajo, encarado en muchos casos por particulares y sin intervención de la gestión pública, ha permitido recuperar buena parte de las fachadas de edificios de calidad ubicados en zonas de alta visibilidad como, por ejemplo, la avenida Santa Fe. Esa conciencia patrimonial, acelerada por una tendencia que es moneda corriente en el mundo entero -van como ejemplo Budapest, Praga y Berlín Oriental-, ha modificado la conducta del público en general y de las autoridades en especial respecto de los bienes del pasado. La palabra patrimonio ha dejado de ser transitada sólo por especialistas. De hecho, temas como el futuro de Villa Ocampo o la autoría de los murales del Bingo de Avellaneda encuentran eco en todos los públicos.
Las estaciones de trenes son en sí mismas y como conjunto imponentes expresiones de la civilización ferroviaria en la Argentina, y de una red que por su extensión alcanzó el quinto puesto en el mundo. Especialistas como la norteamericana Ronda Wist -que asesoró al alcalde Rudolph Giuliani en la revalorización del patrimonio de Manhattan- o David Watkin, de la Universidad de Cambridge, coinciden en la sorpresa y admiración que despiertan estos edificios únicos. Su adecuada restauración sería un argumento poderoso para el reconocimiento internacional de una ciudad que es considerada destino de excelencia en América latina.
Poner en valor este conjunto es hoy más que nunca una cuestión de todos. Desde hace pocos días, la Secretaría del Cultura del Gobierno de la Ciudad distribuye una ficha técnica en la que los ciudadanos pueden elegir el edificio que consideren con mayores argumentos para ser preservado. También se puede votar vía e-mail a cultura@buenosaires.gov.ar , y en los Centros de Participación y Gestión, y en la Casa de la Cultura, Avenida de Mayo 575.
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