La realización frecuente de este tipo de exámenes puede traer compromisos para la salud. Conocé cuáles son los más complejos y qué alternativas existen para evitarlos.
La realización frecuente de este tipo de exámenes puede traer compromisos para la salud. Conocé cuáles son los más complejos y qué alternativas existen para evitarlos.
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16 de septiembre de 2019  • 11:46

Los exámenes radiológicos brindan información valiosa sobre la salud y ayudan al médico a llegar a un diagnóstico preciso. Ricardo Kirchuk (M.N 57.991), médico oncólogo y referente de oncología de la Gerencia Médica de Gestión de OSDE, nos cuenta cuáles son los estudios que puede traer más riesgos y qué opciones existen para disminuir el impacto.

Para tener una referencia, la exposición de un paciente adulto a la radiación proveniente de una radiografía de tórax es equivalente a la que estamos expuestos en nuestro entorno natural durante 10 días.

Cuáles son los riesgos

Un rad es la unidad de la dosis de radiación absorbida por el cuerpo. Estos estudios se suelen realizar para detectar en forma temprana ciertos tipos de cáncer (de mama, de cuello uterino, de próstata o de pulmón) y como exámenes complementarios para diagnosticar otras patologías. Sin embargo, no son necesarios en todos los pacientes. "Cuando los estudios radiológicos son inevitables y a su vez sabemos que aumentan el riesgo de que aparezcan segundos tumores, lo que se hace es realizar la mitad de la dosis. Por ejemplo, en una persona con cáncer de pulmón, se utiliza la mitad de la dosis de rayos para hacer el screening", nos contó Ricardo Kirchuk.

  • Son dosis inocuas en los siguientes casos:

- Una radiografía de tórax genera 1 rad.

- Una mamografía genera 0,1 rad.

  • Son de riesgo, en cambio:

- Una tomografía axial computada (TAC) emite 400 rads, es decir, equivale a 400 radiografías.

Cuál es la frecuencia ideal

Si bien existe una elevada demanda de este tipo de prácticas, por seguridad médica, en algunos casos, no son necesarias y muchas veces pueden derivar en otros exámenes que no conducen a nada. Por eso, los pacientes deben ser expuestos lo menos posible ya que la radiación excesiva tiene incidencia en la producción de cáncer. "La realidad es que hay uso indiscriminado de estos screenings, ya que los médicos ejercemos una medicina defensiva, entonces a veces se hacen estudios que no son necesarios", agrega Kirchuk.

Lo ideal es llevar un registro de los exámenes radiológicos a los que se sometió cada paciente, ya que esto puede ayudar al médico a tomar una decisión acertada sobre si es conveniente o no efectuarlos. Además, si se trata de un estudio de contraste, es fundamental conocer si la persona es alérgica a los materiales que se utilizan.

Quiénes no pueden exponerse

  • Embarazadas: no conviene realizar este tipo de estudios ya que, si la gestación es muy incipiente, la radiación puede producir malformaciones.
  • Pacientes que hayan sufrido una neoplasia: a menos que sea por una indicación médica estricta. En algunos países, se comenzó a evaluar qué efectos tenían las TAC en el organismo al realizar un seguimiento de tumores y tipos de cáncer curables como el testicular. En muchos casos, el resultado fue la aparición de leucemias o linfomas.

Cuáles son las alternativas

Aunque no son aplicables en todas las ocasiones ni pacientes, no emiten rayos y son una opción a evaluar:

  • La ecografía: utiliza ondas de ultrasonidos. Hoy en día es imprescindible en el diagnóstico del cáncer de páncreas, de vesícula y vías biliares, y de enfermedades hepáticas como la hepatitis, los adenomas y la pancreatitis.
  • Resonancia magnética nuclear (RMN): produce las imágenes mediante un poderoso campo magnético y permite conocer si se presenta alguna lesión o enfermedad en los órganos y los tejidos de diferentes partes del cuerpo.

Derribando mitos: ¿son las mamografías peligrosas?

Más allá de la incomodidad que genera la práctica del estudio, las mujeres le tienen temor a la mamografía anual. "En algunos países se decidió no hacerlo anualmente sino cada dos años o, como en el caso de Gran Bretaña, que lo hacen cada 3 años. Acá en Argentina sigue siendo anual. Pero el Instituto Nacional del Cáncer sugiere que se haga cada dos años en mujeres que no tienen riesgos. En nuestro país, el estudio mamográfico se realiza con equipos -que ya están disponibles en todo el país-, los cuales utilizan una cantidad mínima de radiación: 0.1 rad. Por lo tanto, la chance que aparezca un tumor por los estudios mamográficos es casi nula", aclara Kirchuk.

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